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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

Cultura

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Pasión de ida y vuelta
Migue Ríos, Hevia y Nuberu se unen en Gijón en un homenaje a Víctor Manuel que abarrotó por completo el Teatro Jovellanos de público, música y emociones

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Pasión de ida y vuelta
PADRE E HIJO. Un emocionado Víctor Manuel cantó con el acompañamiento de su hijo David al piano. / CITOULA
No le gustan a Víctor los homenajes. Es sabido. Pero ayer al de Mieres le «prestó», como dijo la alcaldesa, el que se le rindió en Gijón. Bajo una constante sonrisa se le vio alguna que otra vez librando batalla en la primera fila contra más de un nudo instalado en la garganta. No cuando los responsables del tributo -la Asociación de Musicoterapia, Docencia e Investigación del Principado de Asturias , y la creada para la Integración y el Asesoramiento de Emigrantes Retornados de Asturias-, el presidente Vicente Álvarez Areces y la alcaldesa Paz Fernández Felgueroso, casi le entierran en placas, flores, bronces y elogios. Ni cuando los amigos de otras partidas (Ángel González, Sabina, Serrat, María Dolores Pradera, Rosa León y García Montero) le saludaban sonrientes sobre la pantalla del Jovellanos, porque de sus buenas palabras están los oídos del cantante llenos. Pero sí se emocionó cuando se puso en pie el teatro, en el que no cabía una persona más. Primero para celebrar como una sola voz 'El chalaneru', respondiendo al envite de Nuberu, y después para cantar con Miguel Ríos 'El blues del autobús'. Le puso el roquero el micrófono al público, que antes de ese gesto ya había roto con las palmas la barrera entre el escenario y las butacas, y le salió al respetable una interpretación que ni ensayada.

Para entonces parecía que no iba a poder ser superado el momento, la emoción y el mimo de esta rendición a varias voces, en que quedaron convertidos los III Encuentros de la música, las letras y las artes en Asturias, marco del homenaje. Pero habría más. Cuando, por fin Víctor Manuel se subió al escenario y se puso a cantar 'Asturias', con su hijo David San José tocando el piano (también lo hizo con el blues de Ríos), el Jovellanos se rompió de pasión por él. Ya le habían rendido amores varias veces al escucharle hablando de justicia y banderas amables, entrevistado por el periodista Diego Carcedo. Pero cuando empezó a cantar ya cerca de las nueve de la noche se notó en la platea que era tiempo el que se llevaba esperando. Más de una lágrima cayó con el cantautor que nunca creyó que iba a disfrutar tanto con la fiesta y confesaba, ante Carcedo, que lo primero que intentó al saber qué se preparaba «fue quitárselo de la cabeza» a sus responsables.

Se refería a las presidentas de las asociaciones que lograron el encuentro, Marina Díaz Huergo, y María Luisa Fernández. Para ellas también hubo aplausos al recordar que en el corazón de este tributo estaba lleno de admiración por la identidad, el compromiso y la libertad de quien ha sido la música de Asturias en lejanas geografías.

En realidad, fueron muchos los protagonistas de la noche. Entre ellos, José Ángel Hevia, interpretando una pieza a la gaita que era pura exhibición de virtuosismo, recordó lo importante que había sido «y era» Víctor Manuel en las vidas y en los sueños de muchos asturianos. «Eres nuestro símbolo, el referente en el que se miraron todos los que quisieron hacer música en Asturias», dijo.

La cantante de tonada Mari Luz Cristóbal Caunedo puso la carne de gallina al de Mieres y a sus hijos, David, el tímido pianista, y Marina, la actriz, que aplaudió, al lado de Miguel Ríos, todo lo que pasaba en el escenario, incluida la sentida interpretación de 'Santa Bárbara', del Coro Minero de Turón. Unidos en la oscuridad bajo los cascos y la iluminación de sus carburos, ofrecieron una de las estampas más singulares de la noche presentada por Ramón Uría y Luz Pontón. Como singular fue también la intervención del grupo de baile La Folixa, de Carreño, gracias a los que se inició la fiesta antes, incluso, de llegar al teatro, al que acudieron con su jota de Ibias, un 'Ramu' y sardinas.
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