«Tocar es el estado natural de un músico»

Iván Ferreiro. / EFE
Iván Ferreiro. / EFE

Iván Ferreiro actúa el jueves en la ovetense Sala Estilo compartiendo escenario con Rufus T. Firefly y con todo el papel vendido

PABLO A. MARÍN ESTRADA

Iván Ferreiro (Nigrán, 1970) lleva más de un año rodando con su último y aclamado disco 'Casa'. El jueves estará en la Sala Estilo de Oviedo con la gira Mahou y compartiendo escenario con Rufus T. Firefly. El cartel de entradas agotadas le recibirá en su nueva visita a Asturias. Hablamos con el antiguo componente de Piratas del momento dulce que está viviendo su carrera en plena vorágine de promoción del último trabajo.

-Llega a Oviedo con el cartel de no hay entradas, lo que viene siendo la tónica en los últimos años. ¿Se acostumbra uno a petarlo?

-Se lleva con alegría y me hace ilusión ver el cartelito, aunque los promotores ya calculan sitios para que se les llenen (Risas). Lo importante no es que se agoten las entradas, sino ver la reacción positiva del público cuando sales a tocar.

-En las giras se derrocha energía. ¿Reserva algo para cuando toca volver a los cuarteles de invierno?

-En el escenario hay un intercambio de energías. Cuando haces una gira tan larga, al llegar a casa los domingos vengo supercargado y me cuesta tumbarme a ver la tele. Me siento cansado al día siguiente, pero mi cabeza no lo está. Nunca me aburro de gira. Tocar es el estado natural de un músico.

-Pero sí llega un momento en que se siente la necesidad de recoger los apuntes y hacer un paréntesis para regresar a casa como en el título de su último álbum...

-Llevo un año a lo bestia y en un momento tocará hacer ese parón para reorganizarlo todo. No será largo porque luego me cuesta volver, le cojo miedo como un idiota.

-La última vez que paró le salió 'Casa', un trabajo sobre el que la crítica ha sido unánime: su mejor disco. ¿Lo acepta?

-Acojona un poco. Al sacar un disco, tú defiendes que es el mejor y, cuando te lo dicen otros, dan ganas de defender los antiguos (Risas).

-¿Cuál es la fórmula para llegar al éxito?

-No la hay. Se trata de hacer la mejor canción que puedas y contar lo que necesitas contar en cada momento sin pensar en si va a gustar. Ojalá pudiera escribir las canciones que quiero, sentarme y decir: «Voy a hacer un temazo». Eso no pasa. Si me parase a pensar en las claves, la cagaría estrepitosamente.

-Acaba de publicarse 'Canciones para el tiempo y la distancia', de Arancha Moreno, un libro que repasa su carrera. ¿Leerlo le ha llevado a hacer balance?

- Supongo que sería, sí, un balance de sumas y restas, pero me quedo con la sensación de no saber qué ha pasado: sé lo que hice, pero con mi trabajo nunca esperé llegar a donde he llegado y en cada momento no sabía cómo sería el siguiente. El libro refleja esas contradicciones y expresa bien que no tengo ningún plan -ya me gustaría-, no lo hay. Mi vida es como la de todo el mundo. Somos víctimas de las casualidades, unas cosas nos llevan por aquí y otras por allá.

-En ese balance resulta inevitable hablar de Piratas y de cómo lograron ampliar su público...

-Nunca arrastramos demasiados fans. Éramos minoritarios. Teníamos claro que existía una música comercial en la que nos negábamos a entrar. Tal vez nos ayudó ese punto de aislamiento que parecemos tener los grupos gallegos -los asturianos supongo que también- y eso provoca que tu música sea más independiente.

-Entonces había quien hacía causa de ser minoritario...

-Era una época bizarra. Había grupos como Planetas, que nos gustaban mucho, y ellos sí buscaban formas nuevas de construir una canción. Nosotros siempre combinamos un tipo y otro de temas. El problema era la dictadura de las radios, señalaban qué grupos encajaban y cuáles no. Ahora, por suerte, ya no tienen esa influencia, están las redes, hay más diversidad y un público más abierto: escuchan una de Rozalén, otra de León Benavente y otra mía... La juventud ahora tiene una vida musical más feliz que la nuestra. Cuando la música se parece al fútbol, malo.

-¿Cómo ve ese panorama musical actual?

-Hay muy buena salud, los grupos nuevos que escucho están mejor preparados de lo que estábamos nosotros. Antes nos parecíamos todos más. Es un buen momento, aunque económicamente no lo sea. Alguien a quien le guste la música tiene un montón de opciones para oír canciones emocionantes, bien hechas y bien tocadas...

-Ha escrito para Raphael o Sergio Dalma. ¿Cuándo supo que estaban en la misma guerra?

-Siempre tuve claro que estábamos en el mismo bando. Cuando Sergio me propuso hacerle una canción, tenía muchas ganas de que me lo propusiera. Él y Raphael son distintos, pero también otros grupos lo son. Todos queremos tener una canción bonita y cantársela a los demás, la pasión es la misma.

-Ellos llegan a públicos más amplios con sus temas, en los suyos las letras no son fáciles, sus melodías tampoco buscan la condescendencia... ¿Por dónde cree que ha entrado la gente en ellas?

-Es fundamental no tratar al público como si fuera idiota. Recuerdo, en la época de Piratas, las grandes discusiones que teníamos con la compañía por los textos. Decían: «Esto no se entiende, es muy raro...». Nosotros respondíamos que la gente no es imbécil, le gusta escuchar cosas diferentes. Dicho esto, me puede parecer flipante que la gente escuche mis canciones y las entiendan, pero no me parece imposible: las entienden mis amigos, mi novia, mis hijos...

-¿Cómo será su concierto en Oviedo?

-Tengo dos formatos en la cabeza, uno más electrónico y otro más acústico, no sé cuál llevaré. Últimamente, decido las cosas un día antes. Prometo que estará bien y además con los Rufus, que son un grupazo. El propósito es no aburrirnos ni aburriros a vosotros.

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