
El paso, de grandes proporciones, con una altura que supera los tres metros, es un grupo escultórico obra de los famosos artistas compostelanos Rodríguez y Puente. Lo forman peana y siete figuras de tamaño natural, todas ellas talla de madera de castaño policromada y decorada en oro, al estilo clásico español.
Componen el paso: Jesús bendiciendo al pueblo sobre una pequeña borriquilla, que le da su nombre popular, dos apóstoles a ambos lados del maestro, representativos de San Pedro y San Juan, dos niños que escoltan el paso de Jesús y su peana con los escudos de la Orden Franciscana grabados en sus dos costados.
Su adquisición se debió a la iniciativa de un guardián joven y entusiasta, fray Francisco Gómez Carral, y a la labor incansable de las hermanas terciarias Isabel de Uhagón de Llanoponte, Ministra de la Orden Tercera de Avilés durante más de medio siglo, y a María Antonia Blanco, Secretaria de la Fraternidad. Estas hermanas fueron quienes recaudaron la mayor parte del dinero que se invirtió en la adquisición del Paso: 70.000 pesetas pagadas al taller, más 30.000 pesetas de gastos adicionales.
La gesta de esta enorme empresa para aquella pequeña fraternidad de Terciarios se inició el 28 de octubre de 1954. Fray Francisco Gómez convocó a la directiva de la Orden Tercera de Avilés, para proponer la adquisición de un paso de Jesús entrando en Jerusalén, costeado por todos los Terciarios y simpatizantes, que pudiese figurar en la Semana Santa del año 1955. La proposición fue aceptada por unanimidad y con entusiasmo por los presentes.
El hermano ministro, Manuel Llames, y vice-ministro, Jesús Fernández Cedrón, se encargaron de pedir autorización al párroco, Ramón García González, quien ofreció toda clase de facilidades para que la Tercera Orden figurase en la Semana Santa.
El presupuesto
Para la adquisición del paso, fray Francisco Gómez se puso en comunicación con varios imagineros de Santiago, pidiendo precios y preguntando si podrían adquirir compromiso de entregarlo terminado antes del domingo de Ramos, 3 de abril de 1955. El presupuesto de los imagineros compostelanos sería de 50.000 pesetas por la «labor bien presentada», y de 70.000 pesetas por una ejecución «mucho más bonita y con otros detalles que realzarían más la obra».
La Tercera Orden aceptó el presupuesto de 70.000 pesetas, comisionando a las hermanas María Antonia Blanco y Salvadora Bernardo para visitar a los escultores y formalizar el contrato.
Para poder reunir las 70.000 pesetas se acordó imprimir unos 'saludas' que la Secretaría cubrió a nombre de todos los Terciarios y personas destacadas de la villa. Se enviaron a domicilio pasando a recibir las contestaciones al cabo de ocho días.
Para esta labor nada agradable de pedir puerta por puerta, se formaron dos comisiones integradas por las hermanas Isabel Uhagón y María Antonia Blanco, y Eugenia Muñiz y Victoria Morís. Gracias a su labor, se recaudó y se pudo pagar la mitad del coste del Paso a los imagineros. Para financiar el resto de la deuda con el taller compostelano no quedó más remedio que acudir a un crédito bancario, que no se amortizará hasta después del verano de 1956 y después de que la comunidad franciscana agudizase el ingenio.
Los niños, protagonistas
La procesión de la borriquilla desde su origen en 1955 nunca mostró un carácter penitencial. Lejos de eso, la procesión de Ramos transmitía la alegría, la luz y el esplendor propios de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.
Como expresión de ello, en la procesión festiva y alegre de Ramos no participaban los penitentes vestidos con capuchón. Las filas las integraban los niños heraldos franciscanos y los hermanos terciarios, todos con palmas en sus manos, y vestidos con su hábito franciscano o con su cordón y escapulario.
A la procesión, como no podría ser menos, se invitaba a los niños de todos los colegios de la villa y alrededores, además de las autoridades eclesiásticas y civiles que acostumbraban acudir 'bajo mazas', y a todo el pueblo de la villa que con toda fidelidad nunca faltó a la cita.
Fue el Padre Guardián quien propuso la idea que en la procesión se encarnasen en las niñas y niños de Avilés otras figuras y personajes de la vida de Jesús. De las telas, corte y confección de los vestidos de los niños, se ocuparon las propias Terciarias.
El primer año, debido a la premura de la fechas, desfilaron como apóstoles cuatro niños Heraldos (jóvenes Franciscanos): Antonio Sauras Llano-Ponte, Salvador y Ángel Suárez Fernández del Viso y Luis-Jesús Riego Blanco. A partir del 1956 sí se pudo contemplar todo el grupo completo de apóstoles, ángeles y personajes de la vida de Jesús. Durante los primeros años de la procesión, la fraternidad Franciscana contrató la Banda Municipal de Música de Avilés. A partir de 1968 se decidió no contratar la banda debido a los problemas financieros de la fraternidad y en su lugar contratar la banda de trompetas y tambores de la OJE de Avilés.
Primera Procesión
El Viernes de Dolores, 1 de abril de 1955, un camión de la agencia Montaña de Lugo trasladó a Avilés el paso desde Santiago de Compostela. Lo entregó el propio escultor acompañado de sus hijos, quienes aprovecharon la ocasión para conocer Asturias.
El Domingo de Ramos, día 3 de abril de 1955, se bendijeron las Palmas en la misa de 10 y se expuso el paso en la capilla del Santo Cristo. Por la tarde, a las cinco y media dio comienzo la función con la iglesia repleta de gente. Se rezó la Corona Franciscana y luego subió al púlpito el Padre Guardián para predicar el sermón de Ramos.
A continuación comenzó a desfilar la procesión a la que acudió la mayor parte de las autoridades invitadas. El párroco de San Nicolás presidió la procesión con la capa pluvial. El desfile del artístico y bellísimo paso con apóstoles y unos ángeles que portaban las insignias de la Pasión fue apoteósico. Avilés en pleno salió a la calle. Las filas repletas de Terciarios y Heralditos con palmas en la mano ofrecían una vistosidad y belleza indescriptibles.
Para la primera procesión de 1955 fue imposible construir la carroza del paso debido a que éste no llegó a la villa apenas unas horas antes de la primera salida. Para 1956, era necesario adquirir una carroza, sin embargo, debido a los apuros y problemas financieros que atravesaba la Fraternidad se pensó inicialmente en adquirir sólo la plataforma, pidiendo prestadas las ruedas, ya que ese año por no tener aún liquidado el préstamo que se hizo para la adquisición del Paso era imposible conseguir el importe necesario para ambas cosas.
Finalmente, gracias a las gestiones de hicieron el Padre Guardián y Ramón Suárez Puerta, en la procesión de Ramos de 1956 se estrenó la carroza que 'gratis et amore' hizo la Junta de Obras del Puerto. En los últimos años de la década de los setenta, las dificultades para organizar la procesión pusieron entre la espada y la pared a la Tercera Orden Franciscana Seglar.
La decisión final de suspender la procesión se tomó el 26 de febrero de 1978 en la Junta de Hermanos Terciarios, de común acuerdo con la comunidad. Se acordó definitivamente no seguir organizando la procesión del domingo de Ramos debido a las dificultades que había para poder sacar el paso de la iglesia y a la falta de personas para transportarlo. Sin embargo, la historia de esta entrañable procesión no acabó aquí, desde el 5 de abril de 1998, gracias al interés y el entusiasmo desplegado por los hermanos de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza el Paso de la Tercera Orden vuelve a recorrer las calles en la Semana Santa Avilesina.





