El triste adiós del chef más salvaje de la historia

Anthony Bourdain, en un restaurante oriental./FACEBOOK
Anthony Bourdain, en un restaurante oriental. / FACEBOOK

El suicidio de Anthony Bourdain pone fin a la carrera del 'Rolling Stone' de los fogones

ÓSCAR B. DE OTÁLORA

La muerte de Anthony Bourdain a los 61 años en un hotel de París, en un supuesto suicidio, acaba con uno de los chefs más emblemáticos del siglo XXI pero sobre todo con un hombre que había convertido la vida en una aventura extrema. Y en ese viaje, la comida era una experiencia que estaba por encima de los refinamientos y las poses. Su teoría era que la comida era una fuente de gozo, y que como todo los placeres, es mejor disfrutarlos al máximo. Era un 'Rolling Stone' de la cocina, un Keith Richards de los fogones, así que no es de extrañar que en su primer libro, 'Confesiones de un chef', pusiera a caldo a Ferrán Adriá -aunque luego se harían amigos-. Para Bourdain, la sofisticación del catalán encerraba una falsedad que su apetito vital siempre al filo no podía soportar.

Anthony Bourdain trabajaba en los últimos años para la CNN, cadena con la que había rodado varios temporadas de documentales sobre gastronomía y sobre su propia vida. Uno de esos programas lo trajo a Asturias el pasado mes de abril junto a su amigo José Andrés. Fue esta televisión la que anunció su muerte. Según la primera versión, su amigo y también chef Eric Ripert lo encontró inconsciente por la mañana en su habitación del hotel. Al parecer, se había ahorcado.

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El libro 'Confesiones de un chef', recuerda El Correo, contiene alguna de las reflexiones de este cocinero que ayudan a entender su concepto de la comida y de la vida. Una de ellas es cómo decidió dedicarse a la gastronomía. Según cuenta, en un viaje a Francia con su familia les ofrecieron unas ostras mientas navegaban en un bote cerca de Arcachon. Los Bourdain, educados en Estados Unidos, donde este molusco se llega a comer rebozado, pusieron cara de asco. Él decidió comérsela por provocar a sus padres y mostrar que era el más macho del grupo. La sensación de tener el mar en la boca le conmovió hasta el punto de decidir que dedicaría el resto de su vida a cocinar y a probar sabores.

En su obra describe además su obsesión por la cocina a la brasa y narra algunas cenas con cocineros de restaurantes turísticos de la costa cuando, al final de la temporada, se reunían de noche en las playas para cocinar la verdadera comida que a ellos les gustaba. Enterrando las brasas en la arena, cocinando en la orilla del mar, esperando el punto de cocción con el ruido de las olas de fondo. Es en ese libro en el que se burló de la decisión de Ferrán Adria de crear un helado con agua de mar.

Tras la publicación de 'Confesiones de un chef' se convirtió en un personaje mediático que viajaba por todo el mundo buscando sabores y nuevos platos en los lugares más insospechados del mundo. En los últimos años, gracias a la influencia de su primera mujer, Ottavia, se había vuelto un adicto al deporte y a las artes marciales extremas.

Su actual compañera era Asia Argento, la hija del director de cine de serie B Darío Argento y una de las mujeres que denunció a Harvey Weinstein por su acoso sexual a las mujeres. En 'Appetite', su último libro, incluye recetas para comer después de entrenar. Su nueva vida, en la que la pasión autodestructiva se canalizó hacia el mundo de las peleas salvajes.

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