El regio armario de Doña Letizia

Dona Letizia saluda junto a don Felipe a la entrada de la ceremonia de 2014, en la que se estrenó como Reina. /
Dona Letizia saluda junto a don Felipe a la entrada de la ceremonia de 2014, en la que se estrenó como Reina.

La Reina ha abierto el abanico de creadores y su imagen se ha refrescado y mejorado. Oviedo se convierte en la pasarela para analizar sus looks

ROSA IGLESIAS

La evolución estética de un ser humano depende siempre de múltiples factores. Y conviene empezar con una verdad absoluta, porque en moda hay muy pocas certezas que perduren en el tiempo. Si vestirse de civil se complica a veces, vestirse de reina para contentar a todo el mundo es difícil, rozando casi lo imposible. Una reina, aún manejando ejemplos impagables, depende mucho de las circunstancias a la hora de vestirse. Porque a los factores comunes se suman razones políticas, económicas y sociales. Hoy, todas las puntadas llevan hilo. Doña Letizia, en sus tiempos como Princesa de Asturias, experimentó grandes cambios en cuanto a gustos indumentarios.

El común de los mortales observa y aprende con el antiquísimo sistema de prueba-error. Una reina representa a una nación y tiene poco tiempo de prueba, la luz y los taquígrafos pueden destrozar una imagen, precisamente en los tiempos en los que la imagen es soberana. Cuando doña Letizia abandonó su vida de mujer de a pie se encontró con la necesidad de construirse una imagen. Encontró en Felipe Varela su modisto -que solo abandonaba para vestir 'low cost' en el reducto de vida civil, en lo privado-. Como reina empezó a ocupar perchas con creaciones de otros diseñadores, casi siempre de manufactura española. Y el que fue modisto de cabecera es ahora el de las grandes ocasiones.

Desde que la Reina consorte abrió el abanico de creadores su imagen ha mejorado, se ha refrescado. En ese tiempo ha abandonado la profusión de chaquetas cortas sobre vestidos, en ocasiones rebecas de punto. Amplía su paleta de colores, sabemos desde el principio que es una mujer deslumbrante vestida de rojo. O de blanco y rojo, como en la audiencia a los premiados del año pasado. Vestido firmado por Carolina Herrera, marca que junto con Nina Ricci se está haciendo un hueco en el reducto chic y de vocación internacional de los armarios reales.

Los colores potentes iluminan su rostro y refuerzan su imagen. Los empolvados y nudes la apagan y minimizan. También es opción que le favorece el negro para la noche. De negro acude a los concierto el día previo a la entrega, o en su única visita al Teatro Jovellanos. Impactante el pasado año con 'warp dress' lencero, solo viable para siluetas perfectas. Un vestido que representó un cambio hacia la sencillez.

Los vestidos de la Reina muestran siempre el gusto de Varela por recamar con abalorios, pailletes o Swarovski, por sobreponer encajes y guipures a casi todas sus creaciones de noche. El abandono de las chaquetillas da paso a mostrar los torneados brazos regios. Ese «ir sin mangas» que algunos critican. Como el hecho de que aún no tengamos una imagen icónica para pasar a la historia.

Aunque también es cierto que su imagen se ha visto notablemente reforzada con la utilización de joyas. Las perlas pueden ser las mejores amigas de una mujer, con permiso de los brillantes. La gargantilla de perlones con la que pisó la alfombra azul de camino al Campoamor en 2015 fue el principio, la apertura sin complejos del joyero real. Enmarcaban las perlas el escote a la caja del vestido con volantes degradé. Se echaba de menos ver las joyas de pasar, que rematan cualquier atuendo y aportan dignidad a los modeletes más banales.

Los últimos tres años hemos visto en Asturias recogidos elaborados pero de apariencia relajada. Dejando atrás los historiados moños de los primeros tiempos o la melena suelta de sus últimas entregas como Princesa. Atrás van quedando las plataformas y los 'peep toes', que se dieron en llamar 'Letizios' y que aún salen del guardarropa real en algunas ocasiones. Y que en su versión plataforma discreta calzó doña Letizia en su última entrega vestida de nude y negro o en la primera como reina de azul y pedrería en azabache. Aquellos 'Letizios' van siendo sustituidos por calzado más elegante y versátil. Salones de todos los colores firmados por Magrit, Lodi o incluso Prada. Acompañados preferentemente de carteras de diferentes materiales y procedencias. Y muchos cinturones desde el principio hasta hoy.

Las evoluciones indumentarias están jalonadas de más aciertos y menos intenciones prendidas con alfileres. Porque esta historia no va solo de trapos, es cuestión de representar una institución. Las víctimas de la moda o las 'it girls' ni son ejemplo ni entran en este selecto y regio armario.

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