Cada verano, diferentes equipos de investigación escogen la zona oriental del Principado como campo de trabajo para, paso a paso, seguir escudriñando en el pasado y descubrir los secretos ocultos en sus cuevas. Así, además de por su riqueza, gracias al elevado número de excavaciones en marcha, parece que los descubrimientos no dejan de sorprender a propios y extraños.
Un año más, han aparecido nuevos restos en algunas de las cuevas de la comarca que aportan más datos sobre la forma de vida de los hombres prehístoricos. En la cueva de Sopeña, en Onís, desde 2001 se han recuperado piezas de hace unos 35.000 años, algunas de ellas tan interesantes como unas pinturas que utilizaban los neandertales para pintarse la piel. También en la cueva de Llonín, en Peñamellera Alta, el equipo de excavación de Javier Fortea encontró en su día pequeñas cajas de piedra con restos de animales en su interior, incluido algún pequeño mamífero.
Comportamiento
Este tipo de hallazgos, así como el hecho de que sean anteriores a la llegada de los cromagnones a la cornisa cantábrica, parecen confirmar las teorías de que el Hombre de Neandertal no copiaba este tipo de comportamientos de ellos, sino que los había adquirido por cuenta propia. La arqueóloga Gema Adan, de la Universidad de Oviedo, asegura que «en el Oriente Asturiano hay un gran número de investigadores trabajando, y por eso salen muchas cosas. Si salen es también por que las hay. Sobre todo es una zona puntera en arte prehístorico», confirma.
Esta investigadora está ahora inmersa en las investigaciones en otra zona, en la cueva del Conde, en Santo Adriano, dónde junto a Juan Luis Arsuaga y Miguel Arbizu trata de desentrañar alguna otra parte del gran enigma que supone la forma de vida y la causa de la desaparición del Hombre de Neandertal.
«Todas las investigaciones son importantes, porque aportan diferentes datos de cómo eran, qué hacían y cómo pensaban los neandertales», explica la investigadora.
Así, la cueva del Sidrón, en Piloña, logró con su gran número de restos humanos ponerle cara a los individuos -o al menos a algunos contemporáneos- de los que tantas otras pistas fueron dejando por diferentes puntos de la comarca oriental. El estudio de su ADN, además, servirá a los científicos para seguir descubriendo más claves. También estos días siguen las excavaciones en la cueva de La Güelga, en Cangas de Onís, que sigue dando grandes resultados.
Después está el arte, con las pinturas de Tito Bustillo, de El Pindal, de El Buxu, en El Sidrón Los grabados de Les Pedroses, en Ribadesella, los enterramientos de la Cueva de Los Azules, la cueva de La Loja Y acercándonos en el tiempo, también los enterramientos de la cueva de Arangas, descubiertos hace años, así como las diferentes piezas que han ido apareciendo en las excavaciones posteriores nos ayudan a conocer mejor a los pobladores anteriores de estas tierras. Todo un mundo por descubrir que, poco a poco, va saliendo a la luz.





