Un tesoro ilustrado y juguetón

Un tesoro ilustrado y juguetón

El Pueblo de Asturias recibe una donación de casi tres mil piezas de cromos de la palma, esas láminas troqueladas que coleccionaron y fueron objeto de deseo de generaciones de niños

M. F. ANTUÑA

Con solo verlos en las imágenes que ilustran esta página a muchos se les iluminará la cara, se le llenará la mente de recuerdos, se les dibujará una sonrisa, e iniciarán de inmediato un viaje a la infancia. Los cromos de la palma fueron juego y colección de generaciones y generaciones y son ahora también un pequeño tesoro que ya encuentra acomodo en los museos. También en los asturianos. El Museo del Pueblo de Asturias acaba de incorporar a sus fondos de artes gráficas una donación de esos cromos troquelados. Marisa Barrios Moro y Rubén Menéndez Álvarez, de Gijón, son quienes han querido dejar en manos del equipamiento cultural su colección formada por 2.851 piezas, de los cuales 1.703 son cromos individuales y 1.148 son pliegos.

Las nuevas generaciones tecnológicas seguramente no hayan oído hablar de esos grandes pliegos de cromos que quedaban unidos por pestañas que permitían que fueran separados para iniciar el juego, esas pequeñas estampitas a las que golpear con tino con la palma. Se colocaban boca abajo, se hacía chocar la mano contra la mesa o el suelo buscando redondear la palma para dar aire y los cromos que quedaban boca arriba se convertían en trofeo. También se jugaba a intercambiarlos y y tenían más valor en función de su tamaño.

Las temáticas de los cromos eran de lo más variadas: retratos, parejas, niños, escenas navideñas, animales, plantas, ciudades, deportes, música, circos, juguetes, banderas, también algunos de ellos aluden a temáticas de cuentos infantiles y religiosos. Son tantas porque también fueron muchísimos los años en los que estos cromos tuvieron vigencia. La colección que ahora atesora el museo gijonés abarca desde finales del siglo XIX hasta 1980.

Hubo tiempos en los que eran auténticas joyitas para los niños y, por ende, para las empresas, que los utilizaban con fines publicitarios. De manera especial lo hizo la industria del chocolate, que los convirtió en obsequio para clientes. La pasión por los cromos fue universal: de Europa a EE UU, litografías e imprentas dejaron su sello.

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