Sandra Ibarra crea la primera Escuela de Supervivientes de cáncer

«He renunciado a ser madre para no poner en riesgo mi vida»

ARANTZA FURUNDARENA

«La vida me ha quitado muchas cosas, pero se va a fastidiar porque pienso quedarme solo con lo bueno. Tengo el músculo del optimismo muy entrenado». Esta frase viene a ser la tarjeta de presentación de Sandra Ibarra, la modelo que tras superar dos leucemias decidió dedicar su vida a la lucha contra el cáncer. Ya tiene una fundación con su nombre y ahora acaba de poner en marcha la primera Escuela de Supervivientes. Supervivientes de cáncer, como ella. Gente que dice haber aprendido a vivir más intensamente. Pero que también necesita comprensión y ayuda médica «porque las secuelas son múltiples».

Ibarra sabe muy bien de lo que habla. Hace 22 años, ella fue la única que sobrevivió de toda la planta del hospital donde estuvo ingresada. En España se calcula que hay un millón y medio de supervivientes de cáncer. Entendiendo por tales aquellas personas que no presentan nueva evidencia de la enfermedad y están sin tratamiento. La idea es identificarlos. O, como dice la inspiradora del proyecto, registrar la vida. «Queremos convertir en noticia a los que se curan de cáncer porque siempre lo son los que fallecen. Y, al mismo tiempo, hacer visibles sus necesidades».

A Sandra le hubiera gustado tener la posibilidad de congelar sus óvulos antes de la quimio. «Pero entonces estábamos en la prehistoria del cáncer», razona. Hoy, sin embargo, no está dispuesta a que les ocurra lo mismo a otras mujeres. Y es que, a sus 43 años, esta luchadora ha tirado la toalla en su proyecto de tener hijos. «Existe la duda de que una gestación pudiera despertar algo que no queremos que despierte dentro de mi organismo. Y no he llegado hasta aquí para poner en riesgo mi vida... Sin embargo –reconoce–, a mí me dicen ahora que voy a ser madre y doy volteretas laterales». Un vientre de alquiler sería, dice, una opción muy válida, pero ha renunciado a ella. Y en cuanto a adoptar... «Yo ya he adoptado a los hijos de Juanra».

Unida al periodista Juan Ramón Lucas desde hace casi trece años, la modelo considera haber llegado «a esa etapa en la que somos compañeros de viaje. Cuando ya solo con mirarte te entiendes. Y es una maravilla. Nosotros todavía nos damos la mano en una cena... Nos sacan cantares», ríe Sandra.

Caribeña de nacimiento, la historia de esta mujer ya tuvo un inicio complicado. Su madre, de Medina del Campo, conoció a su padre, natural de la República Dominicana, cuando ambos estudiaban en Madrid. Se marcharon a Santo Domingo y allí nacieron Sandra y sus hermanos. «Pero mi padre nos abandonó. Así que imagínate a mi madre saliendo adelante con 25 años y cuatro hijos, en plenos años ochenta, en Medina del Campo… Es otra superviviente». De su padre apenas tiene noticia. «Si no reaccionó con un cáncer ni con dos no puedo obligarle a que me quiera».

Contra los latiguillos

Ella sí mantiene un vínculo especial con su isla, donde su fundación ha puesto en marcha una campaña para la vacunación contra el virus del papiloma humano. «Porque allí con 13 años hay niñas que ya tienen relaciones, incluso alentadas por sus propias familias, para que lleven dinero a casa». Otros proyectos en España, como la celebración de un congreso de supervivientes de cáncer a finales de año, la creación de un Diario de Vida, donde pacientes curados cuentan su experiencia, y la publicación de un libro que recoja todos esos testimonios colman la repleta agenda de esta hiperactiva mujer.

«El cáncer es una putada, lo cuenten como te lo cuenten. Pero sí te da un centro de la vida impresionante y puedes llegar a decir ya curado: me ha merecido la pena». Sandra lucha contra ciertos latiguillos del lenguaje que considera injustos. «Hace poco –recuerda– le monté una a la prensa por su forma de abordar la muerte de mi amiga Bimba Bosé. Repetían que había perdido la batalla contra el cáncer. Y no podemos llevar esto al terreno de ganador y perdedor, sino al de curarse o no curarse. Hay personas que no se han curado pero han sido absolutamente inspiradoras de cómo transitar por la enfermedad. Bimba es una de ellas».

La última pasión de Sandra Ibarra son los caballos. «Igual que me ocurre con los niños, dicen que tengo un don para los animales. Y quiero potenciarlo. Voy a empezar a trabajar con un susurrador de caballos», relata entusiasmada. «La vida me ha quitado muchas cosas, pero también me hace regalos maravillosos», asegura esta optimista.

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