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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Asturias

40 CUMPLEAÑOS DEL PRÍNCIPE
Hijos de la Transición
Seis asturianos de la edad del Príncipe Felipe hacen un repaso a los cambios que ha sufrido España a lo largo de las últimas cuatro décadas

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Hijos de la Transición
GENERACIÓN. De izquierda a derecha, María del Mar Calzón, Guillermo Simón, Monchu y Jesús Rodríguez, en EL COMERCIO. / J. PAÑEDA
Se denominan como los «hijos de la Transición». Han crecido con la democracia y experimentado en primera persona la metamorfosis de un país que se ha hecho adulto como ellos. En vísperas del 40 aniversario del Príncipe de Asturias, que se celebra el próximo miércoles, EL COMERCIO conversa con seis asturianos de su generación al objeto de reflexionar sobre las últimas cuatro décadas que han cambiado la cara de España.

«Hemos crecido en un país democrático», sentencia María del Mar Calzón, que resume el sentir generalizado del grupo. Esta abogada lamenta que en el camino hacia el estado del bienestar actual se han perdido por el camino las relaciones. «Cuando éramos pequeños había unos vínculos más familiares, más estrechos», afirma.

«Somos la generación que nos criamos en la calle», suscribe el pintor Guillermo Simón, que añora los tiempos en los que los niños disfrutaban «con cuatro cosas». Hoy, señalan, eso es imposible. El auge de las consolas o internet es cada vez mayor y eso les causa cierta preocupación a la mayoría por la falta de comunicación. No es la teoría que defiende el gaitero José Ángel Hevia. A su juicio, las nuevas tecnologías «cambiarán la historia de la humanidad». Se niega a pensar que los niños y niñas del presente serán «becerros en el futuro». «En el país del botellón -añade-¿Cómo se puede decir que se perdió el ambiente de la calle?».

«Algunas veces se utilizan los nuevos soportes tecnológicos para comunicarse con alguien que tienes al lado», critica María Avello. Esta especialista en el marco de derechos humanos y derecho internacional lamenta, por contra, que hoy exista un «desconocimiento» del pasado más inmediato.

«Si no sabes de dónde vienes es difícil saber a dónde vas», asevera pocos días antes de trasladarse a vivir a Boston para seguir con su carrera profesional. Cree que el actual escenario dista mucho del que conoció años atrás: «Esta es una sociedad competitiva y mucho más anárquica.

La cosecha del 68, a la que pertenece el Príncipe, es una generación, aseguran, con mucha formación y que obtuvo el máximo rendimiento a su etapa académica en la mayoría de los casos. Esa educación les ha permitido cumplir buena parte de los sueños que tenían cuando eran pequeños.

«Mi aspiración era trabajar en aquello que me gusta y lo he conseguido», resume Guillermo Simón al referirse a la pintura. Un ejemplo distinto lo representa Ramón Suárez del Valle, más conocido como Monchu. Ex futbolista de Primera División en equipos como el Sporting, Sevilla o Mallorca, reconoce que ha cumplido «con creces su sueño de infancia». Hoy, entrenador de la selección sub 14 de Asturias, admite que el fútbol es «secundario» respecto a la familia.

Lejos de anhelos y fantasías, María del Mar Calzón asegura que ella sólo se planteó superar metas a lo largo de un camino en el que señala «se han cambiado los modos de vida». Si miran atrás, recuerdan, las mujeres estaban dedicadas a la casa y a los hijos. «Costó romper la barrera cultural. Tuvo mucho mérito».

«Hoy son las dueñas del mundo», afirma Monchu. «Nos ganan en inteligencia y personalidad», añade Guillermo Simón. «El papel de la mujer ha cambiado -admite Avello- pero es un proceso muy lento». Esgrime su experiencia en el marco de la cooperación internacional que le ha llevado a trabajar durante seis años en torno a las crisis de los Balcanes. «Es un mundo masculinizado», explica. Asume que la mujer «tiene aún mucho que pelear» para dejar de ser «un mero acompañante». «Los patrones regresivos aún pesan mucho en esta sociedad», insiste.

José Ángel Hevia asegura que él siempre vio a la mujer como igual. Su liberación, precisa, supuso la «esclavitud de la pareja». El gaitero destaca que, antes, uno de los dos cónyuges mantenía a la familia y el otro estaba en casa. En la actualidad, comenta, «tienen que trabajar los dos para conseguir el mismo sueldo». En esta misma dirección, el economista Jesús Rodríguez Sanmartín apunta otra idea importante: «Más que un problema de empleo, ha disminuido el poder adquisitivo. Necesitamos más dinero para comprar lo mismo».

