Mañanas de sábado

ROSA IGLESIAS JUICIOS SIN VALOR

Mi abuela me decía que había que salir siempre de casa con todo en perfecto orden. Es decir, dejar la casa arreglada y salir ídem. Por si te pasaba algo. Ese «algo» no era la lotería, ni nada satisfactorio. Ella iba más bien por si te atropellaba un camión o cualquier otro incidente o accidente así de tipo común. Se suponía que ingresar en el hospital con ropa interior vieja, o que alguien accediera a tu casa y se encontrara la cama sin hacer era algo de gente tirando a marrana. Así que a veces sigo la reglamentación clásica del todo en orden. Y otras me la echo a la espalda porque tengo lío y porque no hay camiones los sábados por el centro. Salgo sin arreglar ni maquillar a ver si Amancio me avía el armario. Bueno, me pongo al lío entre los percheros y selecciono una cosa y otra cosa y nada. Me voy a esperar la cola para pagar, y lo veo. Y no lo creo. Y como no lo creo saco el móvil, hago una foto y la envío con un texto corto a una amiga. ¿Ye? Mientras llega la respuesta sigo con la mirada a un tipo gordo y calvo. Los cuerpos ajenos se desfondan mas que el propio, es una cosa de locos. Reparo en que voy sin maquillar y saco una barra de labios del bolso. Pienso en el orden, en mi abuela y en camiones de recorridos internacionales. Recibo respuesta vía watsapp ¡Dios mío! Mi vida entera pasa por mi mente un segundo, como cuando se acerca el parachoques de un cuatro ejes. Pienso que la tienda es grande y nada más, porque ese hombre horrendo parece interesado en la oferta más próxima a mí. A mi cara sin maquillar, mi grano de la barbilla, a mi pelo sin peinar y a mi cualquier cosa por encima. Y cuando me creía salvada, levanta esa cabeza y me dice ¡hola! Y yo respondo ¿Qué tal? ¿Cómo estás? Como si no estuviera viendo, cómo está. Como si me importara mucho. Me arrepiento de inmediato porque tendría que haberle dicho. No te conocía y mirarle la barriga. O quién te ha visto y quién te ve, mirándole la calvicie. Pero soy tan bondadosa y considerada. Me lo decía mi abuela ¡tienes que espabilar! Y me pongo tan furiosa por no estar lista ni serlo que le cuento a la cajera lo disgustada que estoy y ella me mira como si hubiera chiflado. Habría que potenciar la solidaridad entre mujeres. Y una app que te diga al cruzar el umbral de la puerta. ¿Todo en orden? No circulan camiones, pero el pasado circula sin parar. Ay, qué mal envejecemos.

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