
La idea de Patrimonio es que las piezas sean mostradas en el remozado Museo Arqueológico y ello a pesar de que este enclave había sido rechazado en vida por Joaquín Manzanares.
Rodríguez Asensio está convencido, sin embargo, de que la reforma del inmueble no es solo física también conceptual hasta el punto de que ahora convencería plenamente a Manzanares de que se trata del lugar idóneo para su colección.La respuesta del único hijo varón del ex cronista sitúa las cosas en el mismo estado en que siempre se han movido y de hecho dice que conoció la nueva propuesta de Rodríguez Asensio, por EL COMERCIO. No es la primera vez que se produce este 'toma y daca'. Por un lado estaría la intención del Gobierno regional de exponer las piezas cuanto antes y, por otro, las negociaciones fallidas con la familia. «Lo único que nosotros queremos es hacer realidad la voluntad de mi padre», insiste Manzanares hijo.
Uno de los inconvenientes hallados por el Principado a lo largo de estos años es la exigencia en las condiciones planteadas por el historiador. Manzanares deseaba que el Tabularium dispusiera de siete salas para distribuir la colección por épocas. El monasterio de las Pelayas, propuesto verbalmente por el Gobierno regional con anterioridad a la propuesta del Arqueológico, fue uno de los lugares que más convenció al coleccionista, pero las negociaciones tampoco prosperaron en este sentido. Manzanares exigía además decidir sobre su dirección, distribución y montaje. Pero el verdadero problema se centró siempre en la cantidad económica solicitada por el investigador que nunca bajó, según parece, de los dos millones de euros.
A cal y canto
El valor del Tabularium es incontestable y, de hecho, cabe recordar que el Metropolitan de Nueva York pujó por la colección. Al final, ni el Metropolitan ni el Principado de Asturias se quedaron con el valiosísimo patrimonio, que de momento aguarda «cerrado a cal y canto», en palabras textuales de Francisco Manzanares, en la casa familiar del Prau Picón.





