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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Sociedad

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La pasión de ser cofrade
Cuatro miembros de cofradías asturianas cuentan su experiencia y su forma de sentir la Semana Santa durante las procesiones en las que participan estos días

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La pasión de ser cofrade
VESTUARIO. Jacinto Pidal, de la Santa Misericordia, se prueba su atuendo antes de salir ayer con el paso. / JOAQUÍN PAÑEDA
Para algunos, es la época en la que los 'peplum' (o películas de romanos) como 'Ben-Hur' y 'La caída del imperio romano', entre otros clásicos, inundan la pequeña pantalla. Otros, por su parte cambian el calificativo de santa por blanca, con los esquíes ya dispuestos en el maletero. Las maneras de entender estos días van desde las vacaciones hasta la voluntad y la fe, dos rasgos que en el fondo son los que dan identidad a la Semana Santa. Palabras como paso, cofradía o capirote acaparan el protagonismo de una tradición a base de historia, costumbre y religión que en Asturias, como revelan algunos de sus protagonistas, cada vez es más respetada y cumplida.

JAVIER ABELLO

Hermandad del Santo Entierro (Llanes)

«Sentí mucha emoción»

Si todo marcha según lo previsto, la Cofradía de la Hermandad del Santo Entierro celebrará «un hito» en lo que a su historia se refiere. Al menos, así lo ve Javier Abello, miembro de la cofradía llanisca. Y es que por primera vez «todos los pasos van a ser a hombros». Abello, que siempre había participado en la Semana Santa como uno más, entró de lleno en la cofrafía hace cinco años. «Desde entonces me lo tomo mucho más en serio y colaboro con intensidad en la organización», explica. Se trata de echar un cable para que la Semana Santa llanisca vaya cogiendo más fuerza. Algo que, cree, «hemos conseguido en estos dos últimos años».

Así, el pasado año fue el primero, en tres décadas, en el que el paso del cirineo salía a hombros por las calles de la capital llanisca. Dieciséis miembros del Bando de San Roque, él entre ellos, portaban la imagen del escultor Juan de Ávalos. «Es un esfuerzo enorme, una paliza, pero sentí mucha emoción -asegura- y la gente mayor nos felicitó porque no se lo esperaban después de tanto tiempo».

Eso sí, no conoce a nadie que haga penitencia. «Hombre, sí hay algunos que van descalzos o ayunan por una promesa, pero no pasa como en otros lugares que se dan latigazos», señala. Si se le pregunta por el momento más emotivo, Abello responde contundente: «La procesión del Santo Entierro. Es la que tiene la ceremonia más emotiva y querida, con el desenclave y el Cristo yacente que aporta mucho sentimiento». Administrativo de profesión, Abello no tiene problemas en comparar la Semana Santa llanisca con la de Oviedo: «Creo que tienen un punto en común y es que las dos están en pleno crecimiento y atraen cada vez a más gente».

PAULA CASTELLANOS

Cristo de Rivero y San Pedro Apóstol (Avilés)

«Ya tenía una amiga dentro»

Paula Castellanos Menéndez tiene 12 años y acaba de cumplir cuatro como cofrade del Santísimo Cristo de Rivero y San Pedro Apóstol, constituida en 1952 y una de las que cuenta con una media de edad de sus integrantes más baja en Avilés. «Hay un cofrade de cuatro años», apunta ella. Llegó a la cofradía «por una amiga», miembro de la hermandad. Según afirma, en su familia «siempre se ha vivido muy intensamente la Semana Santa», su padre es profesor de Religión y los ritos asociados a la Cuaresma se siguen cumpliendo con fervor. A ello se suma los lazos familiares con Rivero, lo que acabó por cerrar las motivaciones, cuando contaba con 8 años de edad, para ingresar en la Hermandad de San Pedro.

«Cuando llegué más o menos sabía cómo funcionaba, no me resultó nada nuevo, porque ya tenía amigas dentro», cuenta Paula. Básicamente, su actividad en la hermandad se centra en la preparación de la Semana Santa, los ensayos con la banda (toca el tambor) y otros preparativos. Ahora, esa actividad se podría ampliar a la participación de los integrantes de la banda en otras actividades, como la cabalgata de Reyes y el desfile de El Bollo.

