
«El debate no fue debate», lamenta Julio Bobes, que vio «una fotocopia el pasado lunes respecto al primer duelo. «Temas idénticos y bofetadas en el mismo sitio», apunta el catedrático de Psiquiatría. Difiere de esta visión Ramón Durán. El decano de Derecho de la Universidad de Oviedo observó un enfrentamiento «más bronco» en el que Zapatero, a su juicio, «aprovechó mejor el centro», aunque reseñó el número de interrupciones realizadas por el candidato socialista.
Más agresividad
Precisamente Zapatero abandonó su habitual talante para contrarrestar la agresividad de la que Rajoy había hecho gala en el primer duelo, según afirma Alberto Hidalgo. Desde su punto de vista, el aspirante popular preparó mejor el combate dialéctico que su rival y así, se explica, que tuviera «más recursos» para hacer frente a las cuestiones que «seguro» iban a aflorar durante el debate.
Bobes no dudó en criticar el uso que Zapatero hizo del libro blanco. «No hay pruebas de que ese documento acredite la verdad», asegura. Por el contrario, considera que sería bueno y razonable que los ciudadanos pudieran acceder a los datos verídicos «para constatar lo que hizo durante sus cuatro años de gobierno». Durán, por su parte, acusa a Zapatero de «menospreciar» con algunas expresiones a un rival que, a su juicio, fue de «menos a más».
Los sondeos que siguieron al debate carecen de una validez real. «Es una estadística trucada», asegura el decano de Derecho, que recuerda cómo Zapatero aglutina los votos de la izquierda donde está incluido una parte del electorado que luego no le va a votar.
Tanto Bobes como Hidalgo condicionan, en muchos casos, el resultado de las encuestas a la selección de las muestras como a la «dirección que se pretenda dar» a los resultados.





