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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 24 mayo 2013

Oriente

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Con tacones a la ruta del Cares
El teniente del Grupo de Montaña,Javier Medina, y el sargento nodal, José Luis Sánchez, narran situaciones vividas en sus intervenciones
15.09.07 -
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Con tacones a la ruta del Cares
EVACUACIÓN. Guardias civiles trasladan a un herido. / D. E.
Les encanta su trabajo porque les permite estar cerca de la montaña. Y es en ella donde han visto ocurrir infinidad de sucesos. Unos con mejor final que otros, pero todos llevan la esencia de su profesión: la pasión por la montaña y el trabajo que se esconde tras cada rescate. Un trabajo para el que entrenan a diario y cuyo resultado les reconforta. Durante este año han tenido que coordinarse para desplazar a los equipos en más de setenta ocasiones. Y de este año cuentan algunas de sus anécdotas.

De todos es conocido, aunque las estadísticas de los accidentes no lo confirmen, que es fundamental salir a los Picos de Europa con un calzado apropiado. Qué menos que unas botas de montaña para andar por, valga la redundancia, por el monte. Pero parece que esta frase repetitiva no sirve de mucho. «Hemos llegado a rescatar a una chica en tacones que estaba haciendo la ruta del Cares», explicaba asombrado el teniente del Grupo de Montaña de Cangas de Onís, Javier Medina que se ha incorporado a la Sección este año.

Zapatillas de esparto

Gente en zapatillas de esparto, padres con el carricoche de un bebé, personas caminando entre la tormenta en medio de algunas cumbres... Son algunas de las situaciones que se repiten constantemente en los Picos de Europa. Lo sabe bien el sargento nodal del GREIM, José Luis Sánchez, que lleva en ese puesto de Cangas de Onís desde 1983. Sánchez ha visto desfilar por su lado situaciones de todo tipo.

«Agua, ropa de abrigo, un poco de comida, buen calzado, mucha información, sobre todo de la climatología, un GPS y una cartografía», son fundamentales a la hora de emprender una salida por los Picos, dice. Pero «nos encontramos a gente sin ropa ni calzado adecuados, totalmente desinformada y con mapas antiguos». Sin embargo, aunque se cumplieran los requisitos «no se evitarían todos los accidentes, ya que estos son debidos a una estadística clara: a más gente más percances». Y la montaña es el destino preferido, cada año, por más gente.

No hay rescates más complicados o menos, de hecho «los accidentes más graves son en sitios aparentemente sencillos», explican. «Recuerdo una vez que llegamos a la ruta del Cares. Nos habían avisado de que una familia estaba atrapada en una pared. Cuando llegamos no entendíamos cómo podían haberse quedado allí, estaban colgando, literalmente, agarrados exclusivamente con las manos a la pared», explica Medina.

«Y es muy frecuente encontrar excursiones de niños caminando por los neveros como si lo hicieran por una acera normal, sin considerar, ni ellos ni sus monitores, el peligro que tiene la nieve», continúa.

Las búsquedas de desaparecidos en los Picos son las salidas más frecuentes de estos profesionales. Pueden pasarse horas en el monte y hasta que no hallan al accidentado no se dan por vencidos. Eso tiene una recompensa: «La gratitud de las familias y el saber que se acaba un trabajo bien hecho». La sonrisa «y unos pasteles o placas de recuerdo», que hoy cuelgan de las paredes del cuartel, son algunas de esas muestras de gratitud que les han hecho llegar a estos hombres de la montaña.
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