Inquietudes sociales

Los nuevos tiempos no han impedido olvidar lacras como la violencia machista. «Ahora -afirma Calzón- es un fenómeno que tiene más repercusión mediática, pero es un problema que siempre existió». Jesús Rodríguez plantea una reflexión a este respecto: «Muchos de los casos que vemos a diario tienen a los inmigrantes como tristes protagonistas».

Introduce así en el debate una palabra cuyo significado ha cambiado para los españoles a lo largo de los últimos cuarenta años: emigración. España pasó de ser un país emigrante a recibir ciudadanos del exterior.

No reparan en críticas, algunos de ellos, a la hora de hablar de la regulación de este proceso. Es el caso de María del Mar Calzón o Guillermo Simón. «Hay barra libre y eso ha permitido la entrada de muchos que no vienen a trabajar», lamentan, al tiempo que comparan la situación con la que vivieron muchos emigrantes españoles «que iban con un contrato en la mano». En su opinión, «no hay nada malo en que vengan extranjeros cuando contribuyan a los avances del país».

«No se tomó ejemplo de lo que se hizo en otros países», reflexiona María Avello, que ha trabajado siempre fuera de España en distintos países. Inmigración va ligada muchas veces a empleo. «Hoy es más difícil encontrar un trabajo a la carta», asegura Simón, que entiende el problema de muchos jóvenes que siguen viviendo en casa después de los treinta. «Yo mismo -añade- vengo de una familia numerosa. Hoy es impensable en muchos casos».

María del Mar Calzón matiza esta idea. En su opinión, existe en nuestra sociedad actual un «exceso de conformismo que antes no existía». «Para qué voy a cambiar si vivo mejor así», comentan casi a unísono. «Antes -rememora Simón- la gente se esforzaba más. Ahora, predomina la estética de 'operación triunfo'».

Existe inquietud en este sentido. No lo ocultan. La educación de las futuras generaciones tiene, a juicio de todos, tiene una importancia fundamental. «Falta disciplina», apuntan algunos. «Es de ciencia-ficción que la autoridad del profesor no valga nada», afirma Jesús Rodríguez, que reclama «un poco de sentido común» a la hora de educar. Reconocen que los padres tienen una difícil tarea, pero no es óbice para criticar el papel educativo que desarrollan muchos de ellos. «Habría que pedir un carnet para tener niños», ironiza Guillermo Simón, que reprocha la actitud de muchas familias que, en lugar de instruir a sus hijos, utilicen consolas o la televisión para entretenerlos. María del Mar Calzón admite que compaginar la vida profesional con la conciliación familiar es «complicado» y lamenta que hoy en día muchos padres «ya no juegan con sus hijos» como se hacía antes. «El problema es la falta de tiempo», señala.

Menos crispación

«El país pasó de gris al multicolor. Somos testigos de un progreso que no se veía desde el siglo XV», resume José Ángel Hevia. Es incuestionable, coinciden, todos los avances que se disfrutan en el presente. Sin embargo, no obvian que nuestra sociedad tiene problemas. «Falta tranquilidad y sobra crispación», apostilla la abogada María del Mar Calzón. Censuran la «continua» bronca política en la que está sumida el país que, según explican, deriva en un «enfado» contante de la gente. «Hay un exceso de mala leche», suscribe Hevia, que pide el final de la «guerra de sexos» en la sociedad moderna.

Guillermo Simón y María Avello coinciden al señalar a la educación como un objetivo a mejorar en los próximos años. El pintor esgrime los datos del informe Pisa para abordar las debilidades del sistema «que está lejos de lo que debería ser». «Falta consenso», apunta Avello, sorprendida de que durante años «se haya dado vueltas sin solucionar el problema». Dar una respuesta, coinciden, pasa indiscutiblemente por un pacto político. «Es necesario que haya acuerdos en los temas principales. Así lo demanda nuestra sociedad», reitera Simón.

María Avello lamenta que una parte del espectro político «no quiera ceder en casi nada». Atribuye esta actitud obstruccionista al temor que representa «perder el poder que tienen». Monchu no se olvida de una preocupación que está en boca de todos. «Hay que hacer algo con el cambio climático. No se está dando la importancia que tiene», reflexiona.

Jesús Rodríguez plantea el debate más allá de un tema puntual. Considera que, al margen de divergencias o conflictos concretos, las respuestas están «en nuestra propia cultura, en nuestra forma de ser». Si bien, no piensa que sea necesario «importar» modelos de otros países, cree que una mayor paz social «ayudaría mucho» a seguir creciendo como país al igual que lo ha hecho a lo largo de los últimos 40 años que ellos han vivido en primera persona.

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