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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 26 mayo 2012

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EXPOSICIÓN DE PELAYO ORTEGA
Pretérito perfecto
Pelayo Ortega regresa en Gijón a los años 90 en una retrospectiva que acaba en 2003 y tras la que inaugurará exposición en Mónaco. Pelayo Ortega regresa en Gijón a los años 90 en una retrospectiva que acaba en 2003 y tras la que inaugurará exposición en Mónaca

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SELECCIÓN. Óleo sobre lienzo titulado 'Enigma' y fechado en el año 2002.
Un enorme homenaje a los poetas celtas depositarios de las tradiciones, el arte y la cultura, que es al fin y por eso un recuerdo a Carantoña en quien el pintor pensaba mientras pintaba, abre la próxima exposición de Pelayo Ortega en Gijón. 'El Bardo', un cuadro de los últimos noventa (1997), es la pieza que más atrás mira en el tiempo de cuantas el creador y su galerista han seleccionado para su nueva cita en Cornión. Abrirá sus puertas el 29 de este mes, justo al término del inminente encuentro de Ortega con Arco, hacia donde ya han partido desde su estudio sus piezas más recientes para ser colgadas en el pabellón de la galería Marlborough. Con esta firma internacional tiene también compromiso inmediatamente después de Gijón. Esta vez en Mónaco, pero eso será a partir del seis de marzo y también con obra nueva, entre la que destaca un delicado autorretrato, el primero que el pintor admite desde el título.

Pero nada tiene que ver ni la muestra madrileña ni la monegasca con ésta más íntima de Cornión, en la que Pelayo se reencuentra con su «etapa más tranquila», como dice Amador Fernández, propietario de la única sala de arte que permite al creador de Gijón nacido en Mieres romper la exclusividad que tiene con quien desde hace diez años lleva su obra por medio mundo.

Estarán en esta exposición limitada por los años 1997 y 2003 todas sus materias, las que saltan con energía plena a los puntos de máxima tensión del cuadro y las que habitan debajo del horizonte de sus colores, en sus iconos, en su paz y en la riqueza de su inevitablemente fingida sencillez.

Estarán sus hombres consumiendo el tiempo y reinventando el espacio con humo de pipa, las sillas sin personaje, pero con todo el peso de su pensamiento. La lluvia impenitente, en estas pinturas siempre de primavera; las escaleras, algo obnubiladas a veces, sin posibilidades de ascensión en uno de sus cuadros 'Taller'. Y, por supuesto, estará la música. El ritmo que guía todas sus pinturas, como la poesía con las que se emparenta y el propio sonido de los instrumentos, invisibles, pero eficaces siempre. En 'Quinteto', por ejemplo, una composición de sillas de nuevo solitarias, que vibran como ocupadas por el espíritu de cinco músicos, que lanzan colores de notas en el aire, la amistad del pintor con el blues, el jazz y las sinfonías de los clásicos es más que evidente. Será, por tanto, esta retrospectiva de Pelayo Ortega, a la que acompañará un libro-catálogo con más pinturas en papel que telas colgarán en la galería, un encuentro consigo mismo.

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