Arte flamenco en el faro del Cabo Peñas

El bailaor Eduardo Guerrero, baila en el Cabo Peñas. :: FOTOS: TAREK HALABI

Alrededor de 150 espectadores aplauden el talento del bailaor Eduardo Guerrero en un espectáculo mirando al mar

CARLA COALLA

Prometía que su espectáculo no permitiría que nadie quedará indiferente y nos dejó a todos con la boca abierta. En un enclave único, nunca antes visto como escenario en el que producir un espectáculo de estas características, fue en el que desplegó su arte de un Eduardo Guerrero (Cádiz, 1983) completamente entregado a lo que él mismo definió como «todo un sueño hecho realidad». Era la primera parada que hacía la gira 'Faro' y todo estuvo a la altura de lo que se esperaba, con un público entregado que vibró con la música, se emocionó con cada uno de los movimientos y aplaudió las sorpresas que los propios artistas tenían preparadas. El faro del Cabo Peñas brilló como nunca, se vistió de fiesta y regaló una noche mágica. Una carpa, repleta, acogía unas 150 personas, en una noche agradable de verano. Poco a poco fueron llegando al entorno del Cabo Peñas, donde se servía un cóctel previo al espectáculo.

Pasaban ya las diez y cuarto de la noche, cuando se escuchaban los primeros pasos del bailaor flamenco en el escenario. La música corría a cargo de Javier Ibáñez, a la guitarra, y de Manuel Soto y Anabel Rivero, al cante, quienes se encargaron de que cada nota sonora en el momento preciso, ni antes ni después, armonizando una melodía que servía de marco y de guía a cada uno de los pasos de Guerrero, que se cambiaba de vestuario prácticamente para tema que interpretaba. Alegrías de Cádiz, afonsinas, tangos, seguidillas y temas tan conocidos como 'Mediterráneo', de Joan Manuel Serrat, utilizados para acercar al público a una puesta en escena que destila arte, flamenco y talento por los cuatro costados.

Eduardo Guerrero está sublime, se crece a cada segundo y pisa con firmeza y fiereza el escenario, dando muestras de lo orgulloso que está del proyecto y de todo el sentimiento y alma que ha puesto en él, demostrando una vez más que 'Faro' tiene mucho de su persona, tal y como confirmaba a EL COMERCIO en una entrevista concedida hace unos días. El público reicibió también un obsequio de lo más representativo, una botella de vino con la imagen de 'Faro'.

Una noche única en la que no faltaron risas, aplausos y un sinfín de felicitaciones a un bailaor cuya valía estaba más que probada pero que ahora se consagra en tierra astur. Es la visita a Asturias de una gira que ahora continuará por la geografía española para hacer vibrar otros nueve faros del país. Espectacular.

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