Los nacionaliegos creen que el empeño de unos y otros por conservar esa vieja estructura, en pésimo estado de conservación, «o esconde la pobreza del nuevo proyecto o se trata de un nuevo engaño electoral», aseguran. «No podemos entender la necesidad de los usos reservados para esa vieja estructura al tratarse de unos servicios que en teoría deben quedar resueltos con la nueva infraestructura que nos vendieron en época electoral», afirman en un comunicado.
El puente prometido contará con una amplia plataforma para disponer de aceras más grandes, carril bici, bancos y el correspondiente vial para el tráfico rodado. Es decir, si el nuevo puente tiene esas características, «carece de sentido conservar el viejo», dice Andecha Astur.
La formación extramunicipal entiende que la convivencia de dos puentes puede ser incluso dañina para la ría, porque la acumulación de pilastras facilitará el depósito de sedimentos en la dársena portuaria, «oscureciendo el futuro de los marineros riosellanos». Un sector que lleva años reclamando el regular dragado del puerto, «desatendido demasiado tiempo por parte de sus responsables, no sólo ya para poder trabajar, sino para poder hacerlo con seguridad en sus maniobras de entrada y salida a la ría». La formación extraparlamentaria reconoce el esfuerzo de este colectivo para adaptarse a los nuevos tiempos, «un esfuerzo que no es correspondido por parte de quienes están obligados a mantener este puerto y sus instalaciones», concluyen.





