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Cultura

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«Aspiro a hacer pequeños libros para pequeños libreros», dice Mario Muchnik
El legendario editor presenta hoy en Gijón una exposición doble de retratos y paisajes y ofrecerá una conferencia sobre el estado de salud de los libros
23.01.08 -

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«Aspiro a hacer pequeños libros para pequeños libreros», dice Mario Muchnik
EDITOR Y FOTÓGRAFO. Mario Muchnik fotografía con su pequeña cámara a quien le retrata. / PALOMA UCHA
«Cuidado forastero», advierte Mario Muchnik, físico, fotógrafo, escritor, músico y legendario editor incombustible, al descubrir con gesto vaquero su pequeña Leika bajo el abrigo. Se ríe inmediatamente y, mientras, reta a la fotógrafa del retrato que acompaña estas líneas. Dicho y hecho. Ella levanta el objetivo y él, divertido, sin parar de reir también la dispara. Y es que a este argentino (Buenos Aires, 1931) de Cataluña, que hoy hablará de la salud de los libros en Gijón y abre dos exposiciones de fotografías en la antigua Escuela de Estudios Empresariales, le gusta jugar como a un niño antes de ponerse serio, antes de contar que «pese a las grandes satisfacciones intelectuales y morales» que le ha dado la edición de libros, «no repetiría profesión si hoy tuviera que volver a empezar». Eso sí, su aspiración sigue siendo hoy la misma de siempre: «Hacer pequeños libros, de pequeños autores, para pequeños libreros».

Y cuando Muchnik dice pequeños autores no habla de jóvenes talentos, que también, pues asegura que el mundo está lleno de ellos. Se refiere sobre todo a inteligencias como las de Kafka, Cortázar o Becket, «de los que ya no se vende nada, porque el libro forma parte ya de un gran mercado, donde sólo priman los títulos millonarios de autores o personajes millonarios, como los Follet o los Harry Potter».

Cuenta este intelectual, memoria viva de la edición nacional, que en España «se sacan a la luz unos 80.000 ejemplares de los que la mayoría son basura y cuando digo basura me refiero también a los grandes best-seller. Los demás quedan fagocitados por ese gran terremoto de éxitos y de intereses económicos».

Para mantenerse al margen de ese gran teatro del que no le gusta ser espectador, y menos actos, Muchnik ha creado su propia editorial. Un taller, que lleva su nombre y en el que sólo trabaja él. «El día que deba cerrar, cerraré, sin asistir a ninguna quiebra».

Desde él trabaja en pequeñas ediciones, que atienden sólo al talento de quien escribe. Algo que debería premiarse, como también a aquellos libreros que «no apilan naranjas, sino que pueden aconsejar y ayudar a una persona que entra en su tienda a buscar un libro determinado».

En Francia, cuenta, ya han reaccionado y «los libreros-libreros serán ayudados con una ley que distinguirá con un sello de calidad su trabajo». En España, añade, puede que, tras las elecciones, César Antonio Molina, el ministro de Cultura, intente «hacer algo parecido para que no mueran las pequeñas librerías y se mantengan las distancias con las grandes cadenas».

Habla así Muchnik cerca de sus retratos de grandes literatos y también buenos amigos, reunidos bajo el título de 'Instantes robados'. Paul Sartre, Ítalo Calvino, Jorge Luis, Borges Vargas Llosa, Julio Cortázar, John Cage, Gabriel García Márquez, Ernesto Sábato, Juan Marsé, Bryce Echenique y un largo etcétera están en la lista mirando al espectador con su gesto en blanco y negro.Y con ellos, ellas. Simone de Beauvoir, Susan Sontag, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite y, entre otras, Carmen Posadas, la más joven del encuentro, aunque no su mirada, ya que el editor fotógrafo reunió a la gran mayoría de sus espadas literarios en plena juventud. Y sobre ellos y ellas, en el piso de arriba, los paisajes urbanos de 'Crónicas viajeras', otra colección «que resume toda mi vida de fotógrafo, desde los años sesenta hasta hoy», dice. Presentada sin voluntad crónica -las imágenes fueron colgadas por el fotógrafo siguiendo un orden estético, «de contrastes y de miradas»- la exposición se abre con «fotografías urgentes, festivas» y se cierra con retratos de soledad. «Mira la última foto, es una persona que se va bajo el paraguas y parece quererse ir también de este lugar».

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