Vermú metropolitano y solidario

Nacho Vegas, con el Coru Al Altu La Lleva.
Nacho Vegas, con el Coru Al Altu La Lleva. / FOTOS: PALOMA UCHA / DAMIÁN ARIENZA

Un concierto de aires festivos tomó a mediodía la cita del recinto ferial. Se celebraba el 25 aniversario de Accem, que trabaja en favor de los refugiados, y nadie quiso faltar a un cumpleaños tan especial

JORGE ALONSO

Es más fácil y efectiva la miel que la hiel, siempre es mejor ganar por gusto que por fuerza, es más evidente que la vida merece la pena ser vivida una mañana de domingo soleada que un lunes lluvioso, y es mejor forma de concienciar el deleite que el reproche. Eso es lo que funciona y funcionó la mañana de ayer en Metrópoli, un concierto con aires de festival casero, cómodo, bonito y solidario, en el mejor sentido de la palabra. Un festivalín para recordarnos que hay personas a las que les sabe igual cualquier día de la semana, les sabe a tierra, a frío, a fuego y piedras, y saberlo mientras burbujean esas Eléctricas que merecen cada sonrisa, saberlo al calor de Petit Pop (imbatibles en cualquier formato, con su sutileza siempre luminosa y algo cenital) o de la suavidad de Monä, la madurez exquisita de Nacho Álvarez y el Quarteto Bendición, la contundencia de Duque, la siempre disfrutable presencia de Nacho Vegas y el Coru Al Altu La Lleva y la atrevida frescura de Mr. Cellophone.

Saberlo así mientras la ONG Accem, que trabaja en favor de los refugiados y que celebraba un cuarto de siglo de existencia, empapa de contenido un domingo de puro verano vale más que todas las campañas creativas que pretendan hacernos creer que una tirita es una solución perpetua. Hay acciones necesarias, hay causas imprescindibles y no hay mejor modo de conjugarlas que a través de la música, la belleza y la creatividad. Y si es durante un vermú soleado en Metrópoli, mucho mejor. Infalible.

El festival urbano ha ido aumentando su oferta musical año tras año, y en esta edición una de las novedades más jugosas es la incorporación del formato vermú, siempre agradecido, siempre dispuesto a hacer de un día algo más ancho y casi más largo.

En esta ocasión hubo esa sensación de algo cercano, de distancia inexistente entre quienes estaban en el escenario y quienes absorbían o huían del sol. Eso es algo que puede resultar perjudicial cuando hablamos del hechizo necesario en el ritual de la música popular, pero, en este caso, en esta causa, aumentaba un puntito el índice entrañable e implicaba de un modo algo más intenso a quienes compartíamos el espacio tiempo.

Este es uno de esos casos en los que la distancia entre el chamán y la tribu ha de ser pequeñita para que se note el aliento que nos reúne allí. El sonido, el repertorio, la intensidad, todo eso se convierte en perlas que adornan en mayor o menor medida cuando de lo que se trata es de sentir el mundo áspero que gira lejos de nuestro lugar.

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