Pero a todo eso fue ajeno el piloto de Racing Engineering. De hecho, no cabía en sí. Ni al principio, ni mucho menos al final de la exhibición, cuando le acosaban medios de comunicación y aficionados que se habían saltado el cordón de seguridad. «Después de ver a toda esa gente ahí, gritando, mimándome, animándome, es como para repetirlo todos los días», se le escuchó decir a Villa, que definió como «increíble» lo que acababa de vivir. «No esperaba, sinceramente, que fuera así», añadía.
El de Colunga ha aprendido a lidiar, la fuerza obliga, con los patrocinadores. Ayer se le vio especialmente suelto cuando le tocó el turno de atenderlos, que no fueron pocos. Por ejemplo, cuando por el box -el mismo que el equipo Racing Engineering lleva a los grandes premios- instalado en el tramo final de la calle de Marqués de Santa Cruz aparecieron, casi al unísono, el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, y el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo.
Los dos, en cualquier caso, acompañados por su equipo. El primero, junto a la consejera de Cultura Encarna Rodríguez y los directores generales de Turismo y Deportes, Elisa Llaneza y Misael Fernández Porrón. El segundo, con los concejales Isabel Pérez Espinosa, Agustín Iglesias Caunedo, Jaime Reinares y José Manuel Arias-Cachero.
Su encuentro fue relajado -«el presidente me ha felicitado por el triunfo del Oviedo», dijo De Lorenzo, que siguió la exhibición con una gorra en la cabeza, regalo de un patrocinador-. Porque la cita fue, ante todo, un encuentro de imagen, con Telefónica y Repsol al frente. Como recuerdo pasará el regalo sorpresa que la compañía petrolífera ofreció al piloto asturiano: el Fórmula Junior con el que ayer deleitó a la afición.





