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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 26 mayo 2012

Avilés

AVILES
La campana recuperada
Agustín Albuerne, franciscano seglar, ha localizado la primitiva campana de los Padres Franciscanos de Avilés y explica en este artículo su hallazgo
10.07.07 -
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CAMPANA. Luce solemne en el jardín. / AGUSTÍN ALBUERNE
Intramuros del Monasterio de San Pelayo de Oviedo, atrae poderosamente la atención del visitante una gran campana situada en el centro del jardín monacal y retirada hace pocos años de la torre del cenobio benedictino: la campana mayor del Convento de San Francisco del Monte de Avilés, en paradero desconocido desde 1847. Tiene un diámetro de 80 centímetros, altura 78 centímetros (sin asa) y un peso aproximado de 306,6 kilogramos.

El reconocimiento de las inscripciones en ella grabadas no ofrece lugar a muchas dudas: «JHS María y José -hízose siendo guardián el rvdo. P. F. Domingo Gayol Villa-Mil 1819».

La documentación relativa a la campana en el Archivo de San Pelayo la describe como procedente del Monasterio de Santa Clara de Oviedo. Sin embargo, la historia y la investigación sobre esta pieza nos remontan al Convento de los hermanos Franciscanos en la villa del Adelantado.

El origen

Corría el año 1819 cuando la comunidad de frailes de Avilés, bajo la guardianía del Reverendo Padre Fray Domingo Gayol Villamil, solicitó la colaboración de los devotos de la villa para costear la adquisición de nuevas campanas para la torre avilesina. Tenemos constancia a través de los libros de Acuerdos del Ayuntamiento que se fundieron, al menos, dos campanas. La mayor mediante las limosnas de particulares y la segunda en tamaño con los fondos de la Cofradía del Glorioso San Antonio de Padua con sede en el templo de San Francisco de la villa.

Nuestra historia no reviste ninguna novedad hasta que en el año 1835 la fatídica y oscura Ley de Exclaustración forzó la expulsión de los religiosos de sus casas. En los primeros meses de 1836 la comunidad de Franciscanos de Avilés fue suprimida y obligada a abandonar el que fuera su hogar desde los albores del siglo XIII. Después de más de seis siglos ininterrumpidos la llamada de las campanas no volvería a convocar a la oración a los hijos del Serafín de Asís en su templo avilesino.

A partir de 1837, el cenobio seráfico, huérfano de los hijos de San Francisco, será el hogar de las hijas de San Francisco y Santa Clara expulsadas también de su Monasterio de Clarisas de Oviedo. Por decisión gubernamental la Comunidad de Clarisas retornó a su primitivo hogar, el Caserón de Santa Clara en la capital del Principado, en 1847, después de dos lustros en nuestra villa, para ser finalmente suprimida en 1868.

Protestas populares

Para el traslado de la Comunidad de Santa Clara desde el convento de San Francisco de Avilés al de Oviedo, la Abadesa solicitó autorización para trasladar las campanas de la torre. La Autoridad Civil y Eclesiástica de la Provincia autorizaron el traslado de las dos campanas mayores de San Francisco: la mayor y la de la Cofradía de San Antonio.

De poco sirvieron las protestas populares ni la suplica y razonamientos de la Corporación Local ante la Autoridad Civil rogando que se trasladasen dos campanas de San Nicolás pero no las de San Francisco; tampoco las gestiones que a petición de la Alcaldía llevó a cabo don Álvaro de Navia Osorio, Marqués de Ferrera, ante el Gobernador de la Provincia.

Todos los esfuerzos se saldaron con la inculpación y sanción del Alcalde y el síndico de la Villa con sendas multas de mil reales de vellón y con el envío del ejército para controlar la manifestación popular y trasladar definitivamente las campanas a Oviedo. De esta forma curiosa las campanas avilesinas retornaron a la función para la que habían sido fundidas: convocar al pueblo y religiosos al rezo del Oficio Divino, con la salvedad de que los convocados ya no serían los devotos de Avilés sino los de Oviedo y tampoco los hijos de San Francisco sino sus hijas Clarisas.

Con la expulsión definitiva en el año 1868 la Comunidad de Santa Clara de Oviedo revivió nuevamente la amarga experiencia del desalojo, el traslado y la pobreza más radical: la comunidad suprimida de Oviedo decidirá finalmente fundirse con la de sus hermanas Clarisas de Villaviciosa. Para facilitar el traslado de la Comunidad a Villaviciosa las campanas y muchos enseres de las Damas Pobres de Santa Clara se guardarán en San Pelayo. Nuestra gran campana nuevamente vuelve a abrazar la vida en clausura, en este caso no bajo la Regla de San Francisco o la de Santa Clara sino conforme a la benedictina.

No se traslada

En el traslado de las Clarisas a Villaviciosa la gran campana no se llevó. La comunidad ya instalada en Villaviciosa decide vender dicha campana a la de San Pelayo. Los motivos por parte de las Clarisas para la venta pueden intuirse: la estrechez en que vivía la Comunidad al verse privada de sus rentas con las leyes de desamortización, las condiciones del modesto y sencillo cenobio de Villaviciosa con una humilde espadaña con espacio sólo para una pequeña campana y, seguramente también, las dificultades y coste de trasladar la campana mayor de Avilés debido a su peso y envergadura.

Durante más de un siglo, 113 años, la campana mayor de San Francisco de Avilés desempeñó efectivamente su función en la torre benedictina ovetense hasta que en 1992 la comunidad adquirió nuevas campanas ubicando la antigua avilesina en el centro del jardín del monasterio, embelleciéndolo no con su sonido pero sí con su presencia.

La campana mayor del Convento de San Francisco de Avilés es con toda probabilidad la mayor y más antigua de las campanas históricas de Avilés si tenemos en cuenta que la práctica totalidad de estas piezas fueron destruidas en el transcurso de la oscura Guerra InCivil. Queda pendiente de localizar la campana de la Cofradía de San Antonio, aunque cabe sospechar que ésta será una tarea más ardua que la de la mayor.
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