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Un reformista que amaba la ley
Manuel Álvarez Buylla ha rescatado la tesis doctoral de Melquiades Álvarez, su bisabuelo, «una joya que se creía perdida» en la que se aboga por la educación
03.03.08 -

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Un reformista que amaba la ley
EN MADRID. Manuel Álvarez Buylla presentó la tesis de su bisabuelo en la academia de la que él fue miembro. /FOTOPRENSA
Nacido en Gijón, en 1864, y fallecido -asesinado- en Madrid, en 1936, Melquiades Álvarez es una figura que ha pasado a la historia fundamentalmente por su biografía política. Compartió el republicanismo de Nicolás Salmerón, antes de fundar el Partido Reformista, en 1912, al que se adscribieron personalidades de la talla de Manuel Azaña o José Ortega y Gasset. Entre sus responsabilidades en ese campo, estuvo la de presidente del Congreso de los Diputados. Por lo que se hace honor a su trayectoria, honrando ese tránsito por el hemisferio político, donde ejerció la moderación y una excelentísima oratoria parlamentaria.

Pero lo que ahora se rescata del conjunto de sus amplias actividades, de la mano de su biznieto Manuel Álvarez Buylla (Madrid, 1972) -a quien han acompañado en la investigación José Antonio García y Miguel Ángel Villanueva, junto a la colaboración de la Fundación Fernando de los Ríos- es la tesis doctoral que don Melquiades leyó al concluir sus estudios de Derecho. Es decir, en palabras de Álvarez Buylla, «su faceta de juriconsulto, que es la más olvidada por los biógrafos».

Y no es en vano, ni por su trascendencia, ni por aquello que relaciona en Melquiades Álvarez los aspectos del derecho y de la política. En ese sentido, Manuel Álvarez Buylla también rescata las últimas frases que pronunció en un acto público el prócer asturiano: «Vosotros que me escucháis, tenéis el deber de luchar por el Derecho. Luchando por el Derecho, lucháis por la paz, por el progreso y por la prosperidad de España».

Quiere decirse que Melquiades Álvarez abordó en todo momento su compromiso político desde el estricto respeto a la ley, acaso en unos tiempos en los que resultaba difícil mantener ese equilibrio. Álvarez Buylla expuso precisamente en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, en Madrid, el camino emprendido para recuperar esa tesis doctoral, «una joya que se creía perdida o destruida». El punto de partida fue la Fundación Fernando de los Ríos -a cuyo mentor defendió en juicio penal Melquiades Álvarez, por desacato al dictador Primo de Rivera-. En el segundo paso acudió a la Unidad Bibliográfica y Documental de Tesis Doctorales de la Universidad Complutense (dando por supuesto el hecho de que en la época de don Melquiades, las tesis doctorales sólo se leían en la Universidad Central). En un primer momento, resultó infructuosa la exploración. Sería la agudeza de Villanueva quien advirtiera que tal vez los archivos no hubieran recogido los apellidos del doctorando en el orden correspondiente. Y así se constató. Se había antepuesto el segundo apellido -González-Posada- al primero.

«Noventa y siete cuartillas amarillentas, con grapas redondas de cobre, y el único texto manuscrito que se conserva de Melquiades Álvarez», explicó Álvarez Buylla, un procurador nacido en Madrid pero de corazón asturiano. «Allí estaba desde 1886». Un tesoro.

El hallazgo se produjo en 2002, aunque por esos imponderables que a veces se producen alrededor de ciertas iniciativas, no llegó a publicarse hasta 2007, siendo la Universidad de Oviedo un aval definitivo, como no podría ser de otra manera, pues el ilustre tesinando fue catedrático de Derecho Romano en la docta casa, sustituyendo en la docencia a Leopoldo Alas 'Clarín'.

La exposición de Álvarez Buylla sirvió asimismo para realizar una evocación del perfil humano de don Melquiades, «nacido en una familia humilde, de apariencia frágil y menuda, que fortaleció su abuelo materno».

A la modestia del hogar, se sumó la desgracia de «la muerte de su padre, cuando tenía catorce años, lo que ahondó la crisis económica familiar».

Entre lo anecdótico y lo significativo, Manuel Álvarez Buylla rememora la época en la que siendo adolescente, Melquiades Álvarez, un muchacho gijonés corriente, como tantos otros, se zambullía en el agua a la altura del Rompeolas «para obtener algunas monedas de los turistas». En esas estaba cuando un alma generosa se hizo su protector y decidió subvencionarle los estudios.

En el apaño, hubo de esmerarse por igual su madre, que abrió una casa para estudiantes, mientras Melquiades impartía clases «por precios misérrimos» al tiempo que finalizaba de modo brillante sus estudios. De su talante, se recupera que «imponía su mirada, llegando a perturbar a algún magistrado del Tribunal Supremo».

La tesis doctoral se remite a los postulados de Krausse y sitúa «como piedra angular, la educación, cuando había un 80% de analfabetismo». Y en línea transversal se defiende «la independencia del poder judicial», un tema estricto de nuestros días. Así como su actitud, «no siendo creyente, del respeto a lo religioso como freno poderoso a nuestros extravíos». Azaña, que fue su discípulo, se dolió gravemente cuando lo asesinaron en el periodo de Gobierno del Frente Popular.

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