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Sociedad

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Guerrillera de corazón
La asturiana Matilde Díaz González de Lena lleva más de cuatro décadas trabajando por un mundo más justo desde dentro y fuera de España
24.08.07 -
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Guerrillera de corazón
SOLIDARIA. Matilde, segunda por la derecha, con unos compañeros en una jornada sobre cooperativismo en El Salvador. / FOTOS CEDIDAS POR MATILDE DÍAZ
Matilde Díaz González de Lena es «guerrillera de corazón». El término le sale de manera repentina al hablar de la justicia -«que a veces puede ser muy injusta»- en una cafetería del corazón de Oviedo. Lo hace mientras las campanas replican el 'Asturias patria querida', el himno de la misma tierra que en 1965 decidió abandonar rumbo al sur de Italia.

Allí comenzó -profesionalmente- una historia que le ha permitido ayudar a centenares de personas de dentro y fuera de su país. «Era el año 1965 y muchos ciudadanos italianos del sur viajaban hacia el norte en busca de un trabajo», empieza a contar. Allí, en Italia, en un centro social de atención a emigrantes, consumó casi dos décadas de su vida. Fue un trabajo pero también una «experiencia personal interesantísima».

Nada menos que 17 años después, Matilde regresaba a España. Lo hacía para continuar como trabajadora social en Asturias. Los tribunales de menores y los juzgados de familia -que entonces empezaban a tomar cuerpo en nuestro país- eran parte de los lugares que frecuentaba para asesorar a los jueces que se hacían cargo de la disparidad de casos que llegaban a sus manos. «Aquella sí que era una época de mucho trabajo», recuerda.

El salto a la Concejalía de Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Oviedo le acercaría a la realidad más cercana: la suya y la de sus vecinos. La Asociación Prisión y Sociedad dedicada a los reclusos de la cárcel de Oviedo, «ese edificio tan grande que ahora quieren todos», fue uno de sus campos de trabajo. Las mujeres encarceladas se convirtieron en el objetivo de sus reivindicaciones porque «ellas, a diferencia de los hombres, no tenían ni siquiera maestros que las enseñaran».

Mientras, al otro lado del charco, las tensiones en el brazo centroamericano continuaban noche y día. Los Comités Óscar Romero -nombre del sacerdote católico asesinado tras reivindicar justicia y derechos para el pueblo salvadoreño- empezaban a reproducirse por todo el continente. En 1990 y de la mano de los Comités de Solidaridad, Matilde tuvo la oportunidad de rozar aún más la realidad que se vivía en la zona. Un viaje a El Salvador la acercó definitivamente al sufrimiento que afligía el país de norte a sur. «Acababan de salir del conflicto; los acuerdos de paz fueron en 1992 y la gente tenía muchas necesidades pero, también, mucha esperanza por lograr la paz».

Desde entonces, «y especialmente desde la jubilación», Matilde regresa con frecuencia a algunos de los enclaves que pisó hace 17 años. Lo hace «cada uno o dos años» para apoyar el Movimiento Salvadoreño de Mujeres del que es una de sus más importantes embajadoras aquí en España. La organización, nacida en 1988, lucha por el desarrollo y la igualdad de ellas y de sus familias. «Yo escogí trabajar con estas personas porque lo que hacían coincidía con mi mentalidad y mis compromisos», apunta.

En este tiempo, esta asturiana natural de El Entrego, ha formado también una Red Solidaria junto a su familia y amigos. Sólo en los últimos ocho años han logrado subvencionar centenares de becas para chicos y chicas de El Salvador que veían frenados sus accesos a estudios superiores como consecuencia de las kilométricas distancias que había entre los centros de estudio y sus hogares.

«Ahora les hemos proporcionado medios de transporte y el refrigerio, que es como ellos llaman a la comida». El resultado habla por sí solo: 300 jóvenes han logrado licenciarse gracias al programa. Además, con la ayuda del Movimiento de Mujeres Salvadoreño, el vehículo para canalizar las aportaciones de la Red, se han levantado centros de enseñanza más cerca de las poblaciones en las que viven los chavales y se han construido centros infantiles -el 'jacalito'- próximos a las fábricas de confección conocidas también como 'maquilas'. Cuenta Matilde que ella tiene como familia «el mundo entero». «Yo quiero ver este sistema cambiar; a mí no me vale esta economía que permea todo y que, dicen, es científica hasta no poder arañar nada». Tal vez por eso, no se cansa de contar la historia de David y Goliat. Porque «juntos», presume, «lo conseguiremos».
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