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Cultura

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Conjuro por la zarzuela
El tenor José Bros llega al Campoamor con 'La bruja', obra de Ruperto Chapí revisada por Luis Olmos para seducir a los profanos del género
04.03.08 -

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Conjuro por la zarzuela
EQUIPO. De derecha a izquierda: Albert Montserrat, Francisco Santiago, Fuensanta Morales, Julio Morales, Marta Moreno, Susana Cordón, Luis Olmos y José Pérez, posan ante el fotógrafo. / M. ROJAS
Brujería es que un sueño siga haciendo soñar, cien años después de aparecérsele a uno de esos hombres que pasan tanta hambre en la juventud como gloria en la madurez. Así le ocurrió a Ruperto Chapí, el celebrado autor de 'La Revoltosa', quien en 1887, fabuló la historia de una bellísima mujer atrapada en el cuerpo de una bruja. Desde aquel año, cientos de personas han ido pasando el testigo, confabulándose para darle carne y canto a aquel sueño, formando así una cadena humana que ahora aterriza por tercera vez en Asturias con unos embajadores de lujo: el omnipresente tenor José Bros y la prometedora Ana Ibarra, que llegan al Teatro Campoamor bajo la dirección de Luis Olmos en la escena y José Pérez Sierra a cargo de la música.

Ambos cantantes abrirán hoy las cuatro sesiones en las que se paseará la zarzuela 'La bruja', representaciones en las que les darán el relevo Albert Monyserrat y Carmen Serrano. El resultado, «con estas personas, es que la obra crece y crece y se convierte en una de las más interesantes que se pueden escuchar», describía ayer su director de escena, Luis Olmos, quien entiende que ésta, la primera zarzuela que dirigió en su larga trayectoria, es «una de las que crean afición, accesible a todos los públicos, incluso a los niños».

Las cosas han cambiado mucho desde que Ruperto Chapí ideara la más larga de sus zarzuelas. Hoy el público y las exigencias son otras, y 'La bruja', para seguir seduciendo, ha tenido que adaptar su belleza: «Luis Olmos le ha puesto mayor claridad y concisión a un texto que entonces, no se cómo, se aguantaba durante cinco horas, con diálogos que no van a ninguna parte», juzga el joven director musical José Pérez Sierra, quien a sus 25 años repite con Olmos y Chapí en Oviedo, donde ya enseñara sus dotes con 'El rey que rabió'.

No se ha caído del texto escrito en castellano por Miguel Ramos Carrión y Vital Aza la célebre «No extrañéis, no, que se escapen», una jota sentida, que aparece en el momento en el que el protagonista resuelve que, si quiere ganarse ese sueño que tiene forma de bruja, habrá de partir de su hogar familiar y jugarse la vida en lejanas batallas. La pieza, de una nostalgia sazonada con esperanza, fue paseada por los escenarios de medio mundo por voces del calibre de Alfredo Kraus antes de que suene en el Campoamor hasta el próximo sábado.

La canción da una pista de por dónde van los guiños en una obra que Chapí ideó tras regresar a España y encontrarse, después de años de apostar y asumir penalidades y hambres, con que «de la ópera es difícil vivir», tal como rememora José Pérez. Lo que podría suponer un reto para el hijo de un humilde barbero valenciano que tanto creía en la necesidad de mejorar su formación que renunció a puestos estables para seguir estudiando en Italia, resultó una manera fecunda de orientar su talento.

«Es un momento en el que el Teatro Real era de Rossini, Verdi, un gueto italiano», rememora José Pérez a la hora de presentar la que considera «la obra de un Chapi en estado de gracia». Aunque el autor haya escrito más de 150 zarzuelas, 'La Bruja' marca un momento especial «porque, a partir de ella, en vez de evolucionar, Chapí empieza a involucionar y a hacer zarzuelas que funcionan bien de público», juzga el director musical de una obra que, con el tiempo, el propio Chapí «intentó convertirla en ópera para poder exportarla, pero encontró que tenía demasiados diálogos».

En la versión que llega a Oviedo con el empuje que le da ser producida por el Teatro de la Zarzuela, «la gente sabe desde el primer momento por dónde van las cosas», tal como expone su autor teatral, Luis Olmos. Y las cosas van de un pueblo pamplonica, a finales del siglo XVII, época sin televisión donde las gentes se reunían en la casa más amplia para contarse historias y compartir tareas. Ahí es donde arranca la historia de Leonardo, un muchacho obsesionado con la mujer que soñó un día bañándose en el río y que resulta estar bajo un hechizo cruel que la tendrá como bruja de gran edad a menos que Leonardo combata en la guerra y salga victorioso gracias al empuje de su amor.

Los tres actos van explicando como el sueño lleva a Leonardo al amor, y el amor a la cruenta batalla, todo con tal de seguir un fin que le obligará a hacer frente a la Santa Inquisición, la guardiana de que no se realicen amores fuera de la ley en los tiempos de, paradojas de la vida, Carlos II 'El hechizado'.

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