«El drama supera todas las barreras»

Marco Magoa, en el campo de refugiados de Zaatari, en Jordania./
Marco Magoa, en el campo de refugiados de Zaatari, en Jordania.

El actor Marco Magoa llega el miércoles al Jovellanos con 'Mare nostrum', un monólogo sobre los refugiados que se ha visto en Dinamarca, Jordania, Túnez y Estados Unidos

M. F. ANTUÑA

E s un viaje durísimo, infame, demoledor el que viven los refugiados, los hombres, mujeres y niños que dejan sus países huyendo de la guerra y son recibidos «a palos» en Europa. Y ese es el viaje que, con toda la realidad del mundo como argumento, con toda la verdad que cuentan quienes lo han vivido y aún hoy lo sufren, narra Marco Magoa en 'Mare Nostrum. Finis somnia vestra', el montaje teatral que este miércoles llega al Teatro Jovellanos de Gijón (20.30 horas, 15 euros) después de un periplo de dos años largos e intensos.

No es un montaje al uso el que el dramaturgo, actor y director gijonés Marco Magoa (45 años) ofrece al público. No porque su monólogo no se adentre en los territorios universales del teatro, sino porque tiene un proceso de creación y un recorrido muy especial. Magoa, que habla árabe a la perfección y vivió durante años en Egipto, es un gran conocedor del mundo árabe y ha montado diferentes espectáculos en distintos países. Un buen día se aventuró en una trilogía centrada en narrar la muerte de ciudadanos sirios en su viaje por el Mediterráneo. Primero nació 'El cielo y yo', que se presentó en árabe en Jordania en 2015; luego, 'Nada', estrenada en El Cairo y que sufrió una cancelación en el teatro nacional por parte del Gobierno alegando motivos políticos; y por último llegó 'Mare Nostrum', estrenada en inglés en Dinamarca en 2016 y que posteriormente se ha podido ver en Jordania, Túnez y Estados Unidos -Nueva York e Idaho-. Llega por fin a España y se representa por vez primera en un teatro en castellano. «No estoy nervioso, pero sí emocionado, me apetece compartir esta historia», apunta Magoa, que se fue de Asturias hace 20 años y vuelve ahora con Mahmud acompañándole sobre las tablas.

Mahmud personifica el drama: «Es una especie de Frankenstein hecho a partir de personajes reales», apunta Magoa, que conoció de primera mano los testimonios en el campo de refugiados de Zaatari, en Jordania. «No estoy solo en escena, van a estar conmigo todas las personas que conforman mi personaje», añade. Ese Mahmud se presenta ante el público tras su travesía por el Mediterráneo. «El público va a ver una persona con una manta en el momento de su llegada, comienza a rememorar, intenta recordar qué le ha pasado, dónde está, cómo ha llegado, por qué huyó de Siria, su vida en el campo de refugiados, cómo lidió con las mafias en el Norte de África y qué va a pasar ahora que está en Europa», resume.

En el espectáculo, que incluye proyecciones, Magoa está solo, pero en cada una de las funciones están presentes refugiados reales que han pasado por la experiencia y que de alguna manera participan en la función. «Es una especie de homenaje a los supervivientes, pero es también un homenaje a los sueños», señala el autor, que quiere, ante todo, que sea una «bofetada política a la Europa de la inacción». Pero, pese a todo lo dicho, insiste en que hay también hueco para la sonrisa, que hay ironía y otros ingredientes más allá de la tristeza, que es un canto al amor, a la amistad, a la familia y a la patria. Pero una patria que nada tiene que ver con los trapos de colores: «La patria es un olor, es la brisa del mar, no es una bandera».

No niega que la historia es dura, porque lo que viven los refugiados lo es: «Llegan a Europa y si entran por Hungría los reciben con gases lacrimógenos, gente que ha sufrido los ataques químicos de Bashar Al Asad y aquí los recibimos así», se lamenta el actor.

Después de representar la obra por diferentes escenarios, lo que Magoa ha concluido es que la reacción del público es la misma en un lugar que en otro. «Cuando hablas de un drama tan grande se superan todas las barreras y prejuicios, el espectador conecta con el sufrimiento», afirma.

Le va a Magoa el teatro comprometido. Y en él sigue trabajando. En EE UU estrenó este mismo año el primer monólogo de 'Camino del aserradero', una obra conformada por varias historias con personajes oscuros como común denominador. De aquel germen plantado en Nueva York, en marzo nacerá en una capilla del siglo XIV de la city londinense una versión más amplia, en la que se interpretan otras dos piezas más. A la protagonizada por Magoa, que es también autor de los textos, se suman ahora otras dos de la mano de la actriz española Ruth Salas y el británico Maxwell Chartey. Tiene también en cartera un proyecto teatral en Túnez con la participación del Instituto Cervantes, la embajada española y la Agencia de Cooperación sobre las mujeres de la generación del 27, que se desarrollará a finales del próximo año. Además, llevará al Teatro Nacional de Marruecos, en Rabat, un espectáculo sobre el trotamundos Ibn Battuta, con el que realizará una gira por el país.

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