Solo se vive una vez

ROSA IGLESIAS

Cumplimento esta semana comiendo mucha carne de cerdo y dulces de todas clases. De los que se preparan por carnaval y de los de todo el año. No soy mucho de discriminar. Y como compulsivamente porque estoy nerviosa y creo matar el gusanillo. Y también porque solo se vive una vez y no todo va a ser trabajo. Tengo ya decidido que el próximo miércoles, que será un día gris, como la ceniza, voy a empezar una dieta. Desde que el mundo es mundo uno se pasa mucho y después vuelve al redil. Somos nuestro propio hijo pródigo. Nos autoimponemos reglas y periodos de restricción sabiendo que no llevan a ninguna parte en la seguridad de que al final casi siempre está el fracaso. Sería bueno poder programar no algunos, sino todos los fracasos para controlar los daños y no quedar destrozado. Normalmente, controlo daños alimenticios respetando la dieta al menos doce horas. Que no está nada mal, solo se vive una vez. Así que desde el miércoles de ceniza abrazaré y abandonaré la dieta una o dos veces al día hasta Semana Santa. Ahí me planto porque vuelvo a tener a mi alcance comida específica de las fechas y porque, oye, solo se vive una vez y para eso trabajo.

La gente anda últimamente buscándose la vida para comer porquerías con envase orgánico y hierbas diversas de orígenes raros y se olvida del concepto clásico de ponerse hasta el culo con cosas que comían ya tus abuelos. Y eso sí que es consumo responsable y de producto de proximidad. Sobre todo, si te lo pone tu madre, que es próxima y cocina bien.

Me agotan los prescriptores de alimentación saludable, la salud no se encuentra en las bayas ni en los nabos. La salud está en la capacidad para discernir. Mi madre me hacía comer cosas que ella decía que eran buenas y nunca me explicó el porqué. Comer bien es un milagro en los tiempos que corren. Por eso es tan bueno un bocadillo de picadillo, que es mi merienda para hoy siempre que me se me cruce alguna otra especialidad. Si comes algo que te quita la tristeza y te hace olvidar a tu jefe, es bueno. No consigo últimamente olvidarme de mi jefe y estoy preocupada porque solo se vive una vez y no trabajo para eso.

Uno trabaja para ganar dinero y gastarlo olvidando el trabajo. La vida es un circunloquio de difícil resolución. Pero, oye, solo se vive una vez.

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