La periodista gijonesa María Fernández-Miranda.
La periodista gijonesa María Fernández-Miranda. / E. C.

La rebelión de las no madres

  • Tras someterse a siete fecundaciones in vitro sin éxito, la periodista gijonesa María Fernández-Miranda defiende que «sin hijos también se puede ser feliz» en un libro. Y, junto a ella, Maribel Verdú, Alaska o Rosa Montero

El año que se casó «contra todo pronóstico», a punto de cumplir los 36, la periodista gijonesa María Fernández-Miranda (1975) escuchó de boca de su madre: «Voy a rezarle a San Antonio para que tengas un bebé». Y, sin un ápice de ironía, esta profesional que ha trabajado en las revistas 'Marie Claire, 'Yo Dona', 'Elle' y que ahora es subdirectora de 'Cosmopolitan', le respondió riendo: «Anda, mamá, ¡mejor pídele que publique un libro, que me haría más ilusión!». El deseo de su madre nunca se cumplió. El suyo sí, porque el próximo 6 de abril Fernández-Miranda publica 'No madres', un libro en el que cuenta una historia que también es la de muchas mujeres. «Un matrimonio feliz, un buen trabajo, una vida plena... hasta que, cumplidos los treinta, las preguntas sobre su no maternidad se vuelven constantes». En el caso de la gijonesa, «el tan temido reloj biológico» no se había activado, pero unas pruebas ginecológicas revelaron que padecía endometriosis, una enfermedad que complicaba lo de quedarse embarazada.

Así comenzó «una sucesión de procesos de fecundación fallidos que la llevan a reflexionar sobre el lugar central que ocupa la maternidad en la vida de toda mujer», sobre cómo ve la sociedad a las que no tienen hijos porque no quieren o no pueden y sobre cómo lidia con sus propios sentimientos al respecto. Sin tapujos. A corazón abierto. En total, fueron siete fecundaciones in vitro que consumieron cuatro años de su vida. «Siete veces en las que me vi a mi misma tumbada en una camilla, camino del quirófano, para que un médico pinchase mis ovarios con el objetivo de extraer óvulos que más tarde se fecundarían (o no) en un laboratorio», relata.

Y, en su testimonio autobiográfico, Fernández-Miranda se pregunta por qué se sometió a ellas si la maternidad no era la meta de su vida, si nunca había sentido eso que llaman 'instinto maternal'. Y concluye que hay varias respuestas. Entre ellas, «la influencia del entorno»: «Las personas (sobre todo las mujeres, y ojalá no tuviera que subrayar que ellas son las peores a la hora de meter el dedo en la llaga) que te preguntan abiertamente 'por qué no has sido madre aún', o las que te insinúan que 'tú todavía no estás completa', o las que te advierten que 'no sabes lo que te estás perdiendo', o las que te miran compasivas y te dejan caer que 'tranquila, ya llegará... ¡cuando te relajes!».

También «están la televisión y las revistas, que muestran con cierta periodicidad a la famosa de turno embarazada después de los 40». Y el lenguaje: «A la mujer que tiene descendencia se la llama madre; a la que no está emparejada, soltera; a la que ha perdido a su pareja, viuda. Las que no tenemos hijos carecemos de un nombre propio, así que, en vez de definirnos como lo que somos, debemos hacerlo desde lo que no somos: no madres».

Por todos esos motivos, además de un libro valiente, 'No madres' quiere ser una reivindicación de que, «junto a tantas supermadres, también hay mujeres que no quieren tener hijos y que no pueden tener hijos. Cada vez más».

«Yo he pertenecido a ambos bandos. Y en mi proceso personal de aceptación solo me ha ayudado una cosa: escuchar a las que se encuentran en mi mismo barco, a las que por distintas razones no han podido o no han querido tener descendencia. Lo que pasa es que me ha costado encontrarlas, porque casi todas están calladas. ¿Acaso no ha llegado la hora de que nosotras también expresemos cómo nos sentimos?», se pregunta María Fernández-Miranda, Y, por eso, su libro se subtitula 'Mujeres sin hijos contra los tópicos' y se ha convertido en una historia coral en el que han participado Maribel Verdú, Mamen Mendizábal, Rosa Montero, Alaska o Inka Martí, mujeres sin hijos que prestan su voz a la autora para pedir no ser juzgadas. «Me declaro en rebeldía ante toda esa gente que te marca el camino que debes seguir. En el tema de las mujeres y los hijos hay muchísimo machismo, indiscreción y osadía. Estoy harta de preguntas impertinentes y de prejuicios», señala, por ejemplo, la periodista Mamen Mendizábal.

Pero no solo caras conocidas respaldan este mensaje. También mujeres de a pie como Xana Villa, una experta en Ciencias Ambientales que este año estrena la cuarentena y que, a pesar de que le encantan los niños, cita tres razones que le han llevado a no tenerlos: «Primero, la superpoblación. Segundo, el elevado nivel de consumo de recursos materiales y energéticos de mi grupo socio-económico, lo que implica que traer una criatura al mundo provocaría todavía más impacto ambiental que la media de la población. Y tercero, que, existencialmente, recuerdo algunos momentos de mi adolescencia que me hacen pensar que no tenemos derecho a crear nueva vida».

A diferencia de a ella, a la langreana Bárbara Siciliano, estudiante del ciclo de Promoción de Igualdad de Género en Cerdeño, 22 años, no le gustan «los críos más que para un momento. Luego, me cansan. Y, sin embargo, a diferencia de los hombres, las mujeres sufrimos una enorme presión desde que somos jóvenes», denuncia.

Una presión que también ha sentido muchas veces en carne propia a sus 37 la bióloga Violeta Arbesú, empleada en una gran superficie sierense y que le gustan «siempre que sean de otros». «Presión de mis güelas, de mis tíos... Aunque siempre he tenido claro que mi vida es mía, que se trata de una lección personal de cada una y que no está escrito en ninguna parte que por ser mujer haya que ser madre, sí es verdad que a veces te cansa. Tanto, que he llegado a decir que no podía tenerlos para que me dejasen en paz».

Y, al igual que María Fernández-Miranda, Arbesú asegura que «sin hijos también se puede ser feliz»: «Yo, de hecho, estoy muy contenta con mi vida y defiendo que cada una sea lo que quiera ser».

Como Lucía Menéndez, 26 años, ovetense, vendedora de la ONCE: «Los niños nunca me han llamado la atención. Esperaba que, con el paso del tiempo, se me despertase el 'instinto maternal', pero nada». Y va más allá: «Los hijos simbolizan histeria y preocupación, así que, si puedes evitar tenernos, evítalo. Porque, además, aunque tengan 60 años, siempre vas a estar preocupada por ellos». Aunque ella cuenta con el apoyo familiar: «De hecho, mi madre me dice que viaje, que disfrute de mi pareja y que, si ella pudiera volver atrás, no hubiese parido». Y de su chico: «Él espera que algún día cambie de opinión, pero, sobre todo, quiere que sea feliz».