Roma conquista Carabantium

Un momento de la batalla definitiva en el prau de Carabanzo. / FOTOS: JUAN CARLOS ROMÁN
Un momento de la batalla definitiva en el prau de Carabanzo. / FOTOS: JUAN CARLOS ROMÁN

El Festival Astur Romano reúne en la localidad lenense a numeroso público para asistir a la gran batalla de prau

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA

La batalla final del Festival Astur Romano de Carabanzo no logró ayer cambiar el curso de la historia y las legiones del general Publio Carisio se alzaron con la victoria en un encuentro muy reñido, en el que los locales astures lucharon «hasta la última gota de su sangre» por repetir el resultado de la anterior confrontación que en 2016 les había dado el triunfo.

En esta ocasión, la historia y el guion del espectáculo se aliaban para llevar a los romanos camino de la gloria y de nada sirvieron los refuerzos recibidos por el ejército nativo de sus vecinos cántabros, galaicos y astures augustanos para sumar fuerzas contra el enemigo invasor. El laurel brilló sobre las águilas del César y la indómita aldea lenense de Carabantium quedaba totalmente romanizada desde primeras horas de la tarde.

La llegada de los refuerzos exteriores, casi sin disponer del tiempo necesario para ensayar, fue el motivo por el que los actos programados sufrieran un considerable retraso sobre el horario previsto. Al menos así lo explicaban fuentes de ambos bandos en el poblado astur, mientras arriba en el 'prau' de la batalla era el propio Druida Nisarius quien pedía a los espectadores disculpas por la demora, en su caso arrimando el ascua a su sardina y atribuyéndosela a sus enemigos: «Esas legiones romanas son muy lentas por la chatarra que llevan encima». Al numeroso público que acudía un año más a presenciar el festival no pareció contrariarle especialmente el retraso y disfrutó de esta recreación histórica-festiva durante toda la jornada, como lo había venido haciendo los días anteriores.

«¡Siempre escontra Roma! ¡Puxa Carabanzo! Puxa les Tribus Astures!», clamaba el druida

«¡Invadiendo que es gerundio!», a ese grito, pronunciado por una impetuosa patricia romana, tomaron posesión de la villa situada en el patio del palacio de los Faes de Miranda un grupo de invasoras sobre la una del mediodía. Y ya instaladas en la 'domus' la cabecilla de la avanzada preguntaba a los curiosos: «¿Tais preparaos pa la romanización? Bueno, seguro que ya coméis espaguetis...». En la parte baja de Carabantium, las tropas de Carisio tomaban el poblado astur y tenía lugar minutos después la ceremonia de la Lustratio o Bendición de las Legiones, mientras un fauno o busgosu animaba las calles con su gaita desafinada y relatando al público su azarosa vida emboscada. El sumo sacerdote invocó a Júpiter capitolino, a Juno «madre de diosas y hombres» y finalmente a Marte, para bendecir a los legionarios que partían hacia el combate.

Arriba en el prau que sería escenario de la gran batalla el Druida Nisarius (interpretado por el actor gijonés Silvino Torre) invocaba a los dioses de su pueblo: Belenos, Deva, Taranus, Lug, Aramo y alentaba iniciar lal ucha a los gritos de «¡Siempre escontra Roma! ¡Puxa Carabanzo! ¡Puxa les Tribus Astures!». A la vista de las tropas del César el líder espiritual de los nativos les saludó con unas palabras que no disimulaban el tono de provocación: «¿Habéis llegado, romanos? Ya se os escuchaba, se os olía de lejos...».

Los astures -a diferencia de sus contrarios- presentaban una formación mixta de hombres y mujeres, y fue precisamente una valerosa guerrera local la primera en lanzarse contra las filas romanas. Una disputada pugna cuerpo a cuerpo con un mercenario del César hizo que ella fuera la primera víctima del combate. Otros dos astures, armados con hachas de doble filo, la reemplazaron para enfrentarse a sendos rivales. El pugilato tuvo momentos de gran dramatismo, mientras el Druida Nisarius y el general Publio Carisio (interpretado por el también gijonés Roca Martínez) se intercambiaban pullas dialécticas: «Roma tiene mercenarios: nosotros tenemos hermanos que jamás se venderán por un puñado de monedas. ¡Nuestros gritos atronarán el cielo hasta que os sangren los oídos!», se despachaba el líder astur y el romano se la devolvía con flema palatina: «¡Moriréis todos, salvajes, incluso los más cretinos de vosotros!».

Una nueva avanzadilla compuesta exclusivamente por guerreras astures se adentró en el campo enemigo, pero la superioridad numérica del combinado imperial y de su armamento lograron neutralizar la táctica ofensiva de las fuerzas indígenas. El encarnizado combate se saldó con un nuevo tanto para los romanos y el 'prau' sembrado de bajas para el rival. Era solo un fatídico anticipo de lo que estaba a punto de suceder cuando ambos bandos salieron a enfrentarse con todos sus efectivos en la batalla definitiva. A pesar del arrojo mostrado por los astures, enardecidos por las arengas de Nisarius y por las gaitas que las alentaban, el resultado fue una victoria aplastante para los de Roma. En el 'prau' quedaba el orgullo de los vencidos expresado en las palabras del Druida a los triunfadores: «Nuestro eco sonará a lo largo de la historia. Somos parte de ella, queráis o no». Se escuchará de nuevo el próximo año en Carabanzo.

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