Diana de Gales sigue reinando

Veinte años después de la muerte de la Princesa, Reino Unido revive la conmoción del duelo por quien fue la mujer más famosa del mundo

Diana de Gales sigue reinando
IÑIGO GURRUCHAGA

Una inmensa mayoría de británicos recuerda dónde estaban cuando murió Diana. Dormían mientras los noticieros avanzaban en la madrugada del 31 de agosto de 1997 por el itinerario de los partes oficiales: Diana herida en un accidente de tráfico en París pero se espera una completa recuperación, las lesiones son graves, la princesa de Gales ha muerto. Todo se detuvo un instante en aquel despertar con el fallecimiento de la mujer más famosa del mundo.

En las horas siguientes, el príncipe Carlos y las hermanas de la fallecida fueron a París para repatriar el cadáver, la reina Isabel y su marido consolaron en su mansion de Balmoral a sus nietos, de 15 y 12 años de edad, Tony Blair invistió a Diana con el título de Princesa del Pueblo y su hermano, Charles, señaló desde Ciudad del Cabo a los culpables: los ‘paparazzi’ que la perseguían y los periódicos que compraban sus fotos.

En los días posteriores, miles de británicos se convencieron de que ellos eran los dolientes legítimos y prolongaron el rencor de la princesa hacia la familia real. Un hombre mayor dijo en un programa de radio que había llorado más por la muerte de Diana que por la de su mujer, en abril. Deambularon con flores y llantos entre el palacio de Kensington, donde tenía su apartamento, y el de Buckingham, sede de la monarquía, donde no había nadie. Cada noche la oscuridad cubría aquel vacío sin bombillas. El escenario de aquellos días era propicio. El príncipe Guillermo decía que fueron «afortunados» por que la muerte de su madre llegase cuando estaban en Balmoral, donde sus abuelos y su padre, tras regresar de París, pudieron estar con su hermano Enrique y con él en aquel momento traumático, sin someterse a la curiosidad del público. Sarah, hermana de Diana, decía que la decisión de la Reina de permanecer allí fue lo correcto.

Pero el féretro de la fallecida fue depositado en la capilla del palacio de St. James, la residencia londinense del príncipe de Gales, mientras la familia real estaba en una remota comarca de Escocia. Desde allí dictaba órdenes para el funeral, sin alterar lo que se había hecho siempre tras la muerte de reyes o princesas. La geografía accidental del duelo ahondó la sospecha de indiferencia sentimental contra la que se había rebelado la heroína de la tragedia, Diana.

Sorprendida e inocente ante el interés de los periodistas por ella en sus primeras semanas del noviazgo oficial con Carlos, Diana adquirió la convicción de que podía manipularlo en su favor. Era muy bella y públicamente bondadosa. Era cordial y bromista en el trato con el público. Daba la mano a un infectado por el sida para mostrar que no había riesgo de contagio. Caminaba por pistas africanas con mocasines y un casco de cristal para apelar contra las minas antipersona.

Frente a la fría rigidez de la realeza de rituales, obligaciones de Estado y discreción privada, Diana de Gales quería ser –lo dijo en la televisión– la ‘reina de corazones’.

La masa doliente en aquellos primeros días de septiembre de 1997 era la congregación de corazones sobre los que quiso reinar. Pero su rencor se aplacó y el llanto extendió sus penas con el regreso a Londres de la reina y la reaparición pública de los dos huérfanos. El paso de las horas y el cumplimiento del ciclo natural del duelo rescataron a la monarquía del descrédito que había sufrido en el teatro de aquella muerte.

¿Cómo sería Diana de haber sobrevivido? Monica Ali, en ‘Untold story’, y la periodista Tina Brown, en la revista ‘Newsweek’, han publicado conjeturas sobre esa pregunta. La secreta inmersión en la vida de un suburbio provinciano de Estados Unidos tras simular su muerte es la opción de la novelista. Brown la adivinaba con amores cansinos o furtivos en Nueva York, inyectándose ‘botox’, reconciliada con Camilla y Carlos, amiga de la madre de Catalina, celosa de su nuera.

Su declive comenzó precisamente cuando tuvo libertad. Era además perseguida, asediada, escupida para captar la foto millonaria de Diana furiosa por los ‘paparazzi’ con cuyas cámaras antes coqueteó. Avanzaba frenética y con lágrimas frecuentes hacia algún lugar. Sería hoy una abuela de 56 años. La princesa un tanto rebelde seguiría siendo la madre del futuro rey. Guillermo le prometió a los 14 años que desde su trono le restauraría el título de Su Alteza Real.

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