La ‘investidura’ de don Felipe

Don Felipe saluda al término del acto junto a las infantas, con el rey JuanCarlos al volante acompañado de la reina Sofía. /E. C.
Don Felipe saluda al término del acto junto a las infantas, con el rey JuanCarlos al volante acompañado de la reina Sofía. / E. C.

Hace 40 años el ahora Rey se convertía de hecho en Príncipe de Asturias durante una ceremonia celebrada en Covadonga con la Transición aún por rematar

JOSÉ L. GONZÁLEZ

Ocurrió hace justo cuarenta años y muchos no dudaron en denominarlo «la investidura de don Felipe». El 1 de noviembre de 1977 el actual Rey de España, Felipe VI, se convertía de hecho en Príncipe de Asturias en una ceremonia celebrada en Covadonga. Miles de personas se acercaron al entorno de la Basílica para ver a la Familia Real, que llegó subida en su Mercedes oficial, conducido por el Rey Juan Carlos.

El rey JuanCarlos pronuncia su discurso mientras Felipe conversa con la reina Sofía.
El rey JuanCarlos pronuncia su discurso mientras Felipe conversa con la reina Sofía. / E. C.

La cita era mucho más que un simple nombramiento. España vivía una etapa convulsa, en plena discusión del anteproyecto de la Constitución, que se aprobaría al año siguiente. El futuro del país, aunque encaminado a la libertad, seguía siendo una incógnita y las tensiones territoriales eran más que notables. En medio de este clima y ante 165 periodistas, 80 de RTVE, el ReyJuanCarlos I pronunció un discurso con mensajes claros y contundentes. «Los hombres y las regiones forman una gran familia. Siendo distintos unos de otros, cobran su máxima identidad cuando se sienten armonizados y complementarios. El Rey, la Monarquía, sirve a esa profunda identidad común y esencial». No fue el único que apeló a la unidad.El entonces arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán también se sumó a esta petición.«Pidamos por España para que todos los ciudadanos acertemos a convivir como humanos perfectamente reconciliados, a establecer las bases de una participación política de corresponsabilidad ciudadana, de justicia, de amor, de libertad y de paz.Así sea».

El tono de los discursos refleja el momento político que vivía España y el papel que jugó JuanCarlos I en todo el proceso. Asumiendo su papel, dejó además un mensaje casi premonitorio al futuro Rey. Cuarenta años después, cobra vigencia ante la crisis política más importante a la que ha debido enfrentarse Felipe VI en su reinado: el desafío independentista de Cataluña. «EsaCruz de la Victoria que llevas sobre el pecho no es rica porque esté compuesta de piedras y esmaltes, sino porque significa la solidaridad de todos los españoles y su voluntad de sobrevivir como nación.Esa cruz significa también tu cruz. Tu cruz de Rey.La que debes llevar con honra y nobleza: ni una duda en el servicio a los españoles y a sus destinos. Te pido en nombre de todos los españoles que nunca decaigas».

La solemnidad del acto, en el que el futuro rey recibió la Cruz de la Victoria así como varios regalos, no tapó el ambiente de fiesta que se vivió en Covadonga. Ya a su llegada, la Familia Real fue recibida con vítores, especialmente don Felipe, que protagonizó un momento muy especial al finalizar el acto. Subido ya en el coche oficial, JuanCarlos I, que conducía de nuevo, decidió bajar la capota de su coche para que el ya Príncipe de Asturias saludase a las miles de personas congregadas. Junto a sus hermanas, se puso en pie en el asiento de atrás para recibir el cariño de los asturianos en un gesto que se repitió después en múltiples ocasiones.

Poco podía intuir aquel niño de nueve años el destino que le esperaba tras la abdicación de su padre. Una situación política que le ha obligado a pronunciar su primer discurso a la nación, más allá del tradicional mensaje de Navidad. Un mensaje, el del pasado 3 de octubre, con el que recogió el guante lanzado por su padre hace cuarenta años en Covadonga.

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