¿Cómo nos afecta la primavera?

  • Hoy entra una de las estaciones que más condiciona nuestros hábitos, el estado de ánimo e incluso nuestra salud. Y, mientras que a unos el aumento de las horas de luz les hace estar más activos y felices, a otros les da por estornudar o se sienten cansados, tristes y apáticos. La culpa la tienen el sol y un cóctel de hormonas explosivo

Quedan muy pocas horas para dar la bienvenida a la primavera de este 2017. Concretamente, llegará a las 10.28 UTC de mañana. Es decir: a las 11.28 hora peninsular, a las 10.28 en Canarias. Y solo seis días después, el domingo 26, cambiaremos del horario de invierno al de verano, cuando a las dos de la madrugada los relojes se adelantarán una hora y serán las tres.

Es ese de los momentos más esperados del año para muchos, el que hace que empiecen a atisbar el verano en el horizonte a pesar de que ya llevamos un tiempo notando el cambio estacional con subidas de temperaturas inusuales que han llevado a algunos a estrenar temporada playera en El Tostaderu o con la prolongación de los días que llena calles y terrazas.

Llega la primavera. Esa que, según el refranero, la sangre altera. Y lo cierto es que no se equivoca en que revoluciona cuerpo y mente, porque, según los especialistas, estamos antes el periodo del año que más condiciona nuestros hábitos y nuestros estados de ánimo, incluso nuestra salud. Una sabiduría popular que, además, tiene base científica.

La explicación a tanta alteración es química pura y dura, porque el buen tiempo favorece la liberación de hormonas tan conocidas como la oxitocina (también conocida como hormona del amor), la dopamina (la hormona del placer y la motivación), la serotonina (del estado de ánimo), la noradrealina (que alivia el estrés) o las feromonas (las hormonas de la atracción). Y ese cóctel tan poderoso influye en que nuestro estado de ánimo sea más positivo que durante los días grises del invierto y, de paso, contribuye a que sintamos un mayor deseo sexual, algo a lo que también ayudan hechos como que pasemos más tiempo fuera de casa o que llevemos un vestuario más ligero. Adiós jerseys, guantes y bufandas. Hola a la piel al aire.

«La primavera significa más horas de luz y, por lo tanto, movilización de hormonas que favorecen un estado de ánimo positivo. Por ejemplo, en países como Finlandia, que tienen periodos de seis meses sin luz, tiende a haber más casos de depresión e incluso se intenta favorecer un mejor estado de ánimo con luz artificial», explica Antonio Caño, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés. «Pero no todo son cambios hormonales y emocionales, sino también conductuales. Si en vez de 10 grados hay 22, toda la gente estaría en la calle disfrutando de tiempo de ocio», apunta Caño.

Es, por tanto, la combinación entre el astro rey y más tiempo al aire libre la responsable, por ejemplo, de esa mayor actividad sexual, ya que la exposición a la luz también aumenta la secrección de endomorfinas, que alivian el estrés, levantan el ánimo y estimulan la libido. Y, de hecho, la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS) de España asegura que las consultas sexológicas suelen aumentar a partir de la entrada oficial de la primavera en el calendario.

El reloj circadiano

Pero mucho cuidado, porque no a todo el mundo le afecta de igual manera la llegada de esta estación y, junto a los que sienten esta euforia primaveral, también nos encontramos a los que se ven afectados por su cara más negativa, que causa en los que la sufren fatiga, falta de energía o incluso insomnio. Si usted es de estos últimos, malas noticias: padece 'astenia primaveral'.

Darío Fernández Delgado, médico de familia, aclara que no se trata de una enfermedad. «Es una adaptación del cuerpo a los cambios de temperatura y humedad. Este trastorno también ocurre cuando pasamos del verano al otoño, pero entonces se le llama 'depresión postvacacional'. Y la causa puede ser nuestro reloj circadiano, que necesita un tiempo para adaptarse a los cambios de luz».

