Estreno de altos vuelos

La Playa de San Lorenzo vista desde la avioneta que pilotaba Tony Díaz. / JOAQUÍN PAÑEDA

Cientos de amantes del cielo se 'bautizan' cada año en La Morgal para sentir en su propia piel la sensación de sobrevolar Asturias. Nos subimos con ellos para compartir sus vivencias

ANA SOLÍS

«Vamos allá». Con este enérgico mensaje, Tony Díaz, instructor de vuelo de la Falcon Air Academy de Asturias, se dirigió, instantes antes de dejar atrás el aeródromo de La Morgal, a los pasajeros de su avioneta, que en esta ocasión nunca antes habían montado en una aeronave. Tras ocho años a los mandos, Díaz 'bautiza' en el aire a todos los que desean ser pilotos por un día. «Disfrutamos tanto como ellos. Les encanta ver su vida desde el arriba, es decir, sus casas, sus calles, sus playas...», explicaba. Pasada la media tarde, el aeródromo ultimaba los preparativos para su tanda de viajes, incentivada en estos días por la inminente celebración del Festival Aéreo, que se celebrará el domingo sobre la playa de San Lorenzo. De hecho, el bautismo aéreo es una de las actividades paralelas que anuncia el festival.

«¿Da miedo estar arriba?, ¿habrá turbulencias?, ¿se mueve mucho el aparato?». Una serie de preguntas que los pasajeros hacen de forma tan habitual como lo es la verificación de seguridad que el instructor realiza cada día -revisar la avioneta, diseñar el plan de vuelo junto con el Aeropuerto de Asturias, preparar un manual para los pasajeros e indicarles las normas de seguridad- y para las que tiene siempre la misma respuesta: «Estad tranquilos, confiad y disfrutad del viaje».

Como si de una cita a ciegas se tratase, nunca se sabe qué deparará cada encuentro entre piloto y bautizado. Cada pasajero es un mundo y cada uno de ellos quiere vivir su experiencia de una forma personal e inolvidable. «Depende de cada persona, lo que aguante su cuerpo y lo que quiera. En función de su edad y de sus miedos, hacemos más 'birguerias' en el aire o menos», detalla Díaz, quien además explicaba que «aunque he hecho esto una y mil veces, siempre hay algo que me sorprende. Soy el que más disfruta».

Sobre las nubes «el tiempo siempre pasa volando», certifica el piloto Tony Díaz

Acicalado con un mono verde militar repleto de logotipos aeronáuticos, zapatos y gafas negras modelo aviador, este dicharachero instructor da la bienvenida a sus pasajeros con una amplia sonrisa, un apretón de manos, las puertas de la avioneta abiertas y su brazo tendido para ayudarles a subir. En esta ocasión, Elena Sarasola y Susana Díaz Murcia fueron las que se atrevieron a conocer Gijón y sus alrededores desde las alturas. Elena y Susana llevan todo un verano aventurero. «Padel surf, motos de agua, espeleología...», y como no, también tenían que hacer hueco a volar. «Buscamos experiencias fuertes y arriesgadas», explicaban antes de iniciar el vuelo.

Después de despedirse de sus acompañantes, que prefirieron quedarse en tierra, se montaron en la avioneta, se pusieron los cascos, se abrocharon el cinturón y se lanzaron a la aventura. Susana en el asiento del copiloto, «con más responsabilidades», bromeó el instructor, y Elena en el asiento trasero. Móvil en mano, para que no faltasen los recuerdos de la excursión aérea, se dejaron sorprender por el paisaje que quedaba a sus pies. A la vuelta, una Susana «encantada con la experiencia y con las vistas», y una Elena muy relajada, que «esperaba alguna pirueta más o algo más emocionante».

Y es que, como contaba el instructor, sin haber montado nunca en avión, en globo o en algo parecido, muchos viajeros sienten cómo su corazón empieza a latir a la misma velocidad desde que las hélices comienzan a dar vueltas. Pero ni la tensión del despegue ni el taponamiento de oídos suelen ser impedimento alguno para que se queden boquiabiertos al ver a 3.000 pies de altura (1.000 metros), una ciudad aparentemente tan pequeña, pues desde el aire parece que apenas exite distancias entre San Lorenzo y Poniente o que barrios como La Calzada están más cerca del centro de lo que uno intuye a pie de acera. Agradecidas porque las permanentes nubes del cielo asturiano no impidieron finalmente ayer disfrutar del paisaje tienen clara una cosa: repetirán. Y es que sobre las nubes, «el tiempo siempre pasa volando», certificaba Díaz. Cada vuelo es diferente, cada experiencia es única y al final, como dice el cantante y poeta Robe Iniesta, que esta misma noche actúa en Gijón, «si te olvidas de poner los pies en el suelo, te sientes mucho mejor».

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