El Comercio

Musa y hechicera

Musa y hechicera

  • Con su estilo tenebroso, la cantante Florence Welch marca el ritmo de la moda e inspira a los más grandes diseñadores

Se veía venir. Desde que su nombre empezó a coquetear con la industria fashion estaba claro que no se conformaría con arrasar en las listas de éxitos y llenar estadios con su desgarrada voz. Ya se ganó la complicidad del desaparecido Alexander McQueen, otra rara avis de un mundo cargado de seres extraños e inquietantes. Florence Welch (Londres, 1986), una de las cantantes más extravagantes y apasionada de la moda, se ha convertido en un icono y en musa de los modistos más importantes.

Les ha fascinado con una belleza que evoca el romanticismo de tiempos pasados. Florence, evidentemente, parece una mujer de otra época. Donde más huella ha dejado ha sido en Gucci, hasta el punto de convertirse en su nueva embajadora de las líneas de joyería y relojería. Antes de ser despedida con muy malas artes, la anterior directora creativa de la lujosa casa italiana, Frida Gianinni, confesó su fascinación por «la enorme sensualidad y el glamour oscuro» de esta artista pelirroja. Después se ganó a su sucesor, Alessandro Michele, cuyas piezas parecen mirarse en el espejo de esta treintañera, aunque aparenta bastantes más.

Riccardo Tisci, modisto de Givenchy, y el 'káiser' Karl Lagerfeld, responsable de Chanel desde hace tres décadas, también han sucumbido al influjo de esta musa de facciones extrañas. Pero ¿qué tiene esta mujer para llamar la atención de tanta gente?

Con su rostro de modelo prerrafaelita, aire místico y vestimenta gótica da la sensación de ponerse a levitar en cualquier momento. Cargada de amuletos y ornamentos religiosos, posee un aire ligeramente terrorífico. «Siempre me ha interesado la feminidad con un halo tenebroso. Nada puede ser demasiado bonito», reconoció en la revista 'Harper's Bazaar'. Salta a la vista que el estilo de esta joven de familia acomodada y que apenas se maquilla se aleja de los estándares convencionales.

Sus maneras revelan una visión ambigua, romántica y decadente. Los editores sostienen que transmite una peculiar idea de la belleza que derriba géneros y etiquetas. La líder de la banda Florence+The Machine tampoco es la alegría de la huerta.

Por eso sorprende que su rictus, entre melancólico y triste, haya calado tan hondo en una industria que carga con la fama de frívola y desenfadada. Tampoco sorprendió a muchos de sus numerosos incondicionales cuando hace varios meses aseguró al diario 'The Guardian' que creía tener depresión. Se desdijo posteriormente, aunque sin demasiada convicción, al matizar que en realidad lo que le pasaba es que era «porosa» y que absorbía las sensaciones de los demás. Son un secreto a voces sus altibajos emocionales y sus problemas con el alcohol.

«Quiero ser una piedra»

También sus fantasías infantiles. Durante unas vacaciones familiares en Turquía se quedó tan impresionada por unas ruinas que visitó junto a sus padres -se divorciaron cuando ella tenía 13 años- y hermanos que deseó «formar parte de aquellas piedras» y «pasar a la eternidad junto a aquellos restos». Se define una hechicera y, de hecho, recuerda de su época colegial la publicación de un libro de hechizos para embrujar a algunos compañeros de clase.

Probablemente con declaraciones de este fuste y sus raras y potentes melodías, Florence, hija de una profesora de Historia del Renacimiento y un expublicista reconvertido en director de un campamento ecológico, acentúe su perfil de chica rarita.

«Me interesa hacer cosas bellas, pero con un elemento inquietante y arriesgado», defiende. Igual que los diseños de su adorado Alessandro Michele. Cuando empezó a actuar vestía con calcetines altos. «Supongo que tenía un aspecto aniñado y de ratón de biblioteca. ¡Cantaba sobre ataúdes y violencia! Los diseños de Alessandro tienen corazones sangrantes», ensalza. Una sensibilidad «barroca», reflexiona, con la que se siente muy a gusto.

Sin embargo, con el éxito de aliado, Florence se ha tranquilizado. Le ha cogido gusto a las alfombras rojas y a sentarse en la primera fila de los desfiles junto a 'celebrities' como Jay Z, Beyoncé y Taylor Swift.