Haciéndose eco de la tradición franciscana, desde tiempo inmemorial, los franciscanos de Avilés tomaron parte activa en la representación de los misterios que en estos días rememoramos. Debemos aclarar aquí una cuestión importante: ¿quienes son los franciscanos de Avilés?, ¿sólo los frailes franciscanos? La respuesta es no.
Los franciscanos somos todos los hijos de las tres órdenes que fundó Francisco: frailes menores, clarisas y los franciscanos seglares (antes llamados terciarios). Tan franciscano es el religioso como el seglar, por eso, el franciscanismo avilesino es un fenómeno que no se limita o circunscribe a las paredes del convento. Es una realidad histórica en la que participamos las dos fraternidades franciscanas presentes en la villa de Avilés desde el siglo XIII: la comunidad de hermanos menores y la fraternidad de franciscanos seglares o Tercera Orden Franciscana. En un editorial simpático y audaz de LA VOZ DE AVILÉS publicado en 1955 en vísperas de la primera procesión de la Borriquilla, Juan González Wes explicaba qué es la Tercera Orden Franciscana Seglar:
«Religión, conforme a los Mandamientos de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, puesta en práctica en el hogar, en la calle, en las conversaciones, en las expresiones contractuales, en la actividad política, en los derechos, en las obligaciones. Vivir a gusto y conforme, sin tener en consideración los inconvenientes de la adversidad, compañera más fiel del hombre, que los bienes de la fortuna. Y superar todas las flaquezas, pidiendo perdón por las del mundo y la carne, a nuestro espíritu, que no es nuestro, sino de Dios, a quien los hombres rinden estrecha cuenta. Esta es la Venerable Orden Tercera, que por el hábito de la Penitencia, intenta la perfección. La vida cristiana. La paz».





