El Comercio

El amor, fuente de inspiración en el cuarto día de la Fashion Week de Milán

Desfile de Ermanno Scervino en Milán.
Desfile de Ermanno Scervino en Milán. / DANIEL DAL ZENNARO (EFE)
  • Señoritas de aire romántico que avanzan en la pasarela en el desfile de Blimarine, mientras que Marras y Veneta juegan con las parejas

El amor inspiró a los estilistas en esta cuarta jornada de la Fashion Week de Milán con colecciones prêt-à-porter para el próximo invierno mixtas que juegan con los vínculos de la pareja, como la colección de Bottega Veneta o Antonio Marras.

Bottega Veneta hizo desfilar juntos a hombres y mujeres. Tomas Maier erigió el 'chic' discreto en la última frontera del lujo con una colección refinada y sobria. Las siluetas semilargas, ceñidas en la cintura, con los hombros levemente realzados, rememorando los años 1940 con un acento de los 80.

Con medias negras y guantes de cuero, cartera en bandolera, las modelos alternan trajes y abrigos cruzados en cachemira de líneas sólo esenciales y de colores unidos que van desde los tonos sombrío al ocre, naranja o en tierra de Siena, con pantalones de estilo jodhpur o vestidos con mangas globo. No hay lugar para adornos. Sólo se autorizaron minúsculas cabezas de alfiler claveteadas con la forma de un dibujo en una manga o en los flancos de una prenda, así como pelos largos de cabra negra en algunos hombros o en los abrigos Yeti con reflejos rosa y plateados. Para la noche, el laminado es de rigor con vestidos tubo delicadamente arrugados como papel sulfurizado, el que recubre los chocolates.

El hombre, que acompaña a la señora, no le hace sombra, y adopta un vestuario simplísimo. Con pantalón de algodón blanco y abrigo con amplias solapas. Apenas se le autoriza un amplio moño que utiliza de noche como de día. La pareja es decididamente más impetuosa según Antonio Marras, en donde se escucha vajilla que se rompe mientras desfilan los modelos. Los cuerpos se enlazan y se desenlazan al ritmo de un apasionado tango, mientras que los vestidos de tartán, seda impresa o terciopelo acarician con ligereza sobre le cuerpo.

"Este tango de amor hace estremecer mi cuerpo", tararea una vieja canción mientras que la mujer rechaza a su hombre con rabia o, de repente, cae en sus brazos. Vestidos con el mismo saco 'patchwork' de su compañera, de diferentes telas bordadas, el hombre engominado parece salir del Buenos Aires de los años 1920.

Personalidades jóvenes y no tan jóvenes del ambiente intelectual y artístico de Milán, como el galerista Pasquale Leccese o Benedetta Barzini, ícono de la moda italiana de los años 1960, se mezclan con naturalidad a los modelos, con quienes dan una última vuelta de pasarela en una carrera desenfrenada digna de los filmes de Emir Kusturica.

Blumarine recurre al mismo registro, el del amor, con una banda de sonido que encadena canciones de amor que van desde Lio al 'hit' italiano de los años 1960 cuyo refrán se pregunta: "¿Qué es la vida sin amor?". En este caso son señoritas de aire romántico que avanzan en la pasarela, con vestidos sinuosos, engalanadas de la mejor manera para hacerse cortejar.

Los escotes de los suéteres, vestidos y abrigos son anchos y están bordados con visón de color. Las flores están por todos lados. Bordeadas o en lentejuelas amarillo oro como el mimosa en los vestidos.

El romanticismo también está presente en Ermanno Scervino, que le imprime a veces una nota masculina. Los vestidos con encajes se llevan con botas de cuero negro, capotas militares suavizadas con toques de piel u hombreras bordeadas. Por su parte, Angela Missoni pone el acento en la malla, formando un caleidoscopio de colores y motivos geométricos.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate