El Comercio
Roemmers, ayer, en el Reconquista.
Roemmers, ayer, en el Reconquista. / ALEX PIÑA

Multimillonario y poeta

  • Alejandro Guillermo Roemmers, una de las mayores fortunas de Latinoamérica y protagonista ayer de una lectura poética en Oviedo, tuvo una revelación durante un viaje a Bangkok:«El dinero no te hace feliz»

Alejandro Guillermo Roemmers (Buenos Aires, 1958) es multimillonario, sí, pero ese no es un hecho relevante en la biografía de un hombre nacido en el seno de una de las familias más poderosas de Argentina gracias a los negocios de su abuelo -de origen alemán- en la industria farmacéutica, con una niñera de Pola de Siero emigrada que le hablaba de hórreos y vacas, y que pasó en España su adolescencia y primera juventud alternando con don Juan Carlos I, entonces Príncipe («teníamos el mismo profesor de golf en el club Puerta de Hierro»), y estudiando primero en el Colegio Rosales (donde también coincidió con don Felipe) y después Administración de Empresas. Aunque, en realidad, lo que a él le tiraba eran «la filosofía y todo lo que tiene que ver con la metafísica», dejo claro ayer en la lectura de los versos de su libro 'España en mí' en el ovetense Hotel de la Reconquista a beneficio de Manos Unidas tras visitar la biblioteca universitaria. Porque la poesía fue la vía que AGR -el acrónimo con el que se autodenomina- encontró desde niño para seguir viviendo, una fiebre que se tornó virulenta durante un viaje a Bangkok que fue una epifanía: «Me impresionaron mucho las sonrisas de las personas que estaban en la miseria más absoluta y me di cuenta de que el dinero no te hace feliz, de que la felicidad no tiene nada que ver con algo exterior».

Fue entonces cuando el empresario de porte aristocrático y vocación filantrópica que regresa a España dos veces al año (primavera y otoño) a bordo de su jet privado rodeado por un grupo de poetas y editores (hoy parte a hacia Orihuela para rendir tributo a Miguel Hernández), decidió que «la espiritualidad» guiaría su vida, «ese mundo interior que tienes que conquistar para estar en calma contigo mismo y saber para qué vives, cuál es tu razón y tu propósito».

Hace tiempo que AGR encontró los suyos: «Irradiar luz a los demás. Buscar en todas las cosas la belleza, que está muy cerca de la verdad y de la bondad, un camino introspectivo que hice a través de la poesía, que es como mi manera de meditar». Y, por eso, explica este hombre que adora los tigres de Bengala, «poderosos pero no agresivos», y en cuya mansión conviven Vírgenes con obras de arte, se declara «una persona muy feliz desde hace muchos años», pero también admite sin reparos que «antes no era así».

Fue el tiempo en el que este miembro de la lista 'Forbes' estuvo planteándose «ser sacerdote o fraile», antes de descubrir que los votos no eran lo suyo: «Es que me gusta la libertad, el aire libre, vivir muy bien y viajar». Y que la obediencia era incluso «más difícil que la castidad». Algo que no le impidió incursionar en el terreno del musical místico y escribir 'Franciscus. Una razón para vivir', en honor al santo de Asís. Ni mantener varios encuentros con su admirado Papa Francisco. «Me encanta», admite.

Esa «calma absoluta» que siente «en cualquier situación y lugar» le ayuda también en su gestión al frente de los Laboratorios Roemmers, que no le obligan a acudir a diario a la oficina y a los que aplica las enseñanzas que intenta transmitir: «Ser buena persona es el negocio más rentable que hay». O en decisiones como la de no formar una familia: «Tuve una relación y estaba a punto de plantearle matrimonio, pero salí huyendo porque me sentía encerrado. No es lo mío. Yo quiero estar disponible para muchas personas y muchas cosas».

La política tampoco está en su agenda y, en las escasas ocasiones en las que se ha pronunciado, ha dicho que, de este país, le sorprenden los nacionalismos, «movimientos raros de entender, que se oponen al gran regalo que España dio a América Latina al facilitar la comunicación con un mismo idioma». Lejos del mundanal ruido, AGR ya trabaja en «una telenovela espiritual».

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