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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

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100 años y cuatro generaciones
María Juliana estudió en La Asunción, como su madre y su abuela y, ahora, su hijo. Pero, además, es profesora en el centro y prepara el centenario

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100 años y cuatro generaciones
VÍNCULO. María Juliana, en el patio del colegio La Asunción. / P. UCHA
En sus cien años de historia, muchos son los gijoneses que han estudiado en el colegio de La Asunción y que tiempo después han seguido manteniendo el contacto con la congregación. Pero pocos pueden decir que tienen tanta vinculación con la entidad como María Juliana Rodríguez. La historia se remonta a la hermana de su abuela, María Jesús Alvaré, una de las cuatro primeras alumnas del centro. Con las hermanas de La Asunción, también estudiaron su abuela, siete de sus tías, su hermana Belén, ella misma y como no podía ser de otra manera su hijo Nicolás, que constituye la cuarta generación de la familia que pasa por el centro. Y su vinculación es más allá porque María Juliana es profesora en La Asunción desde hace 10 años.

Sin embargo, tiene una pena: «Mi sobrino no pudo matricularse este año porque no cumple los requisitos. Fue un auténtico drama para nuestra familia, porque todos hemos estudiado aquí» comenta y añade: «No hay derecho a que no puedas elegir donde llevar a tus hijos».

Con los preparativos del centenario, María Juliana reconoce que en su casa han recordado muchos momentos de la vida de su familia en el colegio. «Mi padre se acuerda de cómo cuando estudiaba en el Corazón de María venía a ver a las niñas en el patio y mi madre nos cuenta cómo eran los uniformes de aquella época, con una capelina roja en la cabeza que no se sabía muy bien para qué era. En aquellos años mis tías estaban internas porque eran de Tremañes y de aquella estaba muy lejos, no es como ahora», comenta.

María Juliana entró en La Asunción con 5 años y permaneció hasta su graduación. En todo ese tiempo fueron muchas las monjas con las que trató, pero recuerda con especial cariño a la madre Blanca que fue quien le preparó para la comunión. «Antes las llamábamos madres. Decían que era porque nos educaban como si fuéramos sus hijas», afirma.

Actualmente no hay tantas monjas en el colegio y los métodos educativos han cambiado, pero «el espíritu» de las asuncionistas no se ha perdido. «Seguimos inculcando a los niños lo que las fundadoras llamaban las tres eses: sencillez, sinceridad y servicio. Es decir que eches una mano siempre que puedas. Al final se nota en tu comportamiento a lo largo de la vida».

Es tanta la vinculación de María Juliana y su familia con el centro que, según explica, tan sólo se refieren a él como 'el colegio'. «No tenemos que especificar porque se sobreentiende». «Aquí somos como una familia, incluso la madre Lourdes, 15 años después, todavía se acuerda de mi nombre y el de mis compañeras. Siempre encontramos las puertas abiertas. Es tan intenso que cuando hacen una reforma y tiran una parte como ocurrió ahora con el edificio Nazaret, parece que te quitan una parte de ti », asegura.

Además, señala que las fiestas, que se celebran hacia el 20 de junio, son muy emotivas debido a todas estas razones. Seguro que el centenario también lo será. Por ello, los niños de tres años a los que María Juliana da clase, han estado preparando al igual que sus compañeros, la celebración que comenzará mañana.

«Los pequeños están viviendo este curso como si fuera un auténtico cumpleaños. Han estado pintando una tarta de tres pisos para el lunes que será la apertura de las celebraciones por parte de los alumnos», comenta.

Pero la encargada de abrir los actos del centenario será Margarita Salas que mañana dará una clase magistral a los alumnos de Bachillerato, por la mañana y por la tarde, ofrecerá un pregón. Un día después, María Juliana, con el resto de profesores, se reunirán en una comida que tendrá lugar en las propias instalaciones del colegio de La Asunción.
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