El Comercio

Un Osoro «cercano y muy emocionado» recibe a los peregrinos asturianos

Si hay una virtud que define e Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Oviedo entre 2002 y 2009 y ya cardenal de la Iglesia católica, es «la cercanía», dicen quienes lo conocen bien. La misma que ayer demostró a la hora de reunirse, «cálido y muy emocionado», con los asturianos que viajaron al Vaticano para acompañarle en uno de los días más importantes de su vida: su ascenso a la púrpura. Sacerdotes y laicos conservan «un gran recuerdo» del paso del purpurado por la Diócesis de Oviedo, «donde ha dejado grandes amistades» como la del párroco de la ovetense Basílica de San Juan, Javier Suárez, que bromeaba sobre sus próximos pasos en el seno de la curia romana: «Aunque sea difícil, quizá tengamos un próximo Papa casi asturiano».

Suárez estuvo presente por la mañana en un Consistorio «austero, pero emocionante» en el que el Papa Francisco le hizo entrega de la birreta y el anillo cardenalicios, como también estuvieron arropándole el párroco avilesino de Santo Tomás de Carterbury, José Antonio González Montoto, el de la ovetense iglesia de San Francisco de Asís, Fernando Llenín, o el rector de la gijonesa Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, Víctor Manuel Cedrón.

También tuvieron oportunidad de felicitar a Osoro el que fuera secretario general de la Conferencia Episcopal Española, el sierense Juan Antonio Martínez Camino, o varios amigos personales como el catedrático Santos González o el delegado del Gobierno en Asturias, Gabino de Lorenzo, que acudió acompañado por sus nietos, bautizados en su día por el nuevo cardenal.