Hasta el día de las elecciones se harán cábalas sobre la respuesta de los asturianos hacia Gabino de Lorenzo. La atención se centra especialmente en Gijón y Avilés, ciudades con las que ha sido beligerante el alcalde de Oviedo. Mantengo la tesis de que el PP recibirá los mismos votos en las elecciones generales con Gabino de Lorenzo de cabeza de lista que sin llevar a Gabino en la candidatura. Lo que se dilucida en las urnas, en esta ocasión, es el color del próximo Gobierno de España, así que la inclusión del populista alcalde capitalino es una cuestión completamente secundaria. Si Gabino se lanza a la piscina es que ha comprobado, previamente, que hay agua. Otro asunto sería si estuviéramos ante unas elecciones autonómicas. Ahí sí que la controvertida trayectoria del alcalde de Oviedo le haría perder votos en Gijón y Avilés.
El problema de Gabino de Lorenzo para representar a toda Asturias no está en ser alcalde de Oviedo. Se puede, perfectamente, ser alcalde de la capital y saltar luego al Principado. Ahí tenemos el caso de Areces, que tras doce años de regidor gijonés pasó a ser presidente regional. El obstáculo está en el discurso utilizado durante años contra los intereses de otras ciudades. O mejor, el problema está en seguir compaginando el discurso de los privilegios locales con la defensa de los intereses regionales. Habrá que esperar algún tiempo para comprobar todo ello, porque, repito, en esta cita electoral no está en juego el tirón político de Gabino en Asturias, sino lo que piensan los asturianos del Gobierno de España.





