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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Asturias

EDUCACIÓN
¿Qué puede hacer la Universidad por la sociedad asturiana en materia de I+D+I?
07.04.08 - 11:54 -

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Solemos oír que, gracias a la I+D+i, la competitividad de las empresas mejora. No obstante, con frecuencia se omite que también afecta positivamente al nivel de vida de las comunidades humanas. La I+D+i permite disfrutar de nuevos productos y servicios y contribuye a aumentar la esperanza de vida de la población (así como su calidad). Incluso en ocasiones los debates acerca de la competitividad merman la relevancia de la I+D+i. Se olvida que un país que otorga escasa importancia a la I+D+i debe adquirir tecnología extranjera para producir. El problema derivado es que las tecnologías accesibles en el mercado también están a disposición de otras empresas, lo que significa que sirven para fabricar productos que el mercado sólo admite a un precio bajo, pues son múltiples los competidores dispuestos a vender el mismo u otro con características similares. En consecuencia, se presionan los costes de producción a la baja, lo cual se vincula a la mecanización de las fábricas y al diseño de puestos de trabajo de bajo contenido profesional (recuérdese que los sueldos se vinculan a estos, no a las cualificación del trabajador). A ello debe añadirse que los productos maduros son los principales responsables de las deslocalizaciones industriales. En definitiva, la escasa actividad en I+D+i en una región conduce a la merma de la competitividad de las empresas, al aumento del desempleo y al diseño de puestos de trabajo descualificados. Considérese, asimismo, que de esta situación se deriva un relevante desajuste en el mercado laboral, donde es posible que trabajadores muy cualificados ocupen puestos de trabajo descualificados, situación traducible en la insatisfacción de quien percibe que su formación se infravalora.
De todos modos, de la I+D+i se deriva un segundo tipo de consecuencias positivas para las comunidades. Por una parte, fortalece el conocimiento de las raíces de los pueblos, lo cual contribuye a que las personas se sientan parte de la comunidad en que viven y protagonistas de un destino en común. Gracias a ello, se fortalece el capital humano de las regiones, clave en su desarrollo socio-económico. Asimismo, la I+D+i ayuda a explicar el comportamiento humano, facilitando la captación de ese componente de resistencia y de imprevisibilidad desconcertante que ineludiblemente se vincula a la resolución de cualquier problema práctico.
A pesar de su relevancia, España en 2005 sólo gastó en I+D el 1,12% de su Producto Interior Bruto (10.100 millones de euros), mientras que la media de otros países de nuestro entorno es bastante más alta, si tomamos como ejemplos a Finlandia (3,45%), Alemania (2,46%) o Francia (2,14%). Dicho esto, la pregunta inmediata es: ¿qué podemos hacer desde la Universidad para fortalecer la I+D+i? Más en concreto, ¿cómo puede la Universidad de Oviedo compensar a la sociedad asturiana por el esfuerzo realizado con ella actuando en materia de I+D+i? Es esta una de las principales preocupaciones en que se inspira el programa que avala mi candidatura al Rectorado de la Universidad de Oviedo. En este contexto, presento, a continuación, las acciones prioritarias que, a este respecto, pondré en marcha en caso de que la comunidad universitaria me ofrezca su confianza. Tres son los componentes de I+D+i -investigación (I), desarrollo (D) e innovación (i) -. A su vez, la heterogeneidad del primero de ellos exige distinguir entre investigación básica e investigación aplicada. La investigación básica es responsabilidad exclusiva de las universidades y, en mucha menor medida, de algunos organismos públicos. El resto de componentes de la I+D+i se realizan principalmente en la empresa, si bien en el caso de la de la investigación aplicada compartiendo protagonismo con las universidades. De acuerdo con ello, presentaré mis propuestas, de forma razonada, distinguiendo dos bloques: a) las que afectan casi exclusivamente a la Universidad de Oviedo a través de la investigación básica, y b) las que se refieren al resto de los componentes, donde, si bien el papel protagonista no corresponde a la universidad, sus aportaciones pueden contribuir al fortalecimiento del sistema de I+D+i en su conjunto.
Comencemos, por lo tanto, por la investigación básica, cuyo objetivo es el descubrimiento de las pautas que permiten explicar el funcionamiento de la naturaleza y de las sociedades. Es un tipo de investigación que, además de ser costosa, no genera beneficios de forma directa. Sin embargo, su disponibilidad gratuita para el conjunto de la comunidad permite, cuando se analizan las sociedades y el comportamiento de las personas, fortalecer el capital humano, mientras que el conocimiento de la naturaleza es imprescindible para realizar con posterioridad investigación aplicada. En este contexto, las propuestas de mi programa de gobierno en investigación básica son las siguientes:
