«Todo el mundo debería envidiarme: no tengo país»

Albert Pla.
/E. C.
Albert Pla. / E. C.

El polémico Albert Pla ha visto de nuevo cancelado su concierto en Gijón. Esta vez, por un desacuerdo entre la productora y el Casino

A. VILLACORTA

Albert Pla (Sabadell, 1966) es especialista en liarla con sus perlas. Desde aquella vez en la que aseguró que ser español le daba «asco» y que le gustaría que los gijoneses tuviesen que estudiar catalán «por cojones», lo que provocó la cancelación de su concierto en el Jovellanos, hasta estos días, en los que acaba de protagonizar 'El catalanazo', un corto que lleva la firma del cineasta vasco Juanma Bajo Ulloa en el que, con la camiseta del Barça y la senyera al cuello, entra en una consulta médica y dice: «Verá, doctor, tengo un picor muy agudo en el pecho. Un dolor. Me siento muy catalán, pero no tengo país propio». Pero, además, es ya todo un experto en que le cancelen conciertos en Gijón, donde esta vez se ha caído del cartel porque la promotora Two Monkeys y el Casino no han llegado a un acuerdo.

-Gijón ha sido clave en su carrera hacia la polémica.

-Eso parece. La verdad, preferiría que las cosas fuesen como antes, pero no puedo negar que, a veces, los asturianos se empeñan en hacerme promoción (Risas).

-Y, de nuevo, ha visto cancelado su concierto. ¿Alguna valoración?

-Valor. Acción.

-Es usted también el mejor metiéndose en jardines catalanistas.

-Será que a mí no me importa tanto ese tema como a otra gente.

-Creo que no votó en el referéndum del 1 de octubre por miedo a la Guardia Civil.

-En el fondo y en la superficie, me da igual este asunto. Pero la verdad es que, ahora mismo, todo el mundo me debería tener envidia, porque en España dicen que Cataluña no existe y en Cataluña dicen que no soy de España. Así que, de momento, no tengo país, que, para todos los internacionalistas, debe ser su sueño. Todos estos que no quieren fronteras deberían tomar ejemplo. O, al revés, puedo ir a Argentina, por ejemplo, y decir que tengo doble nacionalidad. Estoy encantado. Pero, si tuviera que elegir, prefiero no quedarme con ninguno.

-Puigdemont se ha exiliado en Bruselas...

-¿En Bruselas lo tenemos ahora? La verdad es que no me he enterado. De lo que me entero mucho últimamente es de que todo el mundo está todo el día con el móvil, la tele, la radio...

-Es decir, que vive desconectado.

-Pero el raro no soy yo. Yo creo que los raros son los otros, que están todo el día ahí y que pueden hablar dieciséis horas seguidas de lo mismo. Pero resulta que el raro soy yo.

-¿Es usted un bufón a pesar de que nunca ha actuado ante el Rey?

-No. Como mucho, sería un comediante. Voy por ahí, de ciudad en ciudad, soltando mi rollo. Pero creo que, en el fondo, todo el mundo es monárquico. Porque, si tú tienes una ferretería, se la dejas a tu hijo, ¿no? Yo suprimirá todas las herencias y no entiendo cómo puedes criticar al Rey, que es un tipo que ha recibido una herencia, si tú también has heredado algo.

-Soltando su rollo y escribiendo cartas a su tocayo de Ciudadanos. Cito lo que le espetó vía misiva: «Te llamas Albert, como yo. Eres catalán, como yo. Te gusta ir aseado, como yo. Y cada vez que abres la boca, dices una mentira o una tontería, como yo».

-Hombre, eso fue en defensa propia. Porque, claro, si te enteras de que Ciudadanos también quiere vetar tus conciertos, dices: «Hombre, tíos, no me vetéis. Si no soy tan malo. Si ya estoy ahí, arrinconado. No hace falta que os ensañéis conmigo. Lo queréis todo. Sois unos avariciosos».

-También se hizo viral otra carta 'fake', en la que llamaba a la unidad de España.

-Sí. Eso fue una apuesta con unos colegas. Les aposté: «¿Cómo que no me van a publicar a mí una carta en todos los periódicos de España? ¿Que no? Vais a ver». Fue curioso porque ni siquiera se la envié yo, sino que la colgué y la cogieron. Y eso, después de haber enviado mil cartas serias durante toda mi vida que jamás han publicado.

-A Rajoy le dijo que mejor se preocupaba de sus presos que de usted...

-Creo que dije que mejor hacía como ETA: que se preocupase por reagrupar a sus presos.

-Y le condenaron a pagar una multa a Podemos por asegurar que «los mataría antes de que empezaran a hacer daño». ¿Ya ha pagado?

-No, la verdad es que no. Y no saques a relucir el tema, que todavía me la van a reclamar.

-¿Todo es susceptible de que usted haga coña de ello?

-Yo profundizo y hurgo en muchas cosillas que, a veces, no son coña, pero la gente se lo toma así para poder reírse.

-Lo que es muy serio es su gira con Diego Cortés.

-Eso siempre es un alegrón. Siempre improvisamos porque siempre depende de cómo esté la gente. Y, entonces, nos dejamos llevar por las sensaciones que el público nos va transmitiendo. No es lo mismo el que está en un teatro sentado que en una barra semiborracho.

-Uno de sus álbumes se tituló 'Cançons d'amor i droga'. ¿Se ha quitado ya?

-Pues sí. Me quité de las drogas hace muchos años y se vive mejor. Tienes más tiempo.

-Vive en una masía, en el monte. ¿Cómo ve lo de los incendios?

-No es raro que se quemen los bosque porque el hombre es lo que quiere: acabar con los bosques, con los animales, que le molestan. Acabar con la Naturaleza, que le inquieta y que no controla. Es una cosa de siempre. Entonces no me extraña que se quemen los bosques.

-Sufrió problemas coronarios. ¿Reflexiona sobre ellos en 'Miedo', su próximo espectáculo?

-No. La verdad es que no tengo más miedo ahora que antes. Siempre me ha dado mucho más miedo la muerte de los demás que la mía. La mía no me preocupa.

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