En España han sido famosos otras imágenes de las que el autor no puede sentirse muy orgulloso. En diciembre de 2006, aparecía una grabación de las cámaras de seguridad de Metro Madrid en la que se veía una pelea entre inmigrantes latinos en los andenes de una de las estaciones. Se pidió que se retirará por las implicaciones que tendría el robo de la cinta al suburbano madrileño, pero a día de hoy el vídeo continúa en Youtube.
Además hay infinidad de páginas en las que menores, algunos niños, se lían a puñetazos. En otras una migo gracioso graba a su colega mientras este orina contra un árbol.
Más preocupantes son la serie, todas colgadas por la misma persona, que solicita en el propio portal que le envíen este tipo de cintas, en la que varias jovencitas bailan y se desnudan frente a la webcam del ordenador de su habitación. Las imágenes no llegan a ser ponográficas, lo que supondría su inmediata eliminación, pero dejan poco a la imaginación de quien decide verlas.
Drogas en Valencia
La lista es interminable, pero si alguno de los contenido desata las propias normas impuestas por la herramienta, son las vejaciones realizadas a un grupo de toxicómanos valencianos. En ellos, unos jóvenes golpean con balones, animan a arrastrarse por el barro y hacen comer moscas a los drogadictos.
En una serie de doce vídeos, colgados progresivamente durante los últimos mes, varios jóvenes de la capital del Turia humillan de las más diversas maneras a distintos drogadictos de la ciudad. En uno de los vídeos, una persona, identificada como «comemoscas» por quien volcó la grabación en el portal, no sólo se traga una mosca que le facilitan estos jóvenes, sino que da a entender que acepta doblar la cerviz a cambio de dinero. «Más moscas», reclama mientras muestra calderilla en una mano. Esta misma persona aparece en otras dos grabaciones volviéndose a tragar moscas entre las risas de todos los presentes.
En otra reproducción, se puede observar como otro drogodependiente se deja untar el cabello con una crema depilatoria.
En otro, titulado 'estilo libre en charca', animado por la gente, el toxicómano se desviste hasta quedarse en ropa interior y, a continuación, se lanza sobre un charco. Haciendo como si nadara, va arrastrándose por el lodo a lo largo de cerca de diez metros. «Tengo frío», masculla el afectado.





