La mareona que animó una ciudad

La mareona que animó una ciudad
FOTOS: DANIEL MORA

Graveyard, Pennyswise, los Tiki Phantoms y The Offspring clausuraron a lo grande el Tsunami en la noche del sábado

JORGE ALONSO

Debo reconocer algo antes de seguir: a mí nunca me gustaron los Offspring. Nunca al menos, lo suficiente como para comprarme un par de discos suyos. Pero claro, eso no quiere decir que no tenga un puñado de temas suyos en la cabeza. Ese tipo de canciones que te sabes casi de memoria solo de escuchar en los bares. Pero no era la razón principal para encaramarse a la noche despejada de la Laboral. El motivo principal era esa banda sueca que no se limita a los bordes que llevan marcados los andares del hard rock o similares; Graveyard trasciende los límites de cualquier frontera que les pongamos, lo mismo que Pennywise se mantienen frescos y conservados en un formol ardiente y suficiente para sonar bien gordos por encima del Patio de la Laboral, y de cualquier sitio. Los Pennywise crecen con cada año, y no es necesario ser un aullador para disfrutarlo. Y eso que una vez se acabaron sus ecos acompasados y acompañados de saltos más allá de lo razonable, parecía que era imposible ir más allá de sus acordes afilados y sus melodías siempre vibrantes, pero para eso, para el buen vibrar, estaban los fantasmas, los Tiki Phantoms. Lujo en vena.

No se puede hacer más en menos tiempo, no se pueden poder más sonrisas en las caras, calor en las caderas bailes frenéticos en poco metros cuadrados. Vale que nos dejamos llevar por el sacrificio en forma de colchoneta, vale que nos dejamos llevar por la conga surfera y los aires de fiesta, pero estos tipos son infalibles y cuando se ponen en plan imprescindibles es difícil hacer más feliz en menos minutos. Que tíos. Y llegaron, sin cerveza en las barras, The Offspring y ya no sabía la gente palpitante si debían sudar, bailar o mantenerlo separado, o sentirse juventud airada, o apretar los dientes, o solo gritar de un modo intergeneracional hasta que ser y sentirse un poco más lejos de los pasos habituales se convierta en la única opción. Y no tener una caña al alcance de la mano el menor de los problemas, porque, oiga, esta banda resulta que suena que cruje en directo y no es que sean profesionales y cirúrgicos, es que son borbotones bien medidos y mejor ejecutados. El aire de una California universal, una adolescencia programada y disfrutable, una excusa para dejarse caer en esta marejada irresistible que ahora ya se antoja imprescindible.

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