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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 21 octubre 2014

Sociedad

polémica POR decidir sobre la vida PROPIA
La Iglesia rechaza la eutanasia porque Cristo murió dignamente, "sin cuidados paliativos"
El arzobispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián Aguilar, pone este ejemplo para justificar el absoluto rechazo de la Iglesia Católica a la decisión de terminar con la propia vida
22.03.08 - 10:07 -

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La Iglesia rechaza la eutanasia porque Cristo murió dignamente, "sin cuidados paliativos"
El arzobispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián Aguilar, leía ayer el "Sermón de las Siete Palabras" ante miles de personas congregadas en la Plaza Mayor de Valladolid. / EFE (Nacho Gallego)
El arzobispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián Aguilar, ha proclamado ayer la oposición de la Iglesia Católica a la eutanasia al defender que la muerte de Jesucristo en la cruz fue "absolutamente digna" a pesar de que "no tuvo cuidados paliativos".
Sebastián, encargado de pronunciar el tradicional "Sermón de las Siete Palabras" ante miles de personas congregadas en la plaza Mayor de Valladolid, ha catequizado sobre el modo en el que los cristianos deben enfrentarse a la muerte: "Jesucristo miró a la muerte cara a cara, con confianza, la aceptó con amor y la vivió descansando en los brazos del Padre Celestial".
"¿Alguien puede decir que la de Jesús no fue una muerte digna?", ha interpelado el arzobispo emérito, quien ha animado a los hombres a acercarse a Dios para "encontrar dignidad" con la que afrontar la muerte.
Ante siete de los pasos que muestran a Jesucristo crucificado, Sebastián ha descontado una a una las 'siete palabras', que recrean las últimas frases pronunciadas antes de morir en la cruz y que dan nombre a las tallas.
Sebastián ha pronunciado palabras referidas a la muerte digna en un elevado tono al trasladar al tiempo actual las palabras "Sed tengo", que el Cristianismo atribuye a Jesús en la cruz, y ha agregado que los cristianos españoles deben reflexionar sobre lo que están negando al Hijo de Dios en sus vidas cotidianas.
"¿Cómo no vas a tener sed ante una sociedad cada vez más olvidada de ti?, ¿cómo no vas a tener sed si muchas familias cristianas han perdido el recuerdo de tu vida, milagros y palabras?, ¿cómo no vas a tener sed ante miles de jóvenes bautizados para los que no representas nada?", ha preguntado el arzobispo emérito.
Se ha revelado también contra los "sabios falsos y pretenciosos" que defienden el laicismo porque, en su opinión, "no sabemos lo que hacemos cuando nos apartamos de Dios". "Somos muy poca cosa y nos equivocamos muchas veces", ha zanjado Sebastián, quien seguidamente ha proclamado el valor del perdón y la misericordia.
Sebastián ha hecho también un alegato a favor de la libertad en un mundo "no sólo plural sino confuso y contradictorio" en el que "unos saben ver lo bueno y otros sólo ven lo malo, para su desesperación", y ha avisado de los riesgos que entraña una "sociedad hierática e inhumana que nos quieren hacer ver".
"La fe cristiana no es enemiga de la convivencia", ha insistido el prelado antes de reclamar a los fieles que no tengan "miedo de nada ni de nadie" porque los miembros de la Iglesia Católica no necesitan "privilegios ni protecciones de nadie" al contar con Cristo como su "protector".
Ante Fernando Sebastián y una nutrida representación institucional, entre los que han figurado el alcalde de la ciudad, Javier León de la Riva, y miembros de hasta 17 embajadas, han desfilado, por este orden, los pasos "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen", "...Hoy estarás conmigo en el paraíso", "Mujer, he ahí tu hijo... hijo, he ahí tu madre", "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?", "Sed tengo", "Todo está consumado", y "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".
Como ya es tradicional el Sermón de las Siete Palabras se ha pronunciado en la Acera de San Francisco, en la Plaza Mayor, en el lugar donde tuvo su emplazamiento el convento del mismo nombre, siguiendo las costumbres de los siglos XVI y XVII.
El color negro de las telas colocadas en las fachadas ha ganado terreno al tradicional encarnado del ágora vallisoletana, cuyos ocupantes han sentido el frío de la mañana, aunque consolados por los rayos del sol que han presidido la celebración religiosa.

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