–Creación de un Oficina de Asuntos Europeos (I+D+i).
–Impulso especial a líneas de trabajo específicas para las áreas humanística, científica, tecnológica y jurídico-social.
–Dotación de fondo bibliográfico suficiente que garantice una investigación de calidad.
–Apuesta firme por los grupos de investigación ya consolidados.
–Ayuda a equipos de profesores jóvenes para que desarrollen líneas investigación de futuro.
–Elaboración de un Estatuto de los Becarios de Investigación.
–Optimizar los Servicios Científicos-Técnicos de Investigación.
–Asesoramiento en la redacción de proyectos de investigación.
–Reducción de la burocracia asociada a los proyectos de investigación.
Nos referiremos, a continuación, al segundo bloque de propuestas. La finalidad de la investigación aplicada es crear los prototipos que, más tarde, se convertirán en productos o servicios. Habitualmente la Oficina de Patentes y Marcas desempeña un papel fundamental en la protección del prototipo recién creado. Posteriormente, este prototipo debe transformarse en un ente fiable para el uso y factible de producir de forma eficiente, trabajo que aborda la empresa en su etapa de desarrollo (D). Para finalizar, la comercialización en el mercado de esta nueva tecnología es la innovación (i). El primer interrogante en este punto es: si el protagonista de estas etapas es la empresa, ¿qué puede hacer la universidad? Esta pregunta debe, por otra parte, contextualizarse. Dentro del sistema de I+D+i, suele afirmarse que la universidad española es el 'hermano rico', pues gestiona el 29% del gasto. Ello ha supuesto en los últimos años una mejora de sus resultados. Por poner sólo un ejemplo, el porcentaje de artículos publicados por investigadores españoles con relación al total de artículos publicados en todo el mundo pasó de 1,91 en 1992 al 2,9 en 2005. Sin embargo, en vez de considerar a la universidad el 'hermano rico', pueden interpretarse los datos anteriores como que el sistema de I+D+i está desequilibrado, dado el escaso protagonismo de las empresas. Este argumento se apoya en los siguientes datos: mientras en España las empresas gastaron en 2005 en este concepto un 0,61% de su PIB, en Finlandia esta cifra era del 2,47%, en Alemania del 1,71% y en Francia del 1,32%. De hecho, mientras que las empresas españolas gastaron durante el año 2005 en I+D+i 5.485 millones de euros, sólo la alemana DaimlerChrysler gastó en ese mismo año 5.649 millones de euros, si le sumamos lo 5.155 millones de Siemens, tenemos que dos empresas alemanas gastan en I+D+i el doble que el total de las empresas españolas. Esta es la principal razón de la dependencia española de la tecnología extranjera, a la que se hacía referencia al principio de este artículo. En mi opinión, la universidad tiene mucho que decir y que hacer para ayudar a las empresas a mejorar su situación. En concreto, si la Universidad de Oviedo me otorga su confianza serán prioridades de mi gobierno las siguientes:
–Conversión en habituales las reuniones informales universidad-empresa de carácter sectorial con el fin de descubrir las posibilidades de cooperación en materia de transferencia de tecnología.
–Potenciación de los proyectos concertados con empresas destinados a captar fondos de la Unión Europea.
–Dotación a la Oficina de Transferencia de Tecnología con ánimo de publicitar de forma eficaz qué puede hacer la Universidad, así como de poner en conocimiento de esta qué demandan empresas y sociedad.
–Apoyo a la Fundación de la Universidad de Oviedo como instrumento de diálogo con las empresas e instituciones.
–Creación de institutos tecnológicos conjuntos.
–Colaboración con los parques tecnológicos en la creación de spin-offs universitarios.
–Fomento de la contratación de profesionales como profesores a tiempo parcial, al tiempo que se impulsa la presencia en las empresas de investigadores universitarios que favorezcan la cooperación.
–Creación de organismos incubadores como instrumento de ayuda a nuestros investigadores.
–Apuesta decidida por las prácticas tuteladas a estudiantes con el fin de mejorar la empleabilidad de las titulaciones.
–Diseño para los profesores de incentivos creativos que favorezcan la creación y transferencia de tecnología.
–Potenciar la implantación de Master y títulos propios con un marcado carácter profesional.
El periodista Weisman nos recuerda que “nuestro cerebro, como las ondas de radio, sin duda debe seguir viajando constantemente; pero ¿hacia dónde?”. En parte, esa será la tarea de quien asuma el gobierno universitario. En el contexto en que nos encontramos en la actualidad, descrito de forma resumida en este artículo, es mi convicción profunda que las acciones propuestas pueden resultar muy eficaces.

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