Hacen bolsa

La moda transforma la humilde cesta de la compra en objeto de deseo. A 2.300 euros las vende Balenciaga

Es admirable la capacidad de fascinación de la industria del lujo para incitar a los clientes a pagar cifras astronómicas -más de 2.000 euros- por artículos aparentemente básicos y convertir complementos denostados en el 'must have' de la temporada. En objeto de deseo, en definitiva. Hoy por hoy, no hay nada más cotidiano y 'cool' que la bolsa de la compra. Como lo leen. Si quieren presumir de vanguardistas, no lo duden y échense una bolsa del súper al hombro o agárrenla bien de las manos. Inmediatamente, se ganarán la fama de 'trendy', a costa, eso sí, de agujerear su cuenta corriente. Los creadores de tendencias empezaron a frotarse las manos al ver cómo 'celebrities', 'influencers', 'top models' y destacadas editoras de moda acudían a los lugares más 'chic' con bolsas debajo del brazo como si acabasen de salir del supermercado. Las mismas en las que cargamos cebollas, barras de pan, verduras y huevos. Literal.

Demna Gvasalia, el director creativo de Balenciaga y de su marca propia -Vetements-, disfruta de su condición de chico terrible. El modisto georgiano convierte en oro todo lo que toca, aunque sus propuestas sean de difícil comprensión y de muy dudoso gusto estético. Ha impuesto la tendencia del feísmo. Sus camisetas de 1.000 euros y tamaño oversized reproduciendo el logotipo de la firma de mensajería DHL se agotaron en horas. Por lo que se ve, hay mucha gente millonaria encantada de ir por la vida con pintas de operario.

Si aquella jugada le salió redonda, Gvasalia volvió a meter otro gol de antología al rescatar, reinterpretar o simplemente copiar -nadie se pone de acuerdo en la clave de su éxito- la bolsa de plástico de Ikea. Con una diferencia notoria: el precio. Mientras la azul del gigante sueco -llamada Frakta- sigue todavía disponible por 0,50 euros, algunos editores ironizan con que la azul cielo de Balenciaga tiene un coste «algo más elevado». Bastante más, habría que matizar, ya que se dispara hasta los 1.695. Es verdad que las firmas exclusivas recurren al ingenioso recurso del trampantojo y que nada es lo que parece. Lo que a primera vista simula ser una bolsa más es en el fondo un dechado de exquisitez por la calidad de sus materiales. La 'falsa' Ikea está fabricada en cuero e incorpora dos asas para regular su altura.

Para comprar el pan

Lo curioso de Gvasalia es que no ha inventado nada nuevo. En 2007, otro genio de las agujas, Marc Jacobs, se adelantó al tiempo y lanzó para Louis Vuitton unos sacos de cuadros de aire retro inspirados en las famosas bolsas 'tati bags', muy populares en determinados barrios parisinos. El modisto neoyorquino recuperó las bolsas que las abuelas de los años setenta llevaban para comprar el pan. Karl Lagerfeld, el gurú de Chanel, reinventó también las bolsas de papel plastificado, pero ninguno dio con la tecla del éxito como Gvasalia, maestro en el arte de exaltar el lujo con objetos comunes. En su colaboración con Colette, la icónica tienda multimarca de París que acaba de cerrar, ha tomado prestado el estampado de rayas arcoíris de las populares 'sampheng bag', bolsas que los tailandeses utilizan para ir a los mercadillos o meter en ellas la ropa que llevan a las lavanderías. Mientras las originales, de plástico y nilón, valen dos euros, aunque se han encarecido ligeramente desde que han subido a las pasarelas, la versión de lujo, de manufactura italiana y elaborada en piel de cordero, no baja de los 2.300.

Los desorbitados precios han corrido como la pólvora en las redes sociales, donde los internautas han ridiculizado los despropósitos de una industria capaz de transformar lo ordinario en extraordinario. Muchos jóvenes poseedores de las bolsas tradicionales tailandesas presumieron de «tener un Balenciaga» y otros llegaron a mostrar su preocupación acerca de si al viajar fuera de su país podrían ser acusados de lucir un bolso falso. El asunto puede que haga mucha gracia, pero el Departamento de Propiedad Intelectual de Tailandia se lo ha tomado muy en serio. Pese a ser idénticas, ha rechazado que Gvasalia haya plagiado el modelo auténtico. «La bolsa de arcoíris se ha utilizado en Tailandia desde hace mucho tiempo. No es ilegal llevarla a Europa, ya que no es una imitación. Si uno tiene la intención de copiar, el material, modelo, forma y color deben ser los mismos», zanjó Nantawan Sakunkarn, director del departamento.

En cuero de vaca

Visto el negocio, Balenciaga se ha sacado esta temporada otro conejo de la chistera con un bolso que imita las bolsas de papel usadas en sus tiendas. Pese a costar 995 euros -el complemento está elaborado en cuero de vaca-, la compañía agotó en pocos días las existencias. Hasta los editores más reputados se han atrevido a hacer chistes y señalar que los compradores de estas bolsas rezan mientras los dependientes les pasan la tarjeta de crédito para que se confundan y les guarden sus compras en una de piel pensando que es de papel y así puedan tener dos. Su éxito ha sido tal, que ha llevado a Dior y Gucci a repetir experiencias similares. El negocio parece estar claro: la bolsa o la vida.

Tampoco las firmas accesibles quieren quedarse atrás, incluida Zara, que ha puesto a la venta su propio cesto de la compra, el misma que pone a disposición de sus clientes a la entrada de la tiendas para que echen toda la ropa que deseen probarse. Cuesta 9,95 euros y ha sido fabricado con yute y algodón. Ni de lejos le llega a sus rivales, pero demuestra que las bolsas, un accesorio de lo más funcional y olvidado por la moda, se ha convertido en el nuevo 'it bag'.

G aby, Fofó, Miliki y Fofito, los payasos de la tele, marcaron a varias generaciones de niños en los años setenta y ochenta. Era verles y partirse de risa. Inmortalizaron una época con el clásico 'Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón'. Por lo que se ve estos días, medio siglo después, su influencia alcanza al mundo de la moda. La canción en cuestión ha debido de llegar a oídos de algún creador de Zara. Y si no la ha aplicado al pide de la letra, poco le ha faltado, porque las similitudes de un vestido de la compañía gallega Zara con la prenda que lucían los famosos payasos saltan a la vista.

Rojo y largo hasta la rodilla y con ribetes en blanco y negro en el cuello y las mangas, está a la venta por 15,95 euros. En línea con los tiempos que corren, el diseño actual es más entallado que las maxicamisetas y prescinde de la cremallera central original.

El sospechoso parecido no ha pasado desapercibido para algunos de los miembros de la insigne estirpe de los Aragón. La actriz Mónica, hija de Fofito y prima de Emilio Aragón, se ha quedado bien a gusto en las redes sociales. «Muy originales los diseños de Zara, sí, señor», soltó en su cuenta de Twitter. Parece llover sobre mojado, ya que Mónica recordó que no es la primera vez que Inditex busca inspiración en los miembros de su familia. «Hace un par de años en Massimo Dutti...», tuiteó Mónica, en referencia a un vestido muy similar, pero en color azul. Como en cualquier polémica que se precie, los internautas se han dividido. Los hay que hablan de plagio, otros de homenaje y algunos ponen el dedo en la llaga y advierten de que ya vale de explotar el talento ajeno en beneficio propio. Inditex, sin embargo, ha evitado pronunciarse. Hace años decidió retirar una partida de camisetas que llevaban impresas fotografías de conocidas 'bloggers' ante la acusación de plagio en internet.

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