Para esta joven cofrade, participar en la Semana Santa es algo que se prepara con emoción y que se vive religiosamente, y así espera continuar en los próximos años. «Hay gente con 65 años, así que no sé... pero mi idea es seguir en la cofradía», asegura mientras su madre Amparo, atenta a todo lo que dice, corrobora lo dicho por su hija antes de regresar, aún bajo la lluvia, a la capilla de San Pedro, en plena calle de Rivero, donde las imágenes del santo y el Cristo atado en la cruz se perdieron la procesión por la lluvia.

ALEJANDRA VELASCO

El Silencio y Padre Jesús Nazareno (Oviedo)

«Este año salgo en cinco procesiones»

Desde que seguía las procesiones en su sillita de niña, Alejandra Velasco Gómez quiere ser cofrade. Fue decisivo ver a su padre y a su hermana mayor procesionar enfundados en su aterciopelado traje. Pero, también influyó la extraña atracción que ejercía sobre ella la talla del Nazareno. «Me gustaba ver la imagen, era nueva, extraña», explica con una personalidad, un convencimiento y una fe que más parecen de un adulto que de una niña de 11 años. A los 4 ó 5, cumplió su deseo de ser hermana de Nuestro Padre Jesús Nazareno, en Oviedo. Hace tres comenzó a salir con la Cofradía del Silencio y la Santa Cruz, también de la capital. Pero no son las únicas con las que va en procesión. «Este año salgo en cinco», dice. No concibe irse fuera de vacaciones en Semana Santa, para ella, unas fechas repletas de compromisos que cumple con mucho gusto. El domingo salió en León con Jesús de la Redención, el martes con El Silencio en Oviedo, el miércoles con el Nazareno, mañana viernes con La Inmaculada en Santander y el domingo, con la organizada por la Junta de Hermandades en la capital. Aguanta el tirón porque, asegura, «me gusta mucho». «Durante todo el año tengo muchas ganas, porque siento algo especial, mucho respeto». Y no es sólo la devoción lo que la mueve. También hay fe. Y es que ella se confiesa una persona religiosa, que trata de cumplir los preceptos de la Iglesia y va a misa los domingos. Ayer fue el día más especial de todos. Desfiló con el Nazareno, en un lugar prominente: delante de la imagen con un ramo de flores. Este año, además, consiguieron convencer a su madre, que se unió a los otros tres miembros de la familia y «salió por primera vez». Y el papel de Alejandra no sólo consistió en figurar, también ayudó a la preparación de las flores del Cristo y vendió productos de la cofradía en una mesa. Si hace falta, y con los años, se implicará más en la labor social que realiza la cofradía. Lo que no baraja, de momento, es pasar a la banda. «Me gusta más verlos tocar», concluye.

JACINTO PIDAL

Hermandad de la Santa Misericordia (Gijón)

«Hay que querer sufrir un poquitín»

Playu de toda la vida -presume orgulloso de ser de Cimadevilla-, Jacinto Pidal se bautizó, hizo la primera comunión y se casó en la Iglesia de San Pedro. A sus 60 años, es el jefe de paso de la Hermandad de la Santa Misericordia. Entre la Semana Santa y las fiestas de Cimadevilla, dice que pronto cumplirá los cuarenta años como costalero. «Un poco de fe, voluntad y querer sufrir un poquitín» es lo que se precisa, según este verano cofrade, para cargar con el paso.

Desde que en 1995 se recuperó esta tradición por las calles gijonesas, Pidal nunca ha faltado a su cita con la cruz flordelisada de la Orden de Calatrava, emblema de la Misericordia con su color rojo sobre fondo blanco. «No ye muy difícil, hay que meter el hombro así», explica, mientras acompaña sus palabras de un gesto. «En realidad, no hay nada que aprender. El que quiera participar le decimos cómo hay que bailar el paso y cómo debe salir preparado», precisa.

En el caso de Jacinto, su misión es doble: como costalero y como jefe de paso. Debe estar «atento» a que se lleve el ritmo adecuado, mientras que carga con los kilos correspondientes, y es el encargado de dar la orden de «¿horquilla!», el instrumento con forma de gancho que se utiliza cuando el paso se detiene, aproximadamente «cada diez minutos». Además de la fe y la voluntad, el traje tampoco debe faltar.

Blanco, con botones negros, fajín negro y un 'verdugo' negro para cubrir la cabeza. Hasta el próximo domingo al mediodía -hora del encuentro-, Jacinto saldrá como cada Semana Santa para cumplir con la tradición. «Es algo especial. Perdono las vacaciones y lo que haga falta. Es una costumbre que cogí de crío y cuando llegan estos días es algo fabuloso cómo está la parroquia», confiesa, con sentimiento, al explicar cómo siente la Semana Santa.

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