Arturo Fernández : «Me fui a Madrid con 300 pesetas en el bolsillo»

Arturo Fernández : «Me fui a Madrid con 300 pesetas en el bolsillo»

El actor gijonés Arturo Fernández recomienda a los jóvenes actores huir de «la soberbia y la vanidad» en su discurso inaugural del curso de la Escuela Superior de Arte Dramático de Gijón

P. A. MARÍN ESTRADA

Sed felices y haced felices a los demás, que es lo que por encima de todo debe hacer un buen actor», ese fue el consejo final con el que Arturo Fernández rubricó su lección inaugural del curso de la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) ante un público compuesto por alumnos y profesores del centro. El veterano intérprete gijonés ofreció una auténtica clase magistral acerca del arte al que lleva dedicado más de sesenta años y sobre todo una lección de humildad, respeto y pasión por un oficio cuyos «mayores enemigos son la soberbia y la vanidad», recordó, y en el que siempre hay que estar preparado «para el silencio y la invisibilidad, no dar nada por hecho», ya que en esta carrera «nunca se termina de llegar».

El actor pronunció un discurso cargado de emotividad en el que quiso compartir con sus jóvenes oyentes ('chatines', saludó en su única concesión a la broma) la experiencia vivida por aquel hijo «de padre exiliado por una guerra que debemos recordar para olvidarla y de una madre que limpiaba botellas en una vinatería» que, con apenas 19 años, dejó su Gijón natal para irse a buscar un futuro en la capital de España. Su equipaje: «Una maleta llena de sueños, con dos trajes a los que había dado vuelta mi madre, una gabardina descolorida, 300 pesetas en el bolsillo» y ninguna experiencia en el teatro salvo la de espectador. «Era amigo del hijo de un acomodador del Robledo y poco más había visto que a Carmen Sevilla allí y a Machín en el Jovellanos», recuerda. Fernández usó el símil de la maleta para alentar a los alumnos a seguir una carrera «que solo se alimenta de pasión y vocación» y afirmó que en la Escuela de Arte Dramático «os enseñan a llenar con formación esa maleta que yo llevaba llena de sueños: dejadles también un sitio en ella a los vuestros», dijo.

La necesidad de formarse, vivir el oficio con pasión y «por encima de todo no defraudar nunca al público» fueron los ejes de esta lección en la que el actor tuvo palabras de agradecimiento para sus maestros y mentores: Rafael Gil (que le ofreció el primer papel como extra), Luis Escobar, Enrique Diosdado o sus compañeras de reparto Conchita Montes y Amelia de la Torre. Recordó su primera lección cuando uno de ellos le soltó: «Chaval tienes planta, pero el teatro no es solo eso». La formación autodidacta fue su escuela de Arte Dramático. «Aprendí viendo a los grandes actores y si alguien me hubiese dicho que la interpretación sería hoy un grado universitario hubiese dudado de su cordura», les confesó. Por eso invitó a los artistas en ciernes a aprovechar su oportunidad. «Sois unos privilegiados, pero los privilegios no son gratis ni esto es un camino de rosas: solo unos principios sólidos ayudan a esquivar los escollos», les advirtió.

«Era amigo de un hijo del acomodador del Robledo y poco más había visto que a Carmen Sevilla»

En el acto, al que asistió la directora general de Universidades del Principado de Asturias, Cristina Valdés, se entregaron los diplomas de la promoción 2013-2017. Diez fueron los graduados («mis nuevos compañeros» les llamó Arturo Fernández): César Luis Alonso, Alazne Castaño, Asier Colado, Sandra Fernández. Lorena López, Paula Ruíz, Ekaterina Stetsenko, Sara Terrones, Olaya López y Sara García (las dos últimas ausentes en la ceremonia).

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