
Los dos llegan a esta última etapa electoral después de haber dejado en el camino a otros dos candidatos, Antonio Cueto y Santos González, y de no haber conseguido entre todos ellos alcanzar la participación electoral de hace cuatro años. Si entonces fue de un 30,67%, el pasado martes se quedó en el 28,44%.
En lo único en que coincidieron ambas citas electorales fue en la implicación de cada sector universitario. Los profesores doctores siguen siendo los más participativos, con un 91,79% el martes frente al 93,99% de 2004, mientras que el menos interesado en votar continúa siendo el estudiantil. Si hace cuatro años se acercó a las urnas el 24,53% de los alumnos, hace una semana lo hizo solamente el 21,21%.
Ese factor abstencionista es, precisamente, el que han estado trabajando los dos candidatos para la jornada de hoy. Vicente Gotor, para conseguir superar el techo del 49,29% que alcanzó en la primera vuelta y que está demasiado cerca del 48,72% de hace cuatro años. Y Paz de Andrés, para sumar a su 22,56% no sólo los votos que se hubieran repartido los otros dos candidatos -un 19,43% Santos y un 8,72% Cueto-, sino los del más de 75% de los estudiantes que ni por sí mismos ni animados por otros se acercaron a las mesas electorales.
Votos cautivos
Lo que ha quedado meridianamente claro en esta segunda fase de la campaña electoral -continuación, por otra parte, de la primera- es que los votos de los profesores doctores están ya cautivos. Polarizados por convencimiento, amistad o proyección de futuro personal, están, en cualquier caso, decantados. Y cada una de sus papeletas vale el doble que la de un estudiante, merced a la ponderación del voto, mediante la cual la de un doctor vale el 53% de los sufragios emitidos, la de un no doctor el 12%, la de un alumno el 25% y la de un miembro del personal administrativo, un 10%.
Valen menos, pero son muchos, por lo que podría darse la hipotética situación de que quien aglutine mayor número de votos estudiantiles podría dar la vuelta al resultado, en el caso de De Andrés, o distanciarse ampliamente, en el de Gotor. De ahí que todos persigan el voto estudiantil.