Esa adaptación «produce síntomas como tristeza, irritabilidad, falta de concentración, menos apetito, menor libido y baja tensión». Pero la buena noticia es que se trata de una situación transitoria, que dura solo un par de semanas y que como llega se va.

Así que el especialista prescribe que no hay que tomar fármacos y que tampoco es necesario visitar al médico. Sin embargo, «si se acompaña de fiebre, pérdida de peso, si aparece sangre en las heces, o si la tristeza persiste, entonces sí hay que acudir a un profesional».

«Será el médico de familia el que decida si el bajón es pasajero o no», aclara el psiquiatra Julio Bobes, que precisa que, «aunque para la mayoría de la gente suele tener un efecto euforizante y está vinculada a dejar de hibernar, la primavera todo lo revitaliza, por lo que también tiende a desestabilizarquienes son más vulnerables. Para entendernos: a las personas que tienen trastornos de tipo depresivo».

La pesadilla de los alérgicos

Estos no son, sin embargo, los únicos inconvenientes de la época que estrenamos, sino que, con la llamada «estación verde», la del primer verdor, la mayoría de la plantas empiezan el proceso de polinización, la Naturaleza estalla en mil colores y las consultas de los alergólogos se colapsan.

«En Asturias, el mayor pico se produce a finales de mayo y principios de junio», explica el gijonés Gaspar Gala, que cuenta que el mayor enemigo de sus pacientes son «los pólenes de gramíneas, las de la hierba» común, una pesadilla para cientos de alérgicos que provoca todo un rosario de crisis: de rinitis, de asma, de conjuntivitis... «Y luego está la contaminación del aire que sufrimos, que contribuye a agravar» los síntomas.

Pero tampoco en esto hay que ser alarmistas, porque, según cuenta Gala, «aunque las alergias son cada vez más frecuentes, el pronóstico es muy favorable y contamos con muy buena medicación para combatirlas».

Mucho ojo con el jardín

Pero que con el equinoccio todo se convierta en una revolución no quiere decir que «podemos empezar a tomar el sol como caballos desbocados», alerta el dermatólogo José Sánchez del Río, que recomienda, «en primer lugar, observar tu fenotipo», y, después, «ir cogiendo color poco a poco para que las propias defensas que va originando nuestro cuerpo nos sirven para evitar dermatosis solares, que pueden ser muy graves».

Además, Sánchez del Río recuerda que, «en primavera, hay más alergias y urticarias y los cuadros de eccemas atópicos, que en Asturias son muy numerosos, suelen empeorar».

Y una de las razones es -explica el profesional- que, «con la llegada del buen tiempo, a la gente le gusta dedicarse más a la jardinería y, en ocasiones, eso produce eccemas tan agudos que pueden llegar a asustar».

Así que la recomendación es también muy clara: «En el jardín, hay que estar siempre muy protegidos con guantes y otros elementos».

Porque, aunque la primavera remite tradicionalmente a ideas del renacimiento, de rejuvenecimiento, de renovación y de crecimiento, de juventud y de estar «en la flor de la vida», eso no significa vía libre para saltarnos las normas que rigen el resto del año: «Como mínimo, factor de protección solar 50 y media hora de exposición directa al día».

La advertencia de los dermatólogos es que, aunque las temperaturas sean inferiores, tomar el sol sin la protección adecuada puede ser tan dañino como hacerlo en verano.

La primavera significa más horas de luz y, por lo tanto, movilización de hormonas que favorecen un estado de ánimo positivo. Pero ojo: también puede agravar los trastornos de tipo depresivo.

El próximo domingo, día 26, seis días después de que llegue la primavera, estrenaremos el horario de verano, cuando a las dos de la madrugada los relojes se adelantarán una hora y serán las tres.

En esta época, hacemos más trabajos de jardinería, por lo que también aumentan los cuadros de eccemas atópicos. Así que la recomendación de los dermatólogos es simple: proteger la piel.

La primavera es una de las peores épocas del año para los alérgicos, ya que, debido al proceso de polinización de las plantas, hay más cantidad de polen en el ambiente.