El Comercio

El padre Ángel, a las puertas del primer Robin Hood.
El padre Ángel, a las puertas del primer Robin Hood. / IÑAKI MARTÍNEZ

«Ayudar debe ser parte de la cultura»

  • «Por la mañana irán a comer los ricos, que abonarán algo más para los que no tienen recursos»

La actividad en la iglesia de San Antón es incesante. «Cada día recibimos a más de 1.000 personas. La afluencia es continua», cuenta el Padre Ángel (La Rebollada, Mieres, 1937) antes de que se le corte la voz. Ahí, en pleno corazón de Madrid, la fotografía urbana es chocante porque en la misma calle que da cobijo a decenas de comercios pujantes en los que los consumistas en los que nos hemos convertido calmamos la ansiedad tirando de tarjeta, centenares de personas esperan a que les llegue el turno y poder comer.

«La dignidad es lo último que se debe perder», asegura el sacerdote y presidente de la ONG Mensajeros de la Paz, que dedica su vida a evitar que alguien llegue a ese punto. Por eso en su iglesia se sirven comidas y café caliente, hay wifi y pantallas de televisión y también por eso el Padre Ángel se recorre el mundo –el pasado miércoles cogió un vuelo con destino a Perú– pensando en ayudar a cuantos lo necesitan.

Su nuevo proyecto consiste en abrir una cadena de restaurantes, para cuyo nombre coge prestado el del defensor de los pobres por excelencia, Robin Hood. La única diferencia entre el asturiano y el inglés es que mientras el segundo es leyenda, el asturiano es real. El primer mesón empezará a recibir comensales mañana, martes, en el distrito madrileño de Chamberí. En Navidad se abrirán dos en Asturias: uno en Oviedo, en un hotel a cuatro kilómetros en la carretera que lleva a la villa de Jovellanos, y otro, en el centro de Gijón. La suma de locales aumentará con los dos que se abrirán en Ciudad Real y Toledo.

¿Por qué entre tantas opciones de ayuda ha elegido abrir restaurantes?

–Porque si de pasar a repartir bocadillos en una fila a hacerlo en un comedor social es un cambio importante, ya no le digo nada de poder servir en un restaurante con manteles, servilletas y con toda la dignidad. Esta idea aporta eso, dignidad.

En Robin Hood servirán menús y platos como en cualquier restaurante al uso y abrirán todos los días de la semana. «Por la mañana y a mediodía comen los ricos entre comillas, los que pueden pagar, que abonarán algo más para adelantar el pago de los que no tienen recursos económicos que irán a cenar», explica el Padre Ángel, y especifica que «el precio de los platos será normal, según estipula el mercado y que una vez al mes irá a cocinar un chef reconocido». No quiere adelantar acontecimientos por lo que no dice nombres. Solo trata lo que tiene seguro: que sirviendo habrá camareros y voluntarios y que los suministros serán cedidos por Cáritas y servicios sociales.

Ayudar es la consigna favorita de este párroco nacido en plena Guerra Civil, que siempre está pensando en nuevas formas de hacer más fácil la vida de los demás. Algo que no gusta a todos.

Por sus actos hay quien le considera alguien incómodo...

–No leo esos comentarios y cuando me entero, llamo a la persona que los hace para tomar un café y que me explique en qué he errado o en qué le he ofendido para pedirle perdón si tiene razón o, si pasa lo contrario, preguntarle por qué me hiere.

¿Y aceptan la invitación?

–Sí. Solo ha pasado así dos veces.

¿Quiénes fueron?

–No lo puedo decir. Son personas que discrepan igual que yo, pero de las que difiero porque a mí no se me ocurre decir que son unos golfos...

Hay también quien le critica porque ayuda a los pobres siendo muy ‘amigo’ de los ricos. ¿Qué dice?

–En la Iglesia pueden entrar todos: los guapos, los feos, los ricos, los pobres... Yo estoy con los que más lo necesitan, pero también me tengo que mover para pedir a quienes pueden dar.

¿Actúa por bondad o rebeldía?

–Por tener los pies en la tierra, es algo que sale de dentro. Si tuviera que elegir diría que por bondad porque prefiero seguir pidiendo perdón que permiso. Los que hacemos cosas somos los que nos podemos equivocar.

«En España se ayuda cada vez más», asegura. Y entiende a quienes dicen que la crisis ya va quedando atrás. «Pero aunque algunos vayan levantando la cabeza, los que siempre han estado en crisis, siguen pasándolo mal. Lo veo cada día en San Antón», cuenta mientras al fondo se oye el trajín de la iglesia.

Hay mucha desconfianza, muchos que no donan porque dicen que no se fían de que su ayuda llegue al destino.

–Eso lo dicen los que no ayudan.

¿Los más ricos son los que más deberían ayudar?

–No necesariamente. Ahora muchas empresas colaboran en proyectos o ayudan a través de fundaciones. Y hay muchos eventos solidarios, partidos de fútbol, por ejemplo. Ayudar debe ser parte de la cultura, y la empieza a haber. Pienso como Cantinflas, que no quería que se acabaran los ricos, sino que se acabaran los pobres.

¿El mundo es justo?

–La situación está mucho mejor que hace 200 años.

La agenda del Padre Ángel no descansa. Si estos días ha estado en Perú, hace una semana estuvo en el Colegio Español de Roma, donde Carlos Osoro celebró su primera misa como cardenal. Reuniones que aprovecha para tratar los pasos que da la Iglesia. El último, la autorización del Papa para que los sacerdotes puedan absolver indefinidamente del pecado del aborto. Noticia que el Padre Ángel recibió como «una alegría y una gozada» porque «demuestra que Dios nos perdona siempre», dice, y pone un ejemplo práctico: «Si se perdona a la gente que roba o miente y la corrupción política, por qué no se iba a poder perdonar a las personas que abortan, mas cuando hay tantos casos en los que no les quedaba otra opción...». No duda que este es un tema delicado de tratar y quiere dejar claro que «que se perdone el aborto no quiere decir que se esté a favor de él, que enseguida se trata de buscarle las cosquillas al Papa.

¿Qué opina de lo que cuesta a los políticos hablar de cuestiones básicas como la ley de dependencia?

–Hace falta voluntad política para todo. Que hagan lo que dicen. Basta de buscar tantos problemas. Y basta también de corrupción.

Entre tanto viaje y tanta inauguración, el Padre Ángel apenas tiene tiempo para descansar. Ni quiere hacerlo, aunque el próximo mes de marzo sople las 80 velas de su tarta de cumpleaños. Estos últimos días ha estado trabajando con Víctor Márquez Pailos, quien se desplazó a la iglesia de San Antón para colaborar en la labor, que debido a la proximidad con el primer restaurante Robin Hood, pasará ahora a servir solo desayunos. Las largas colas, ahora que el invierno se empieza a cebar en la capital, no cesarán. Pero el Padre Ángel seguirá luchando para que, al menos, sí vayan decreciendo.