
Prados de la Fuente
La Florida
Pero no todas las aguas sirven para los mismos fines. Alejandro Rodríguez, fisioterapeuta de la clínica Ovimed y especialista en Hidroterapia Termal y Balneoterapia, conoce las diferencias. La balneoterapia permite la curación gracias a las propiedades mineromedicionales. El agua del mar, con la que se trabaja en los centros de talasoterapia, también tiene las suyas. No así la el 'spa', que no es más que agua corriente. Con ésta, sólo queda variar las propiedades físicas del agua como la temperatura o la fuerza.
Según los datos de Ipsos, el 55% de las personas que acuden a algún centro de hidroterapia desconoce la diferencia entre un balneario, un spa y un centro termal, y un 9% más osado afirma que son todos lo mismo. Entre los aficionados a las aguas, el 84% las toma por relax, el 12% por salud y el 4% por estética.
Existe desconocimiento entre los usuarios y picaresca entre algunos empresarios con el tema de los 'spas'. «Aunque traten de vender el tema terapéutico, es más lúdico o relajante», asegura Rodríguez. Como los baños de barro y lodo, que «no dejan de ser calor local para un efecto relajante» , explica.
De lo que no cabe duda, es de su 'boom'. «Es cierto que es una moda, pero debería ser continuista. No deja de ser una terapia estupenda, no invasiva y relajante», dice Rodríguez. Advierte, eso sí, de los peligros. «Los tratamientos deben ser personalizados . Debería haber una personal que recomendase los minutos apropiados, algo que los gimnasios no suelen tener», aconseja.
El origen del nombre
Para buscar el origen del 'spa', hay que remontarse a la época romana, cuando los centros de agua se bautizaban como termas. Eran públicas y se escondían bajo estructuras arquitectónicas que aún hoy despiertan el asombro de turistas. 'Hamman' es el vocablo asignado en Al Andalus para estos baños.
Para encontrarnos con el término 'spa' ('salutem per acqua'), hay que esperar hasta el XVI. Las siglas esconden el nombre de una ciudad belga, famosa por la calidad y eficacia curativa de sus manantielas. Las visitas del zar Pedro El Grande y Enrique de Prusia le dieron tan meritoria reputación. Lo que no sabían sus defensores es que acabarían bautizando a centros de aguas potables en vez de a cascadas de aguas termales.





