
Todo un orgullo para la directora del centro de mayores, María González, quien destacó que los juguetes solidarios «nacieron a raíz de la puesta en marcha de un proyecto de la Consejería de Bienestar Social para potenciar el voluntariado en los centros de mayores». La fabricación de los juguetes se inicia en el taller de carpintería, formado por tres jubilados -un trabajador de la minería, un mecánico y un camarero-. Tras realizar la estructura, treinta mujeres del taller de costura y pintura se encargan de terminar el trabajo, digno de los mejores artesanos jugueteros.
Quizás esta ilusión también se deba a que muchos de estos mayores no pudieron disfrutar de juguetes cuando eran niños, con lo que se sienten muy reflejados con los pequeños del tercer mundo, «con lo que todavía nos da más satisfacción saber que esos niños, que no tienen apenas nada, podrán jugar con lo que nosotros hacemos con tanto cariño», afirmó uno de los mayores.
Además de la consejería, en esta iniciativa también colabora la ONG Médicos Mundi. Una de sus cooperantes visitó también a los pensionistas de Mieres para mostrarles a través de un video el recorrido que hacen sus juguetes para llegar a los pequeños. Esta representante de la ONG destacó que «trabajamos con pequeños afectados por malnutrición, ayudándoles para que crezcan con una dieta equilibrada. Y estos juguetes ayudan mucho con nuestra labor solidaria».
También participa en esta iniciativa la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo, cuyo director, Jacinto Braña, respaldó la labor de estos mayores, «como ejemplo para el resto de la sociedad de lo que pueden hacer».
Imagen positiva
Pilar Rodríguez, por su parte, destacó que estos juguetes solidarios «proyecta una imagen muy positiva de lo que las personas mayores pueden hacer, que demuestra su utilidad pública». Asimismo, la consejera reconoció que se había quedado «impactada», cuando vio la montaña de juguetes que había realizado los mayores de Mieres.
Pero el trabajo solidario no se acaba aquí, sino que continúa. Estos mayores de Mieres saben que hay millones de niños en todo el mundo que no pueden tener acceso a un juguete y, aunque no puedan llegar a todos, sí pueden utilizarse con un ejemplo a seguir por otros grupos de mayores del resto de la región.





